La religión organizada y sus peligros

blogeditor · 2 de agosto de 2016

La religión organizada y sus peligros

El día de ayer, Andrés Manuel López Obrador publicó un tuit que me dejó helado: utilizó la palabra “antibíblico” para ofender a sus enemigos políticos.

No pagar a los maestros es anticonstitucional y antibíblico: “No retendrás el salario del jornalero hasta el día siguiente”. (Levítico).

— Andrés Manuel (@lopezobrador_) 1 de agosto de 2016

Sus convicciones religiosas serían irrelevantes si no pretendiera implementarlas como política pública. Convertir un texto religioso en ideario político ha demostrado ser peligroso, destructivo y divisor.

Hay muchos ejemplos: en 2012 ofreció a los príncipes de la iglesia católica someter el aborto y las “bodas gay” a plebiscito y apenas en 2015 declaró que estos temas no eran tan importantes. La honestidad, aseguró, es el verdadero problema que se debe resolver.

Volvamos a las referencias de política pública de Andrés Manuel: el campeón de la “izquierda” mexicana.

El Levítico es un libro de la biblia que aborda tres temas principales. Da cuenta, con desconcertante precisión, del proceso que debe seguirse para realizar crueles sacrificios animales. La segunda parte trata sobre la unción sacerdotal de los Leví y cómo es que se comunican con dios. La tercera trata sobre la pureza. El texto es misógino, abigarrado y está cargado de odio. De hecho, uno de los argumentos religiosos para justificar la homofobia viene de este mismísimo pedazo de inspiración divina escrita por las manos de Moisés.

No te acuestes con un hombre como si te acostaras con una mujer. Eso es un acto infame“. (Levítico 18:22)

Soy ateo porque valoro la evidencia. A pesar de eso puedo empatizar con quienes se aproximan a la espiritualidad como un camino para encontrar respuestas, alivio o consuelo. Esa personalísima convicción no puede negársele a nadie. Lo que sí podemos exigir de nuestros líderes políticos -y de cualquier persona que influye en la vida de otros- es que no utilicen cuerpos éticos de la edad de bronce para tomar decisiones importantes.

Desde su trinchera, la iglesia católica se posiciona. Se trata de una trilogía imperdible. En la primera editorial afirman que el ano del hombre no está diseñado para recibir, sólo para expeler. Su membrana es delicada, se desgarra con facilidad y carece de protección contra agentes externos que pudieran infectarlo. El miembro que penetra el ano lo lastima severamente pudiendo causar sangrados e infecciones. Tiempo después se posicionaron sobre el daño que los homosexuales causan a los niños y esclarecen que dar en adopción a un niño a un matrimonio gay’ es cometer contra esa criatura una injusticia. La tercera realiza un apasionante ejercicio filológico y concluye que los angloparlantes llaman a los heterosexuales ‘straight’, es decir ‘rectos’, término aceptado por los propios homosexuales, y que implica que la homosexualidad es una desviación.

Las tres cosas son falsas: el sexo anal es una práctica muy placentera, los hijos criados por parejas del mismo sexo crecen en perfecta normalidad y, aunque el inglés acepte la palabra straight para referirse a los heterosexuales, esto no constituye prueba alguna para afirmar que la homosexualidad es una desviación. Es un batidillo de pseudociencia, prejuicios de hace 5000 años y mala redacción.

El presidente lanzó una iniciativa que ha sido calificada como pro gay: una pantomima que sólo ha servido para radicalizar la discusión y revitalizar agendas conservadoras como el movimiento “pro familia” que ha sido arropado por todos los frentes políticos. El presidente sabe que es imposible que dos terceras partes de los estados de la república acepten la reforma constitucional y sabe que es letra muerta. En un desesperado intento por recuperar su credibilidad con los progres, los invitó a los Pinos a celebrar una simulación. Los asistentes olvidaron que el Quique se define a sí mismo como un conservador.

Se avecinan las votaciones de los congresos locales de esta falsa iniciativa y 2018 está a la vuelta de la esquina. Las iglesias -sobre todo las de la biblia- tienen un enorme capital político y electoral. Para muchos mexicanos los sacerdotes y pastores son los emisarios de dios en la tierra. Por eso se pueden ganar -o perder- elecciones desde el púlpito.

La estrategia es clara: quieren dejar la decisión en manos de las mayorías porque saben que tienen los votos que necesitan para aplastar los derechos de las minorías. Las comunidad LGBT somos esos enemigos que han elegido para unificar su causa a pesar de la evidencia científica y los derechos humanos.

En una elección que se va a dividir a tercios, los votos de los extremistas religiosos pueden ser el fiel de la balanza. Nuestras conquistas están en peligro.

 

@lujambioalberto