Relaciones peligrosas: tecnologías feministas y feminismos tecnológicos

blogeditor · 10 de febrero de 2021

Relaciones peligrosas: tecnologías feministas y feminismos tecnológicos

Cada vez con más frecuencia vemos en nuestros feeds de redes sociales ejemplos de las relaciones entre tecnología y feminismos. Desde la conformación de los Principios feministas para Internet o la aprobación de la Ley Olimpia en México hasta las estrategias para el cuidado digital, el uso de asistentes virtuales contra la violencia o los mecanismos de activismo digital (como las denuncias de acoso), el auge de distintos proyectos hackfeministas, como las servidoras feministas, ponen de manifiesto la urgencia por crear iniciativas proyectadas a la reapropiación del Internet y el aseguramiento de la participación en la producción y uso de tecnologías digitales por las mujeres y personas de la diversidad. Todo esto con la intención de anular la brecha de género en el ámbito de la tecnología, de propiciar condiciones de autogobernanza y autogestión.

La posibilidad de pensar qué podrían significar estas relaciones entre tecnología y feminismo, así como sus alcances y límites, será más clara si damos un rodeo por cada uno de los términos y la manera en la que se ha explicitado dicho vínculo.

Reconocemos que hoy por hoy ya no es posible hablar de un movimiento feminista que homogenice la lucha. Las diversas perspectivas teóricas y posiciones políticas de los feminismos islámicos, negros, decoloniales y postcoloniales, e incluso los movimientos de mujeres que no se reconocen feministas pero que luchan por transformar sus condiciones de existencia, nos demuestran que lo que se entiende por sujeto político no es homogéneo.

Por un lado, cuando se habla de “feminismos” se pueden entender varias cosas; principalmente, movimientos políticos y sociales que buscan la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la emancipación de las segundas de los roles que históricamente les han sido asignados, el acceso a la justicia y la vida digna, etcétera. Todos estos movimientos se han diversificado dependiendo de la focalización de su lucha; por ejemplo, según los procesos de racialización o de clase que las atraviesa, de la identidad genérica u orientación sexual, de la relación con la naturaleza, del trabajo, de la religión, etcétera. Estos distintos feminismos, sin embargo, no se limitan a ser únicamente movimientos políticos; son también marcos metodológicos y conceptuales con los cuales se confrontan los discursos dominantes, así como ejercicios críticos desde los cuales se cuestionan ciertos estatutos de la realidad. En este sentido, no se trata solamente del lugar que ocupan las mujeres en un sistema que privilegia ciertos cuerpos, identidades y prácticas, sino los presupuestos sobre los que la jerarquización, el ejercicio de poder, la violencia y la invisibilización se legitiman.

Por otro lado, cuando se habla de tecnología normalmente se piensa en máquinas, aparatos o dispositivos, todos ellos concebidos como instrumentos o herramientas discretos, de los cuales podemos dar cuenta vagamente sin conocer a ciencia cierta su funcionamiento. Usamos cotidianamente celulares, computadoras, autos, tarjetas, ollas exprés, y no nos detenemos a pensar en qué consisten o cómo se insertan en una red de producción, distribución y consumo; muchas veces, ni siquiera en cómo modifican el entorno más allá de la experiencia directa. Con justa razón sólo los analizamos cuando no funcionan: cuando el metro viene con retraso, cuando el cajero automático se traga nuestra tarjeta, cuando la empresa decide que es tiempo de optimizar determinados trabajos prescindiendo de la mano de obra humana, o cuando nuestras fotos íntimas se ven expuestas sin nuestro consentimiento. Entonces nuestros sueños de progreso se ven interrumpidos y sólo tenemos dos opciones: modificar nuestras vidas y asumir que “la máquina” tome el control, o resistir insistiendo en la pérdida de lo humano, la experiencia, la vida.

Algunos pensadores han analizado los problemas que trae consigo esta visión restrictiva sobre la tecnología. En ese sentido, se han propuesto trazos conceptuales que atienden la ontología de los procesos operativos por los cuales los objetos técnicos llegan a ser, así como los sistemas complejos puestos en juego en relación con el medio, sus potencias y sus amplificaciones. Muchas filósofas, siguiendo los aportes de Donna Haraway, por ejemplo, han centrado el interés en las formas cómo se articula la relación entre epistemología y política en la producción tecnológica.

Ahora bien, desde mediados de los años sesentas en particular, las problemáticas alrededor de la tecnología y los temas del género, las mujeres y los movimientos de emancipación feministas han sido trazadas y analizadas de maneras muy variadas. Se habla, por ejemplo, del lugar de la mujer como productora de tecnología y conocimiento, de la imagen de las mujeres y otras subjetividades en el espacio virtual, de apropiación de las tecnologías de reproducción o del uso y confección de tecnologías comunitarias, entre otras cosas. Para dar salida a varios de estos problemas se han concebido estrategias con nombres particulares: ciberfeminismos, en cuanto focalizan la lucha feminista en la representación y participación de los cuerpos de las mujeres en los espacios digitales; hackfeminismos, que se caracterizan por producir saberes y herramientas con perspectivas feministas que pongan la atención en la apropiación y reescritura de tecnologías para la seguridad y autodefensa; tecnofeminismo, según Judy Wajcman el enfoque que interpela las formas por las cuales las relaciones de género y los procesos de creación o invención, difusión y usos de la tecnología se influencian mutuamente; o xenofeminismo, propuesta particular del colectivo Laboria Cuboniks que busca una inmersión y compromiso total con la tecnología con el fin de transformar la naturaleza y abolir el género por completo.

Todos estos ejemplos de luchas políticas, a nivel tanto práctico como teórico, parecen compartir la importancia de conectar los procesos de emancipación de las mujeres y personas de la diversidad con los desarrollos tecnológicos. Desde ahí es posible caracterizar como “feminismos tecnológicos” a todos estos movimientos cuya impronta feminista se enlaza a la comprensión, uso y desarrollo de tecnología. Lo que muchas de estas aproximaciones comparten es el supuesto de que es suficiente con transformar las condiciones en las que se genera la tecnología para poder usarla libremente. Esta libertad tiene muchos nombres –reapropiación, reescritura, reinterpretación o resignificación–, pero comparten la necesidad de transformar de manera crítica la condición hegemónica y homogénea que hace de la tecnología un brazo más desde el que se extiende el poder capitalista, colonialista y patriarcal.

Lo que queda por pensar, al margen de las formas de creación de objetos, es la potencia inventiva que produce no sólo nuevos instrumentos o nuevos usos de los viejos, sino nuevas configuraciones operativas en donde la intención individual no gane a los efectos colectivos. Esto significa propiciar nuevos modos de confrontar la cuestión tecnológica al margen de las viejas ideas de subordinación y dominación con las que normalmente se mira la cuestión.

* Emma Baizabal es egresada de la licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, e integrante del Seminario Tecnologías Filosóficas de esa misma Facultad. Su trabajo se ha desarrollado en la colindancia entre filosofía de la tecnología, filosofía de la ciencia y epistemologías y metodologías feministas. Ha participado en diferentes colectivos de trabajo diseñando talleres, conversatorios y círculos de lecturas en diferentes espacios de la Ciudad de México, tanto académicos como de divulgación y difusión, en donde se han buscado generar alianzas colaborativas y críticas que cuestionen los discursos hegemónicos sobre la producción de discursos tecnológicos y científicos.

 

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Referencias:

Este escrito continúa con las reflexiones surgidas en el evento “Feminismos tecnológicos”, coordinado por los seminarios de Alteridad y Exclusiones y de Tecnologías Filosóficas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que tuvo lugar en el Museo de la Mujer el 22 de agosto de 2020. Tanto las participaciones de entonces como las primeras aproximaciones a este texto pueden consultarse aquí.