Herminia Miranda · 13 de noviembre de 2024
A veces se ha sentido que vamos a paso lento con la transformación urgente que necesitamos de nuestras calles para, al menos, no morir en el intento de movernos en modos de transporte activos. Otras veces nos ha reconfortado pensar en las batallas ganadas, esas donde nos ha llenado de alegría hasta las lágrimas, escuchar a alguna persona en el Senado defender nuestros ideales, defender nuestra vida al movernos en las calles mexicanas. Unas veces más, nos encontramos tallándonos los ojos al leer que nuestro derecho a la movilidad está escrito en el artículo 4 constitucional:
“Toda persona tiene derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad.”
Pero ¿qué implica tener y ejercer nuestro derecho a la movilidad? Primero, a todas las personas nos toca “sacarnos el auto de la cabeza” y entender la ciudad a través de nuestros pies. Para las instituciones, implica un replanteamiento de la forma en la que se ha invertido el recurso público, implica gestionar la inversión para asignar los metros cuadrados que merece el transporte sustentable en las vías urbanas. Implica, básicamente, transformar nuestras calles redistribuyendo las secciones viales conforme a la jerarquía de la movilidad.
Hemos pasado tanto dolor en nuestras calles mexicanas por causa de atropellos, tantos “sustos” y violencia por causa del acoso que recibimos en las calles, y tantas salidas que hemos cambiado o evitado porque nuestras calles no tienen la accesibilidad universal que requerimos para salir de casa a ejercer nuestro derecho a la movilidad. A veces pienso que como sociedad, vivimos en la “desesperanza aprendida”, la cual nos ha permitido sobrevivir al gran dolor de perder a algún ser querido en hechos viales, o mantener nuestro ánimo a pensar de las atroces noticias de hechos viales que vemos todos los días. Por esto, las personas que nos dedicamos a analizar y rediseñar las vías urbanas durante más de una década de trabajo, no hemos podido ignorar más que esta realidad en la que vivimos no está creando los entornos con condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad.
La buena noticia es que ahora, tenemos tres respaldos normativos para transformar las calles mexicanas: la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, la Estrategia Nacional de Movilidad y Seguridad Vial 2023-2042 y la NORMA Oficial Mexicana NOM-004-SEDATU-2023, Estructura y diseño para vías urbanas. Esta última, especifica que al diseñar o rediseñar vías urbanas siempre se debe “tener presente que la vida de la población está al centro de la toma de las decisiones”, reconoce la necesidad de “responder a las condiciones de circulación de personas usuarias en los entornos urbanos” y establece “las dos funciones básicas de toda calle: la función de movilidad y la de habitabilidad”. Así es, por fin tenemos una normativa oficial mexicana que reconoce que no sólo circulamos en las vías urbanas, sino que también podemos “habitar” nuestras calles.
En pocas palabras, esto significa que omitir la escala humana al construir y rediseñar las calles mexicanas, ya no es una opción. El rediseño de calles debe implementarse porque la responsabilidad jurídica sobre lo que nos pasa al transitar en las vías urbanas la tienen las personas que diseñan las calles. Desde la academia y la sociedad civil, queremos que no haya más muertes viales en nuestras calles y seguiremos exigiendo a las personas que nos representan en los gobiernos e instituciones que prioricen la vida de las personas al diseñar o rediseñar planes de transporte, planes de desarrollo urbano, proyectos de calle, etc.
El pasado 17 de agosto de 2024, desde CAMINA, la Escuela de Creactivismo, la Dirección de Movilidad de la SEDUSO del Municipio de Monterrey, junto a las organizaciones del colectivo “Calles de primer nivel, no de segundos pisos” y personas voluntarias, realizamos una intervención de urbanismo táctico como una acción conmemorativa para el Día internacional del peatón: pintamos y confinamos un espacio de una banqueta faltante sobre la Av. Félix U. Gómez, en su incorporación a la Av. Constitución.
Mediante esta acción mostramos cómo cabe el espacio peatonal en una calle, sabiéndolo acomodar. Este “nuevo” espacio confinado, resultó ser también espacio para que algunas personas ciclistas acortaran su trayecto de 40 a 20 min, porque al separar este espacio de los vehículos motorizados, se respetan las diferentes velocidades que tienen las personas que utilizan su propulsión humana para trasladarse en bici, a pie o en transporte público.
Confinar un espacio en una de las calles más peligrosas para transitar a pie o en bicicleta fue un mensaje de cómo estos pequeños cambios pero significativos, pueden ayudarnos a visualizar una realidad diferente en el corto plazo.
A lo largo de un poco más de 10 años, he podido ir creciendo en comunidad con personas (algunos dirán “loquillas y loquillos”) que sabíamos (o al menos intuíamos) que esta transformación era una carrera más parecida a un maratón o a una carrera de relevos, y que la paciencia debía de estar de nuestro lado para no desistir ante las ideas sembradas en nuestras cabezas (y que se han seguido repitiendo en toda publicidad que nos encuentra), para que podamos pensar en lo injusto que es tener una gran cantidad de espacio público (calles) en nuestras ciudades, utilizado por propiedades privadas (autos).
Cada quien, desde nuestra trinchera, hemos amadrinado y apadrinado esta causa. He aprendido tanto de todas y cada una de las personas que me he encontrado en este camino, que me queda claro que en nuestro país tenemos la capacidad técnica, el ímpetu, la creatividad y la lucidez de seguir transformando nuestros entornos urbanos en unos más seguros y placenteros.
Y, aunque hemos dado varios pasos contundentes durante más de una década hacia la movilidad sustentable en nuestro país, este trabajo no se acaba hasta que TODAS las calles mexicanas cuenten con las banquetas accesibles, la infraestructura ciclista y el transporte público que merecemos y que se requiere para proteger la vida de las personas usuarias de las vías urbanas.
*Yazmin Viramontes (@YazAPie) es arquitecta por el Tec de Monterrey, con Maestría en Transporte y Planificación Urbana en la University College London. Es fundadora y directora del Centro de Estudios de Movilidad Peatonal AC (@camina_mx). Coordinó el “Manual de Calles: Diseño Vial para Ciudades Mexicanas”, un esfuerzo conjunto de ITDP y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que fue publicado por SEDATU en el 2018.
P.D. Este texto lo dedico a todas las personas que han dejado su granito de arena en la construcción de esta comunidad peatonal desde cualquier trinchera, ya sea desde la academia, las instituciones privadas, las cooperativas internacionales, las personas voluntarias que nos han acompañado en las intervenciones de urbanismo táctico, los medios de comunicación, las vecinas y vecinos que no se rinden hasta ver sus calles transformadas. También, a nuestra red familiar que no nos suelta y que sigue apoyando la transformación de calles, dándonos aliento y echando porras cada vez que damos un paso más.