Regreso presencial a clases: ese desmadre

blogeditor · 22 de agosto de 2021

Regreso presencial a clases: ese desmadre

Ah, querido lectorx… esto del regreso presencial a clases para finales de agosto (“llueve, truene o relampaguee”, como dice AMLO) es un verdadero desmadre.

(El vocablo “desmadre”, según la Real Academia Española, es “conducirse sin respeto ni medida”, “exceso desmesurado en palabras o acciones” o bien “juerga desenfrenada”).

Quizá el pico más alto -no de la pandemia, sino del desmadre- se dio el pasado miércoles 18 de agosto, cuando en su conferencia mañanera de los miércoles, cuando tenemos acceso a la gustada sección de “Quién es quién en las mentiras” (donde se dan a conocer supuestas mentiras que reproducimos los medios de comunicación), el presidente desmintió, fíjese nomás, algo dicho en su misma conferencia de prensa por una integrante de su gabinete.

“Arman escándalo con ‘Carta compromiso’ FALSA (las mayúsculas son suyas) de la SEP”, pusieron en esta sección citando lo mismo tuits de diversos portales que de periodistas.

Para citar a un clásico reciente acuñado en esa misma sección, cuando al citar a un periódico que documentaba que el gas había subido 20 %: “No es falso… pero exageran”. El tema es que lo que se “exagera” es algo dicho y presentado en presencia del presidente en la misma conferencia matutina por Delfina Gómez y luego desmentida por el propio mandatario. Aunque suene confuso.

Un día antes, el 17 de agosto, el propio AMLO anticipó:

“Y acerca de la carta, no es obligatoria. Si van los niños a la escuela y no llevan la carta, no le hace. Tenemos todavía que enfrentar esta concepción burocrática, autoritaria, que se heredó del periodo neoliberal. ¿Ustedes creen que yo tuve que ver con la carta? Pues no, fue una decisión abajo. Si me hubiesen consultado hubiese dicho: no, somos libres, prohibido prohibir; pero todavía tenemos que ir limpiando del gobierno de estas concepciones burocráticas, autoritarias y desde luego, terminar de limpiar el gobierno de corrupción y de ineficiencias, demoras”.

¡Sopas!, pobre Delfina. Primero, le dijeron que fue “una decisión abajo”, cuando… ¡es la máxima responsable de la educación en el país (en papel)! Dos, le dijeron burócrata, autoritaria (casi neoliberal), ineficiente y que demora.

Si yo fuera ella, presentaba mi renuncia a-ho-ri-ta, como Enrique Márquez, el futuro exdirector ejecutivo de diplomacia cultural a partir del 1 de septiembre por el escándalo de la remoción poco clara del escritor Jorge F. Hernández  como el agregado cultural  de la Embajada de México en España. (Por cierto, ahora que se quedará sin chamba, quizá podría hacer una segunda edición de un libro suyo que sacó por ahí de 1995: “Breve Diccionario para Mexicanos Furiosos”: no estaría mal).

Por cierto, sobre esa declaración del presidente de “fue una decisión abajo”, “si me hubieran consultado”, ¿no es la materialización de la frase popular: “Aquí sólo mis chicharrones truenan”?

Y los otros (muchos) desmadritos

Como madre de un adolescente de 15 años harto de no ir a la escuela, entiendo perfecto la necesidad de la socialización y las ventajas para la salud mental del regreso a clases. Lo vivo todos los días. Pero, ¿con qué confianza hacerlo si vemos tal cantidad de mensajes contradictorios por doquier?

Sé que la educación en el país está descentralizada, pero al mismo tiempo depende del Centro para el presupuesto. Cada estado decidirá si regresan o no a clases; también cada familia e incluso quizá, ¿cada comunidad escolar?

Las escuelas cerraron un 23 de marzo de 2020 de la noche a la mañana. Tener el pensamiento mágico de que nada pasó en 17 meses es irreal y ya se ha documentado. No sólo hay que limpiarlas con la ayuda de los padres. Muchas están vandalizadas. Hay que supervisar que haya los elementos necesarios para un regreso seguro, por más que insistan en que la pandemia entre los más jóvenes no se da (no lo sabemos, sí vemos cifras que crecen).

Si bien ya se vacunó a todos los maestros con la vacuna CanSino, pues resulta que es la vacuna que tiene la menor efectividad contra el virus (esto ya documentado y aceptado). Y los propios maestros tienen miedo. Aplicarles una dosis extra no está contemplada para ellos. Se ha dicho que porque -aunque usted no lo crea- es “negocio de las farmacéuticas”.

Se da en medio de la transición de varios estados de gobernador o gobernadora, sin un mapeo claro que podrían hacer ellos y las y los presidentes municipales de cómo está cada escuela y qué necesitan. ¡Pero eso no se hace en 15 días!
Nadie dice que los niños, niñas, adolescentes y juventudes no regresen a clases (como ellos sí quieren), pero sí debe hacerse con algo de inteligencia y planeación. Con protocolos, control en caso de brotes, ya como mínimo, información clara.

Y hay propuestas y prácticas internacionales de las cuales abrevar. Sin ir más allá en México, en los últimos días se han publicado dos buenos textos: “Un regreso seguro a clases es posible”, de Andreu Comas y Rafael Bojalil (publicado en Nexos). También Mexicanos Primero publicó un documento con 10 elementos para lograr la presencialidad en las escuelas (que no incluye, claro, sugerencias como inflar globos y luego tronarlos para celebrar el regreso a las aulas). Es más, SIPINNA y la SEP de Esteban Moctezuma ya tenían un plan. ¿Y si llaman a Washington a la embajada? Es mera sugerencia. El teléfono es +1 202 728 1600.

@kdartigues