Redacción Animal Político · 5 de octubre de 2022
El presidente ha insistido que dentro de las fuerzas armadas solo son responsables de crímenes algunas “manzanas podridas”. No extraña el intento de proteger a los altos mandos, lo han hecho todos sus antecesores. Cuando algún caso alcanza notoriedad pública se inician investigaciones sobre los mandos más bajos con la lógica del caso aislado o de la “manzana podrida”, dejando los fenómenos y sistematicidad de la violencia a un lado. El argumento es simple, los altos mandos no sabían lo que ocurría por lo que no son responsables.
Sin embargo, por la naturaleza jerárquica y de rigidez vertical de las fuerzas armadas, es una obligación de los altos mandos estar al tanto de los crímenes que ocurran y hacer del conocimiento de las autoridades de procuración de justicia los hechos.
En los crímenes de lesa humanidad la responsabilidad militar queda claramente definida en el Estatuto de Roma que da sustento a la Corte Penal Internacional. En su Artículo 28 se establece: “El jefe militar o el que actúe efectivamente como jefe militar será penalmente responsable por los crímenes de la competencia de la Corte que hubieren sido cometidos por fuerzas bajo su mando y control efectivo, o su autoridad y control efectivo, según sea el caso, en razón de no haber ejercido un control apropiado sobre esas fuerzas cuando: i) Hubiere sabido o, en razón de las circunstancias del momento, hubiere debido saber que las fuerzas estaban cometiendo esos crímenes o se proponían cometerlos, y ii) No hubiere adoptado todas las medidas necesarias y razonables a su alcance para prevenir o reprimir su comisión o para poner el asunto en conocimiento de las autoridades competentes a los efectos de su investigación y enjuiciamiento”.
En el caso mexicano no se está ante crímenes aislados por parte de las fuerzas armadas y otros actores estatales y no estatales. Se perpetran de manera generalizada y sistemática como parte de una política, es decir crímenes de lesa humanidad. Si ya se ha aceptado que militares y marinos cometieron crímenes, no se puede pretender reducir la responsabilidad a la tropa y algunos mandos medios.
Los altos mandos militares no han tomado las medidas para prevenir los crímenes ni los sometieron a las autoridades competentes para buscar justicia. En lugar de ello su principal preocupación ha sido contrarrestar las acusaciones, proteger a altos mandos y rehabilitar la imagen pública de las fuerzas armadas.
Es decir, los más altos mandos de las fuerzas armadas de los últimos sexenios y el actual son responsables, al menos, por no haber hecho lo suficiente por detener los patrones sistemáticos o generalizados de los crímenes que sabían, o debían saber, estaban ocurriendo y posteriormente proceder a su ocultamiento en lugar de ponerlos en conocimiento de la PGR/FGR. Adicionalmente se debería investigar hasta qué nivel jerárquico son responsables por haberlos ordenado.
Ante la absoluta impunidad solo queda la alternativa de mecanismos extraordinarios de justicia como se ha hecho en otros países. De lo contrario, tarde o temprano, lo hará la Corte Penal Internacional.