Relato de una mamá que es papá

Maricela Rosales · 18 de junio de 2012

Relato de una mamá que es papá

 

¿Por qué será tan complicado ser simple? Dejar de lado las cosas que nos dan la libertad por los pies y las manos… dejar de lado los prejuicios y los que dirán…
Si alguien dice yo jamás haría eso, negamos haberlo hecho…
Si alguien repudia una conducta que en nosotros es milagrosa, categóricamente abortamos todo intento de repetirla…

Entre excusas y llamados insólitos, un Mayo de hace ya varios años, yo estaba besando el amor. Desde esa noche y por seis años no supimos, no quisimos, nunca pensamos en separarnos. Nos amábamos con toda nuestra vida…y ya era mucho.

Además de ser único y mágico, era lo que yo había esperado, el complemento perfecto de mi cuerpo y mi alma; el compañero de mi viaje, mi amigo, el mejor disfraz, el dueño de mi destino.

Los primeros meses del noviazgo no fueron fáciles, vivía conmigo una luz que él logro apagar, para encender un milagro. Pero también estaba la realidad de procesos bien marcados y diferentes.

Cuando cumplimos un año juntos, lo teníamos todo, qué más podíamos pedir, qué más podíamos exigirle a la relación. Nada. Celebramos como Dios manda y el cuerpo también… velas, música amor en el aire, en los poros…
Nuestra vida juntos estaba adornada con sahumerios, dibujos, canciones, cartas de amor, poesía y colchón, viajes y fines de semana festejando el frío y el calor, tazas de café con leche, desayunos de pláticas los domingos, crucigramas, peñas, más viajes, su carrera, mi trabajo y la rutina… que nos mató.

A veces me pregunto si nos dimos cuenta y dejamos que sucediera o fue así de sorpresivo, como cuando nos descubrimos. No puedo explicar ahora con detalle exacto, el detonante. Fue un cúmulo de cosas que si fueron exactas, ahí en ese momento… se terminaba, silenciosamente hasta la desesperación.

Llegó un hijo y con él un desgano y un engaño, los dos al mismo tiempo. Me enteré del primero antes que del segundo. La tarde que me senté frente a él para decirle que creía que separarnos era la mejor opción, no consideré, no pensé en lo que venía, en lo que iba a sucederme.

Recuerdo que a él le temblaban las manos, me miraba fijo y llorábamos desconsoladamente los dos. Nos abrazamos y la tristeza se caía por los brazos, bajando por las piernas anclándonos al piso para siempre en ese instante.
Esa noche fue la última noche que durmió conmigo la combinación perfecta de nosotros dos. Traté de que se quedara, muchas de nosotras creemos que un hijo es motivo suficiente para que un hombre se quede a tu lado, pero siempre nos equivocamos.

Me dijo que ya no me amaba y se despidió para siempre con un “sé feliz”…
Yo sentía que iba a morirme, que quería hacerlo, que no podía estar pasándome lo que me pasaba… no quería entender que yo lo había decidido así.
Me sentía culpable, sola, completamente enamorada. No sé si tanto de él como del mismísimo amor. Pasaba en ese momento a ser una madre soltera.
Los años que le siguieron a esa noche, no hubo un solo día en que no me levantara y me acostara pensándolo. Más aún cuando miraba en el rostro de mi hijo gestos heredados de su padre.

Dormimos juntos tantas noches creyendo que con eso atábamos nuestras almas. Cuando me desperté una mañana me di cuenta que el sueño de una vida juntos era solo mío. Él dormía atado a mi cuerpo, mientras yo soñaba atada a su vida. Por suerte encontré el nudo y pude desatarlo. Y prometí no permitir que nadie nunca más me detuviese el reloj.

Ahora cuido a mi hijo y asumo la difícil tarea de cubrir cada necesidad, a veces el recuerdo me asalta la memoria de imprevisto y añoro con dulzura… el amor.

 

Posdata.

Es evidente que las madres solteras en la sociedad experimentan la carga económica del hogar, la discriminación por género y la ausencia de apoyo. Las jefas de hogar merecen el apoyo del gobierno en servicios, programas y cambios en las leyes para que combatan la pobreza de la sociedad y terminen el círculo de dificultades que estas familias encaran.

Mi padre murió hace dos años, fue un hombre responsable y aún lo extraño. Aquí les dejo un cortometraje que siempre que veo me conmueve.  “Father and Daughter” disfrútenlo, hasta la próxima.