blogeditor · 13 de mayo de 2015
“Entre el clavel y la rosa, su majestad es coja“
Quevedo
¡Usted escoja! nos abruma la spotiza a la que nos hemos visto sometidos, pero, señora Democracia: usted es coja.
Usted es coja porque solo le funciona, más o menos bien, una pierna. La que le sirve para procesar civilizadamente el acceso al poder. El antes IFE, ahora INE, organiza bien el proceso, miles de ciudadanos se incorporan a vigilar que los votos sean correctamente emitidos y contados. El fraude electoral se limita a los márgenes, sucede, pero leve. Hay que erradicarlo sin duda, pero suponer que todos nuestros problemas acabarían cuando lográramos eliminarlo ha sido un espejismo. Hemos pagado cara nuestra ingenuidad. Tampoco será suficiente resolver las inequidades del proceso y el catálogo de mañas de todos los partidos (El Verde es campeón, pero todos le entran). Quedarnos allí seguiría siendo ingenuamente insuficiente.
[contextly_sidebar id=”oIXOEvfbidyeooL1Ika7FpZ8DnkNxhYj”]Señora Democracia, lo que le impide caminar, lo que la hace renquear y casi la tiene postrada en el suelo es que tiene fracturado un fémur, el hueso más largo del cuerpo humano, el hueso más importante para darle a la vez estabilidad y movimiento. Se le fracturó el hueso que le conecta con la tierra, con la realidad, con la gente.
Si la pata del acceso civilizado al poder le funciona bien, la otra, la de mecanismo para identificar las necesidades de las personas y resolver sus problemas, definitivamente no. Está roto, está hecho añicos.
En el maremágnum de las campañas es difícil ubicar una idea importante, una solución de fondo, algo que pueda transformarse en un beneficio real para la gente. Si los candidatos no son capaces de escribirla y decirla, imagínate lo lejos que están de poder hacerla.
Por eso la democracia no está siendo eficaz para solucionar los problemas de fondo que afectan a todo nuestro cuerpo social: impunidad, ignorancia, miseria, violencia, corrupción, estancamiento económico, etc.
Inmersos es una profunda crisis política, económica y social que afecta al país y a su gente, el actual proceso electoral más que mostrarnos un camino de salida, nos hunde un poco más.
Lamentablemente las elecciones del 7 de junio servirán para seguirnos hundiendo, en lugar de sacarnos del lodo. Ya es tarde para modificar esta tendencia descendente, lo que si podemos hacer ¡desde ya! es ir concibiendo la forma de recuperar el sentido último de la democracia.
Qué bien que nos está sirviendo para procesar pacíficamente Quién accede al poder pero, lo que nos urge es que sirva para clarificar y determinar Para qué se le da ese poder – no para beneficiarse y enriquecerse vulgarmente sino para generar bienes públicos, instituciones y programas que mejoren las condiciones de vida y horizontes de los mexicanos.
Así como está hoy, esta democracia no nos sirve, no nos llevará muy lejos, no podremos caminar bien, ya no digamos correr.
Necesita un profundo replanteamiento, hay que repensarla y concebir nuevos mecanismos que vayan más allá de las cíclicas reformas electorales que se han convertido en obras maestras del “gatopardismo” (la estrategia para cambiar algo, para que todo siga igual). Es la hora de los ciudadanos y de nuevos movimientos sociales enfocados en restaurarle la pierna fracturada a “La señora Democracia”.
Ni modo, la democracia es algo muy serio e importante, para dejarla en manos de los políticos.