Relatos antigordofóbicos tejidos desde la colectividad

Redacción Animal Político · 9 de octubre de 2025

Relatos antigordofóbicos tejidos desde la colectividad

Existe cierto poder en las historias; qué se narra, cómo se cuentan, quiénes las relatan, a quiénes benefician, a quiénes se deja fuera, qué efectos tienen, cómo se vislumbra el futuro a partir de ellas, cómo se interpreta el pasado, y dentro de qué historias más grandes se crean. 1

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adiche, en el libro “El peligro de la historia única”, reflexiona sobre el poder implícito al contar la historia de otra persona y en convertirla como LA definitiva, LA verdad, dando como consecuencia la privación de la dignidad.

Este fenómeno es evidente en relatos históricos dominantes. Por ejemplo, activistas antirracistas han señalado la diferencia radical entre decir “Colón descubrió América” y afirmar “Abya Yala fue invadida y saqueada”. Ambas frases describen el mismo acontecimiento desde marcos narrativos opuestos.

Esto ilustra cómo los relatos no son neutrales; por el contrario, están inmersos en dinámicas y condiciones que categorizan y jerarquizan el valor de la vida humana en función de su identidad personal o colectiva, 2 legitimando la negación de derechos y recursos a determinadas personas, colectivos y grupos.

En este contexto, las corporalidades gordas también han sido inscritas en una historia única. Desde el ámbito clínico, la gordura es definida como una enfermedad que requiere ser tratada o curada, como lo señala Izchel Cosio, activista-académica antigordofóbica, en la Investigación Diagnóstica sobre el marco general de discriminación hacia las personas gordas en la Ciudad de México: una revisión crítica de literatura sobre gordofobia y gordoodio. Por lo que se emplea la clasificación y jerarquización corporal para definir lo que es “normal y anormal”.

Magda Piñeyro, filósofa y cofundadora en Stop Gordofobia, profundiza en su texto “No cabemos”. Menciona que las personas gordas no son un grupo homogéneo, no obstante, comparten la experiencia de no caber ni física ni simbólicamente en este mundo.

La exclusión física se relaciona con la ausencia de diseño universal de espacios públicos y privados que atienda las diversidades corporales, se puede observar en la negación y limitación al acceso de medios de transportes, el entorno urbano, los servicios de salud, los servicios mercantiles y más. Paralelamente, el mercado reproduce esta exclusión al no ofertar productos -como indumentaria y calzado- para personas gordas.

En el plano simbólico, Magda refiere que la exclusión se comparte con otros grupos marginalizados. En el caso de las corporalidades gordas implica no caber en los conceptos de salud, productividad, belleza y bondad, y se materializa en la negación del ejercicio de derechos como al trabajo, la educación, la recreación, la salud, una vida libre de violencia, etc.

Como afirma Valeria Angola, investigadora y cofundadora del proyecto Afrochingonas, las historias no solo son creaciones literarias, modelan las vidas y nuestras relaciones con el entorno, con el pasado, el futuro, y las personas mismas.

Otras historias son posibles

Michael White, pionero de la terapia narrativa, expresa en el libro “Medios narrativos para fines terapéuticos” que todas las historias son incompletas. Contienen lagunas que pueden ser llenadas con otras experiencias de las personas. Es precisamente en esas fisuras donde pueden nacer historias alternativas, aquellas que restituyan la agencia, desmonten relatos hegemónicos, transformen relaciones, validen saberes, den esperanza.

 Por ello, en septiembre del presente año el Copred, en conjunto con Cuerpa Lab, Colectiva Gordas Expansivas, el Observatorio Coyuntural Antropológico de la ENAH y la activista Alejandra Oyoso, llevaron a cabo la “Segunda Jornada de Conversaciones Gordas. Experiencias, diversidad y política” con el fin de reivindicar la gordura como una forma de existencia y un posicionamiento político del cuerpo para trazar caminos de incidencia en la política pública a favor de los derechos de las personas gordas.

La Jornada estuvo diseñada para promover diversos espacios de diálogo. A continuación, se retoman fragmentos de las participaciones. Cabe señalar que el texto está redactado en plural, en reconocimiento a la construcción colectiva del saber; por tanto, las personas participantes pueden o no estar de acuerdo en su totalidad con esta síntesis escrita.

Refutamos los discursos dominantes

Es prioritario distinguir entre obesidad y gordura; la primera es la patologización de la segunda. Desde la hegemonía, la gordura representa el fracaso del castigo y del sacrificio que salva, es el desborde y la desobediencia.

También es importante separar la violencia estética de la gordofobia y el gordoodio. La gordofobia es una compleja matriz de opresión, se ampara en discursos arbitrarios en salud, y despliega una red de aparatos de control biopolíticos que invaden, torturan y hostigan de forma incesante a las personas.

Reconocemos que la salud y la enfermedad están atravesadas por determinantes sociales, no todo responde a causas biológicas. El discurso biomédico gordofóbico trasciende el espacio médico y se filtra en la vida cotidiana, participa en la producción de padecimientos y malestares en los cuerpos.

Denunciamos que la medicina y el capitalismo caminan de la mano. La salud se ha convertido en un negocio que prioriza la rentabilidad de las industrias farmacéutica, cosmética y alimentaria.

Por eso, entendemos que la gordofobia no opera de forma aislada, se entrecruza con el racismo, el capacitismo, el clasismo, el sexismo, el capitalismo, etc. Estos sistemas de opresión que se refuerzan mutuamente y potencializan las desigualdades

Señalamos que las redes sociales han intensificado estos discursos, el imperativo de la delgadez y el paradigma del salutismo.

Denunciamos diferentes manifestaciones de la gordofobia y el gordoodio

En los espacios de salud, se nos pesa sin consentimiento ni justificación, se promueve la cultura de la dieta como principal solución, y no se brinda una atención integral. Esto conduce a diagnósticos tardíos, suposiciones sobre nuestros hábitos de vida, y una atención que omite nuestras necesidades. Además, el equipamiento médico suele ser inadecuado o inexistente para corporalidades gordas y persiste la ausencia de protocolos de atención diferenciada.

En el ámbito laboral, la discriminación se expresa al priorizar la contratación de personas con normopeso, al estigmatizar como menos productivas o profesionales, y al negarnos condiciones dignas: desde mobiliario apto para las diversidades corporalidades y servicios de salud dignos no patologizantes. Las políticas de bienestar corporativo suelen estar cruzadas por sesgos gordofóbicos, y las burlas son cotidianas. Todo esto limita nuestra autonomía económica y calidad de vida.

La inaccesibilidad de las personas gordas a los espacios, servicios y productos se justifica moralmente al considerar la gordura como un estado corporal autoinfligido y fácilmente modificable mediante la fuerza de voluntad. Esta narrativa nos expulsa simbólica y físicamente: genera una sensación constante de no pertenencia en los espacios, una relación traumática con el ejercicio y el movimiento, y la ausencia de referentes que habiten con libertad el espacio público, por ejemplo, al trasladarse en bicicleta.

En el campo de las artes, las técnicas de movimiento, teatrales y escénicas están diseñadas para cuerpos hegemónicos. La fotografía busca esconder en el retrato los defectos como la gordura. Cuando los cuerpos gordos aparecen en el espectáculo, son objeto de burlas y comedia hiriente.

Aquellas expresiones artísticas que rompen con esta lógica, son marginalizadas y rechazadas.

Nos resituamos

Algunas personas hemos transitado de compartir nuestras experiencias personales incidir políticamente, y aspiramos que ese tránsito se amplíe de lo microcropolítico a lo mesopolítica para involucrar a diversos sectores. Sabemos que, frente a un contexto político que amenaza activamente el marco de derechos, es urgente construir contrapesos.

Varias impulsamos una profusión de expresiones de protesta y activaciones políticas desde distintas geografías y disciplinas. Estas acciones han sido fundamentales para denunciar la gordofobia/ gordoodio y exigir el reconocimiento de la diversidad corporal.

También potenciamos el cuerpo desde el arte: lo mostramos sin pedir permiso, lo dialogamos, y lo representamos.

Y otras, resistimos.

Resistimos de diversas formas

Al crear, criticar los contenidos digitales, construir activamente alternativas, colectivizar, cuestionar las asimilaciones al sistema, denunciar las políticas públicas gordofóbicas, interpelar, ocupar espacios epistémicos diseñados por y para personas con determinadas credencializaciones, pactar nuevos símbolos y significados culturales que dignifiquen, reapropiar el cuerpo en lo individual y colectivo, ser el contrapeso del sistema, y validar nuestra propia historia.

Reconocemos que..

Coexisten múltiples genealogías de la experiencia gorda a nivel internacional, local y personal, cada una surgida de contextos y demandas específicas, y todas han incidido en la política. Consideramos que la experiencia vivida es, en sí misma, una forma legítima de construcción de conocimiento.

Sin embargo, el activismo gorde sigue siendo un espacio fronterizo, marcado por la escasa representatividad dentro de otros movimientos sociales.

Por ello, son necesarios los ejercicios críticos desde adentro, como las posibles emulaciones anglosajonas, los vacíos al considerar determinados cuerpos gordos de todo un espectro, y la centralización geográfica del activismo. 

Nuestros cuerpos merecen…

Articular con otros movimientos sociales, cantar, disfrutar de la comida, existir legítimamente, llorar, estar, explorar-se, gozar, habitar, ocupar los espacios, permanecer, politizar, rabiar, recibir trato digno, ser reapropiados, tomar el mundo, amabilidad, amor, autonomía, autorrepresentación, buen vivir, colectividad, contrahegemonía, cuidado, derechos, descanso, dignidad, escena, escucha, justicia social, medios de comunicación respetuosos, movimiento, narrativas propias, placer, plenitud, políticas públicas antigordofóbicas, reconocimiento, referentes, y supurar heridas.

Mi profundo agradecimiento por participar en la Jornada a Alejandra, Amara, Angie Elizabeth, Ara, Arantza, Denise, Diana Carina, Carina, Eli, Erika, Fabiola, Fernanda, Gabriela, Gloria, Guadalupe, Ileana, Izchel, July Tatiana, Karina, Kika, Laura, Leonardo, Malu, María Magdalena, Melissa, Patricia, Sam, y Sandra.

Se puede consultar el registro audiovisual de la Jornada en el perfil del COPRED en Facebook.

*Adriana García Jiménez trabaja en el COPRED como asesora de la Subdirección de Planeación.

 

1 Paráfrasis de fragmento retomado de la página web del Colectivo de Prácticas Narrativas.

2 Copred. Manual de lenguaje incluyente. Sin publicar.