blogeditor · 7 de septiembre de 2016
La instantánea fue tomada en Birmingham, Alabama, el 3 de mayo de 1963. Es la “fotografía más famosa en la historia del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos”. Tal vez muchos de ustedes la han visto. La imagen muestra un adolescente afroamericano atacado por un perro azuzado por un policía blanco. La prensa más importante de ese país la publicó en primeras planas. La gráfica sacudió a la Casa Blanca y al Congreso y tuvo un impacto definitivo en la aprobación, un año después, de la Ley de Derechos Civiles de 1964. La fotografía hizo a favor del movimiento liderado por Martin Luther King lo que no se logró en las urnas, en las calles y en los tribunales.
La imagen fue el más grande éxito de una estrategia política deliberada. La lucha en las calles pasaba por su momento más radical. La estrategia a cargo de Wyatt Walker, uno de los hombres de mayor confianza de King, era justamente provocar la salida de los perros para visibilizar la represión. En efecto ese día salieron los perros y aquella foto inmortalizó el momento y cambió la historia. Es el regalo que Martin Luther King no esperaba.
Esta es la interpretación que Malcolm Gladwell relata en su libro David y Goliat. Desvalidos, Inadaptados y el Arte de Luchar contra Gigantes. El texto presenta múltiples historias que cuestionan lo que asumimos como la fortaleza de unos y la debilidad de otros. “Los gigantes no son como pensamos. Las mismas características que parecen dotarles de fuerza constituyen muchas veces sus puntos débiles. Y el hecho de ser el que en principio lleva las de perder puede transformar a la gente de modos que a menudo nos cuesta apreciar: puede abrir puertas; crear oportunidades; educar e ilustrar, y hacer factible lo que de otra manera sería impensable”. La foto de 1963 es uno de tantos eventos que el libro recoge para enseñar que las apariencias de los roles a veces engañan y que la ecuación puede cambiar: el débil puede pasar a ser el fuerte y viceversa.
¿Alguna vez les ha pasado que releen algo y parece como si leyeran otra cosa? Conozco este material desde hace varios años y sin embargo nunca había tenido un significado tan potente para mí como ahora que lo revisé, justo cuando reconfiguro mi entendimiento sobre la crisis de los derechos humanos en México.
Las luchas modernas a favor de los derechos humanos evocan irremediablemente la asimetría entre el débil y el fuerte. Las víctimas de violaciones lo son en buena medida justo desde su condición vulnerable y vulnerada y los victimarios se construyen desde su posibilidad de dominio y sometimiento. Unos aplastan a otros. El caso de la tortura es paradigmático. Se le prohíbe en todo el mundo y se le usa en todo el mundo. Torturador y torturado representan de manera extrema esa relación de sometimiento de uno al poder absoluto del otro.
El pensamiento estratégico elaborado para crear alternativas eficaces a favor de los derechos humanos reconoce esa categoría de gigante a los autoridades que los aplastan. “El hecho de que los derechos humanos continúen siendo violados demuestra la existencia de adversarios inteligentes y poderosos con considerables recursos”.
Si la historia confirma que la violación a los derechos humanos tiene detrás más recursos que su defensa, entonces la creatividad estratégica para lo que siempre parecer ser la parte débil de la ecuación es nada menos que indispensable. Gladwell nos enseña en todo caso que los poderosos tienen ángulos de debilidad, el reto es encontrarlos. Lo que el movimiento a favor de los derechos civiles no logró en las urnas, en los tribunales y en las calles, sí lo hizo con una fotografía que representó de manera inédita la asimetría entre el poderoso y el débil. El mismo mensaje se empaquetó de otra manera y provocó otro resultado. La verdadera toma de conciencia por parte de la clase política de los Estados Unidos en torno a la lucha de Martin Luther King solo pudo llegar así, no importa cuantas acciones de resistencia y protesta se hubieran acumulado.
Si se le ve con atención, si en verdad se quiere aprender de ella, la lección es portentosa. Nada es menos útil que repetir las mismas estrategias en la defensa de los derechos humanos y nada es más prometedor que invertir en la creatividad y la innovación. Como en Nepal, donde una vez que los defensores entendieron que no era posible reducir el uso de la tortura en las estaciones de policía, aprendieron mejor a promover la mediación en la calle justo para resolver conflictos antes de la intervención policial. Así bajaron las detenciones y con ello redujeron la oportunidad de la tortura. Otra vía para el mismo resultado.
La crisis de los derechos humanos en México está desfondada. El gigante detrás de ella viene haciendo imposible modificar muchas de las causas profundas de la repetición masiva de los abusos. En la experiencia de Insyde hay un ejemplo elocuente: en más de tres años no hemos encontrado institución policial o procuraduría alguna que acepte usar una herramienta de control de la detención, diseñada en el marco de la Campaña Nacional contra la Tortura del propio instituto. Tal vez habría que entender, como hicieron en Nepal, que la reducción de la tortura no irá por la vía del control de los poderes policiales durante la detención. ¿Por dónde entonces?
La pregunta aplica al movimiento a favor de los derechos humanos en México en su conjunto: ¿por dónde sí y por dónde no hay esperanza de incidencia? A veces una foto puede cambiar la historia. A veces mil acciones repetidas pueden lograr pocos o ningún resultado. A la repetición de los patrones de violación se debe responder con la diversificación de las estrategias de promoción y defensa.
Por cierto, la historia también enseña que en el camino hay sorpresas. Miente la foto de 1963. El mayor impacto de la imagen derivó de que todos asumieron que el joven atacado por el perro, en un acto heroico, había aceptado entregarse a las fauces de la bestia. Pues no. El muchacho de la famosa fotografía no era un manifestante, era un espectador, y cuando el perro se le fue encima se defendió usando la rodilla para lastimar al cuadrúpedo. Pero, como bien señaló Walker, “una imagen habla más que mil palabras”. Acaso en la comunicación está el eje de la disputa por los derechos humanos. Lo averiguaremos.