Responsabilidad moral frente al cambio climático

blogeditor · 31 de agosto de 2022

Responsabilidad moral frente al cambio climático

Según el Sixth Assessment Report, desde 2011, y debido a un considerable aumento de los gases de efecto invernadero, hemos presenciado una serie de fenómenos meteorológicos cada vez más graves que nos han alertado sobre la emergencia ambiental que vivimos. Tal es el caso de inundaciones extremas, temperaturas muy altas y constantes, contingencia ambiental en áreas conurbadas, aumento en el nivel del mar, pérdida de los hielos perpetuos, incendios forestales y sequías más prolongadas, entre otros.

Dicho lo anterior, queremos recordar que ya desde 1998 el filósofo noruego Arne Naess, 1 en su libro The Shallow and the Deep Long Range Ecology Movement, afirmó la existencia de una situación de gravedad en las sociedades. Naess exhortaba a poner la atención en la ideología que se enfoca en la sobreproducción y consumo del ser humano, promovida como un camino a “la buena vida”. No se había reflexionado sobre la posibilidad de que esta ideología fuera una de las causas de las diversas catástrofes ambientales que estamos viviendo, además de la clara desmesura con la que el ser humano hace uso de la naturaleza. Así, Naess recalcó la importancia de enfocarse en las consecuencias de esta forma de vida con el fin de lograr una conciencia eco-política y poder acceder realmente a la “buena vida”. Enfatizó especialmente la importancia de las evidencias científicas en torno al deterioro ambiental, por lo que era más importante el cambio de nuestras prácticas a nivel individual, y, sobre todo, sostuvo que el cambio debe basarse en soluciones firmes para mitigar los daños.

Aunado a lo anterior, Naess es conocido por gestar y proponer el concepto del “Movimiento ecológico profundo”, 2 el cual busca rechazar completamente la imagen del “hombre-en-el-medioambiente” a favor de una representación relacional; es decir, reconoce y recalca que el ser humano ya no se debe visualizar a sí mismo como el centro de todas las cosas o como una especie superior. Asimismo, esta propuesta habla de un “igualitarismo biosférico por principio” que recalca la importancia de la existencia de un estatus ontológico de igualdad entre todos los seres vivos; a grandes rasgos, Naess menciona: “(…) el tener el mismo derecho para vivir y florecer es un axioma de valor intuitivamente claro y obvio”. 3

Todo lo anterior constituye uno de los tantos llamados de atención que existen desde 1998 y antes. La propuesta de Naess puede servir para analizar la importancia de atender e impulsar acciones inmediatas en donde se considere a todos los vivientes por igual. Lo más importante de la propuesta del ecologismo profundo es que, si se suscribe el asunto del cambio climático ante la visión de Naess, se deberá reconocer desde el primer momento la necesidad de un cambio ideológico sobre la consideración de lo que implica “una buena vida”, lo cual derivará en una toma de consciencia sobre lo que realmente debe ser valorado y lo que no.

Ahora bien, es cierto que en la actualidad el problema ha sido más notorio, aunque se sabe que el asunto del cambio climático se remonta a los años setenta, luego de que ciertas pruebas científicas demostraron que las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera habían aumentado considerablemente. Diferentes manifestaciones surgieron como respuesta y preocupación a tal situación, entre ellas la creación, en 1988, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés, Intergovernmental Panel on Climate Change), para brindar evaluaciones integrales basadas en fundamentos y evidencias científicas, con un enfoque neutro y objetivo.

Desde entonces, el grupo de expertos del IPCC se ha encargado de gestar seis diferentes reportes con toda la información pertinente para conocer a profundidad los efectos y acciones necesarias para ralentizar los efectos negativos que el cambio climático implica. En agosto de 2021 se publicó la primera fase del sexto informe, el cual demuestra que, debido a la actividad humana, actualmente la temperatura del planeta se ha elevado 1.1ºC. Asimismo, dicho informe predice que si no se toman cartas en el asunto, en 20 años habrá aumentado 1.5ºC, lo cual traerá catastróficas consecuencias, como fuertes olas de calor —lo que implica que las estaciones cálidas serán más largas y las frías más cortas, y a su vez esto afectará toda la biodiversidad—; presentación de lluvias intensas, inundaciones y sequías; el incremento en el nivel del mar en zonas costeras; el deshielo de los glaciares; entre muchas otras más.

En resumen, la primera parte del sexto informe nos explica los múltiples cambios que se podrán presentar debido al creciente aumento de la temperatura; no obstante, otro aspecto sobresaliente es la llamada de atención para estabilizar el cambio climático con una serie de acciones inmediatas, por lo que se propone retomar y reanalizar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que se han impulsado desde 2015 y dictan una serie de medidas para reducir las consecuencias del cambio climático, entre otras problemáticas (como el hambre y la desigualdad). Actualmente se espera la última fase de este informe, en donde se reportará sobre las acciones a tomar a largo plazo por las diferentes naciones involucradas.

Así, se puede interpretar que el sexto informe del IPCC es una de tantas muestras del esfuerzo que algunas organizaciones mundiales han llevado a cabo, tal como lo han hecho Arne Naess con su propuesta y las Naciones Unidas con la agenda 2030.

Lo cuestionable es que, aunque existen diversas llamadas de atención ante la emergencia climática y grandes ejemplos de acciones a tomar (cooperación global de diferentes países en la estipulación de economías y políticas verdes, soluciones sostenibles sobre los subsidios a los combustibles fósiles, y transición verde a la descarbonización de las economías del mundo, por mencionar algunas acciones), también es necesario reconocer que, aun con todas las sugerencias y evidencias, existe una notoria falta de compromiso y responsabilidad por parte del ser humano por revertir y tomar cartas en el asunto. Dicha carencia evidentemente terminará en lo que han predicho los diferentes informes del IPCC; además, desde nuestra perspectiva, la falta de acciones tajantes y comprometidas podría entenderse también como un problema de consideración moral sobre los diferentes sujetos involucrados (los diferentes organismos que cohabitan en el mundo). Ante tal ausencia de consideración moral, María Aliciardi se pregunta: “¿La crisis ambiental es sólo ecológica o también moral?”. 4

La respuesta puede ser problemática; no obstante, consideramos que para lograr llegar a ella lo primero que se debe hacer es reconocer la responsabilidad de la humanidad ante el cambio climático, y de ello partir hacia una conciencia ambiental con ayuda de una herramienta epistémica y práctica para, posteriormente, implementar una consideración moral sólida sobre los asuntos y acciones pertinentes.

La Bioética puede ser esa herramienta epistémica y práctica que ayude a lograr un conocimiento ambiental de manera holística, tomando en cuenta las ideas y perspectivas de otras disciplinas que favorezcan a realizar cambios sustantivos en nuestro actuar ante la problemática antes expuesta del cambio climático.

* Sharon Lezly Rico Romero es estudiante de la Maestría en Ciencias en el área de Bioética de la Facultad de Medicina de la UNAM y licenciada en Filosofía por la Facultad de Estudios Superiores, Acatlán. Su investigación actual se centra en analizar el valor instrumental, la valía inherente y los valores relacionales de la naturaleza. Contacto: [email protected]. Jaqueline Alcázar Morales es doctora en Ciencias en el área de Bioética de la Facultad de Medicina de la UNAM. Es profesora de asignatura en las facultades de Ciencias y de Estudios Superiores, Acatlán. Su área de especialización es en Bioética y Ambiente. Contacto: [email protected]

 

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1 Naess, A. (1973). “The Shallow the Deep Long Range Ecology Movement”. En Inquiry, pp. 95-100. Disponible aquí.

2 Naess, A. (1998). “La crisis del medio ambiente y el movimiento ecológico profundo”, en: Kwiatkowska e Issa, Los caminos de la ética ambiental, Plaza y Valdés, pp. 213-224.

3 Ibid., pp. 219-220.

4 Aliciardi, M. (2009). “¿Existe una eco-bioética o bioética ambiental?”, en Revista Latinoamericana de Bioética, 9 (1), pp. 8-27.