msfmexico · 1 de marzo de 2012

AlejandroVargas nació en el DF hace 30 años y es pediatra egresado del Instituto Nacional de Pediatría de la ciudad de México. Aquí nos relata su experiencia desde Magaria, en Níger, en un centro de re-nutrición infantil (CRENI) de Médicos Sin Fronteras. Esta es su primera misión con la organización.
“No es que siempre haya querido ser médico, más bien siempre quise vivir un poco en el límite, un poco lejos, en contacto con emociones fuertes, cerca de la gente, cerca de otra gente, de gente nueva, de cosas nuevas. La curiosidad, el conocimiento en todas sus formas siempre me atrajo. De alguna manera eso me llevó a la medicina y la medicina me dio la oportunidad de entrar a Médicos sin Fronteras (como muchas otras carreras pueden hacerlo).
Hace cuatro meses llegué a África, específicamente a Níger, uno de los países más pobres del mundo, una antigua colonia francesa al sur del Sahara en el África Occidental para empezar mi primera misión con MSF.

La organización realiza en este país desde hace unos años una importante labor contra la desnutrición infantil. Fui enviado a Magaria, una pequeña población en el sureste del país (donde escribo estas líneas). Me enviaron específicamente para apoyar durante el pico anual de desnutrición y malaria que se da durante la temporada lluviosa e inmediatamente después de ésta.
El proyecto en Magaria es grande, con un centro de renutrición infantil de 450 camas para atender a población tanto nigerina como nigeriana, estando a aproximadamente 10 kilómetros de la frontera. Sin embargo el equipo de expatriados es de 9 personas actualmente. Todos vivimos en la misma casa y siempre hay gente de todos lados, pero predominan los africanos y europeos, la convivencia es muy interesante y enriquecedora. Por otro lado el personal nacional es de más de doscientas personas. Soy el único médico extranjero en el “CRENI” aunque hay otros ocho médicos nigerinos. Mi labor es sobre todo asistencial, es decir consulto directamente a los niños. Aunque realizo también en la medida de lo posible trabajo de enseñanza y capacitación tanto para las enfermeras y asistentes nutricionales como para los médicos.

El trabajo es por momentos pesado y por supuesto la mortalidad infantil es muy elevada comparada con México. Emocionalmente a veces es duro. Sin embargo son muchos más los niños que se recuperan que los que no lo hacen, y en eso creo yo que hay que enfocarse, sin dejar de intentar mejorar las cosas en todo momento. A pesar de todo me atrevo a decir que nunca había estado tan satisfecho, nunca había disfrutado tanto ser médico. La experiencia humana es increíble. Al trabajar con gente tan pobre, y con la que no se comparte un idioma, el lenguaje no verbal cobra una importancia y una fuerza muy particulares. El día a día con la gente del país que trabaja con MSF también está lleno de intercambios muy interesantes. Es una forma muy especial de acercarse a otra cultura. Por otro lado el personal extranjero cambia con frecuencia, personas llegan y personas se van. Por este motivo hay que ser muy adaptable, sin que por esto se pueda negar que se formen lazos muy fuertes.
Al final es una experiencia tan completa y satisfactoria que creo que nadie debería perdérsela, hay quien lo hace una vez, hay quien lo hace un par de veces, pero también hay quien hace de ella su forma de vida. Si alguien sabe realmente vivir el presente y sólo quiere vivir intensamente seguro que no hay mejor cosa que hacer. Yo por el momento estoy a punto de terminar mi primera misión y espero en un par de meses partir nuevamente a algún lugar.
Soy una persona muy escéptica, hombre de poca fe dirían algunos, pero el acercarme tanto y de esta manera a seres humanos tan lejanos en tantos sentidos y el poder mejorar aunque sea un instante de sus vidas (aunque claro en muchas ocasiones más que eso y a veces ni eso) me ha hecho revalorar muchas cosas. La gente que ayudas en realidad te está ayudando más a ti. Este tipo de gente en este tipo de circunstancias te hace volver a creer en el ser humano. Una cosa muy difícil para mí en un momento tan particular de la historia del mundo.”

El síndrome de Re-nutrición, explicado por Dr. Vargas. Cuando un niño (o un adulto) ha llegado a un estado de desnutrición severa y se encuentra tremendamente adelgazado o en su caso muy hinchado (al tratarse de una deficiencia nutricional principalmente proteica) puede ni siquiera tener hambre. A veces será necesario alimentarlo por unos días a través de una sonda que vaya de la nariz al estómago. En muchos casos como estos, la persona habrá llegado a un estado de equilibrio a nivel celular que lo mantiene vivo aunque se encuentre ya muy cerca de la muerte. Por este motivo “renutrir” a un individuo tiene riesgos muy importantes. El llamado “Síndrome de Renutrición” se da precisamente cuando se empieza a alimentar a una persona bruscamente y con una dieta completa, y puede incluso causarle la muerte por desequilibrios hidroelectrolíticos sobre todo a nivel celular. Así, al iniciar la renutrición, se utilizan fórmulas especiales que contienen mezclas adecuadas de nutrientes en pequeñas cantidades para evitar este síndrome y dejar que el niño, en este caso, retome un equilibrio interno normal lentamente y comience nuevamente a tener hambre y ganas de vivir.
Personal sobre el terreno 1.599
MSF trabaja en Níger desde 1985
Principales actividades médicas en el país: Nutrición, Malaria, Salud materno-infantil, Meningitis y Cólera.