Redacción Animal Político · 9 de marzo de 2023
La pesca artesanal es una actividad que poco ha cambiado a través de los años. Con técnicas y tecnología heredadas de generación en generación es una actividad que se sigue haciendo de la misma forma que como se hacía el siglo pasado. Parece que nada nuevo se puede inventar alrededor de una actividad que tiene mucho de tradición. Sin embargo, existen pescadores y pescadoras que buscan continuar esta actividad, pero de una forma diferente, con mayores beneficios para su comunidad y nuestros mares.
Gracias la invitación y colaboración junto a la Alianza KananKay para participar de un encuentro de pescadores/as, en Oceana hemos tenido la fortuna de compartir con ellos, y conocer personas maravillosas que están revolucionando sus comunidades gracias a una herramienta llamada refugios pesqueros, que son zonas destinadas a la conservación y recuperación de especies pesqueras claves y que indirectamente protegen el hábitat de especies importantes para la pesca, y otras especies que recuperar la abundancia de nuestros océanos.
Para explicarlo de manera sencilla: en un refugio pesquero se elige una o varias especies pesqueras para resguardar y no permitir la pesca durante un tiempo. Estas zonas permiten la agregación o reproducción de las especies generando su recuperación y produciendo un efecto de “derrama”, es decir, que haya tantos especímenes que estos ocupen nuevas regiones donde pueden ser aprovechados por la comunidad. De esta forma se asegura la disponibilidad a futuro de estas especies pesqueras y ya no se pesca hasta acabar el recurso, como suele ocurrir tradicionalmente. Esto último es insostenible.
Los refugios pesqueros también son una herramienta para generar nuevas actividades alrededor de la conservación de estas especies pesqueras, como puede ser el ecoturismo y la pesca deportiva ayudando a que – tal como señalan los pescadores- “los animales valgan más vivos que muertos” y generen una derrama económica sostenible en el tiempo.
En este enriquecedor intercambio entre pescadores de Campeche, Quintana Roo y Yucatán se compartieron experiencias y aprendizajes entre pares, quienes han tenido mayor experiencia utilizando esta herramienta han compartido lo bueno y lo malo con quienes tienen la idea de implementarlo en su comunidad. Este encuentro que ha resultado tan esperanzador que quisiera rescatar algunos ejemplos para este texto.
Las mujeres del mar son una cooperativa turística de mujeres, quienes ante la necesidad de obtener ingresos decidieron aprovechar el refugio pesquero con fines turísticos, de esta forma extranjeros ávidos de vivir la experiencia de la comunidad pagan por una vivencia que incluye desde alojarse en la casa de los pescadores hasta salir de pesca y cocinar recetas locales. Todo gracias a la conservación de los recursos pesqueros en Punta Herrero dentro de la reserva de la biosfera Sian Kaan.
En punta Allen, Quintana Roo, la cooperativa pesquera de Vigía Chico se alió con prestadores de servicio turísticos para llevar turistas a ver como se pesca la Langosta Espinosa y cocinarla. De esta forma quien quiera disfrutar de la experiencia puede vivir la comunidad desde dentro y puede hacerlo a través de los mismos pescadores. Los turistas son deleitados con la historia local de los primeros pobladores pesqueros de Punta Allen y luego prueban el sazón local con exquisitos platillos cocinado por mujeres de comunidad, todo gracias a un refugio pesquero que les permite gener recursos y no solo por medio de la pesca. de generar recursos.
Un caso similar representa un grupo de pescadores organizados en la localidad Xcalac en Quintana Roo, quienes hoy usan el refugio pesquero para llevar turistas a la pesca con mosca, una actividad de pescar y liberar que no solo es sostenible económicamente, también en términos de la conservación de los mares, permitiendo tener más peces en aquellos lugares donde años atrás era escasos.
Estos son solo tres ejemplos, pero hay más, mismos que fueron de gran ayuda para las comunidades de El Cuyo en Yucatán e Isla Aguada en Campeche, quienes se llevan ricas experiencias para compartir con sus pares para entusiasmarlos en la idea de crear un refugio pesquero en sus comunidades.
Puede que las artes de pesca hayan cambiado poco en el último siglo, mismas trampas, redes y embarcaciones que se han usado por décadas, pero lo que si ha cambiado es la mentalidad de los pescadores y pescadoras, involucrando más a las mujeres en la actividad y entendiendo que un mar rico y abundante es un beneficio para la actividad pesquera, para la comunidad local y para todos quienes habitamos este planeta.
Hoy, la pesca está siendo revolucionada por esta gente innovadora, que ha visto en los refugios pesqueros algo más allá que una forma de asegurar seguir pescando. Gracias a estos refugios se vende algo más que solo productos del mar, se venden experiencias que se pagan mucho mas caras que el kilo de pescado o langostas. Ganan las cooperativas, su comunidad y el mar… ganamos todos y todas.
* Miguel Rivas Soto (@migrivass) es Doctor en Ciencias (Ecología) por el instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México y Director de la campaña de Santuarios Marinos para Oceana en México. (@OceanaMexico).
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