#Reformamesta

blogeditor · 10 de septiembre de 2013

#Reformamesta

Al fin fue presentada la tan esperada propuesta de reforma fiscal o hacendaria por parte del presidente Peña Nieto. Había sido mucha la expectativa y la especulación con respecto a cómo iba ésta a venir, si ésta sería una propuesta de gran calado, con una visión sistémica, o una miscelánea fiscal más que sólo sería capaz de generar algunos recursos adicionales, pero sin pisar cayos a ningún grupo de interés importante, o al menos, de los que influyen en las decisiones de las altas esferas de la clase política.

Primero que nada, debemos darnos color sobre la situación política que está viviendo en este momento el país, con maestros manifestándose y paralizando no sólo Chilangolandia, sino ahora también algunos otros lugares del país (¡próximamente, en tu ciudad!) y que ha contribuido a polarizar a los ciudadanos, unos a favor del movimiento de maestros y otros en contra, sobre todo, por el hartazgo a su método de manifestarse. También tenemos a otro sector de la izquierda mexicana  que, abanderando la “lucha” en contra de la presunta privatización del petróleo mexicano y la empresa que ya sólo vive del recuerdo del “tata Cárdenas”, pone su costalote de arena a la polarización nacional.

Por si no fuera poco, tenemos al 43 por ciento de la población mexicana padeciendo algún nivel de pobreza e insuficientes recursos públicos para poderlos sacar de la barranca de la miseria, ya que comparándonos con otros países de América Latina, quienes recaudan más o menos el 27% de lo que su economía produce (PIB), México sólo recauda el 19%. Ya ni compararlo con los países más ricos del mundo que pertenecen a ese exclusivo club llamado OCDE, quienes recaudan en promedio el 46.5% de lo que sus economías generan. Además tenemos que PEMEX, la empresa de todos los mexicanos y mexicanas, aporta 40 centavos de cada peso del gasto público, porque tiene que pagar el 65% de sus ingresos en impuestos. Entonces, tenemos una baja recaudación pública y una alta dependencia de los ingresos petroleros, un crecimiento de la economía muy bajo y también casi la mitad de la población en pobreza. ¿Qué podemos hacer para cambiarlo?

El reto es recaudar más dinero para poder financiar programas sociales que beneficien a los sectores de la población más pobre, pero también que permitan que la economía crezca. Tarea nada fácil, ¿verdad?

La propuesta de reforma fiscal que presentó el presidente Peña Nieto el Domingo pasado propone generar mayores ingresos para financiar programas sociales, por eso la han denominado “Reforma Social” más que una reforma hacendaria.

Primero, es importante ver que la reforma abarca a los tres sectores sociales del país, los de menores ingresos (los que viven en pobreza), los de ingresos medios (clase media) y a los de mayores ingresos (sobre todo, al sector empresarial). El reto es cómo meter la mano en el bolsillo de unos, para dárselos a otros. A esto le llaman redistribución del ingreso (Algo así como Robin Hood o Estado Benefactor al estilo europeo).

Pero como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes.

Primero. La propuesta de reforma fiscal (social) pretende eliminar ciertos privilegios fiscales a los sectores de mayores ingresos, como es el impuesto a la compra de joyería (si yo fuera la Maestra Elba Esther, estaría muy preocupado). También busca cobrar un impuesto del 10% a las ganancias bursátiles, es decir, a las transacciones que se hagan en la Bolsa Mexicana de Valores. Justo este tema es interesante, porque en Europa se ha discutido mucho al respecto y países como Francia y Alemania se han opuesto rotundamente a establecer este tipo de impuestos, lo que implica que México se está lanzando antes que otros países a hacerlo. La propuesta de reforma fiscal busca al mismo tiempo, cobrar impuesto al reparto de las utilidades (dividendos) a los accionistas de una empresa (hay quienes consideran esto una doble tributación, dado que la empresa ya pagó impuestos por esas utilidades). Un aspecto importantísimo es la eliminación de la consolidación fiscal, que no es más que la posibilidad de que un grupo de empresas que son de los mismos dueños, compensen sus utilidades y pérdidas entre ellas para poder pagar menos impuestos, sobre todo, como resultado de estrategias fiscales. Además se considera eliminar tres cuartas partes de los tratamientos especiales (exenciones fiscales).

Segundo. Es claro que además se verá afectada en cierta medida, la clase media a partir del cobro de IVA a colegiaturas, hipotecas y renta de casas, así como también a los que compran coche y lo deducen, el cual pasa de 175 mil pesos a 130 mil pesos. Esto es muy probable que no sólo afecte a la clase media, sino también al sector automotriz quienes se ven beneficiados con la deducibilidad de la compra de coches.

Tercero. Es interesante que los impuestos panistas, como el IETU (o Yeti, por lo monstruoso que es) y el Impuesto a los depósitos en efectivo o IDE se hayan eliminado. El primero era algo engorroso para pagar, sobre todo para las personas físicas con actividad empresarial y para Pepe y Toño. Si bien era un impuesto a la venta con menos deducciones que el clásico ISR, su desaparición simplifica el pago de impuestos a muchos contribuyentes. En cuanto al IDE, su origen se justificó como una estrategia para determinar el grado de evasión fiscal y quiénes la practicaban, así como también para detectar movimientos financieros ilícitos. Espero que al menos haya servido para el primer objetivo, porque para el segundo, casi nadie sabe si fue utilizado para combatir eficazmente al crimen organizado. Bueno pues, esta propuesta de reforma fiscal, lo nomina y lo expulsa cual Big Brother.

Cuarto. Es obvio que los más beneficiados (o menos perjudicados) será el sector de menos ingresos, ya que no se generalizaría el IVA en alimentos y medicinas, pero sí habrán programas sociales nuevos para éstos, como el seguro de desempleo, la pensión universal, o el programa de excelencia educativa.

Quinto. Es interesante que fueron (de nueva cuenta, igual que en la propuesta de reforma energética) adoptadas algunas banderas de la izquierda, como lo de no generalizar el IVA a alimentos y medicinas, y también ampliar en cierto grado, la base impositiva al eliminar las consolidaciones fiscales y los regímenes especiales (como los REPECOS). Otro factor interesante es que si conjuntaron la reforma fiscal con la energética al proponer un cambio de esquema en el régimen fiscal de PEMEX, que haría que ya no tuviera que pagar tantos impuestos que hacían que en los últimos 10 años, el nivel de utilidad fuera de sólo el 2.4% y ahora pueda invertir parte de esos recursos en la propia empresa.

Todo este rollo es para ver que si ahora no habrá ni IETU, ni IDE, ni tampoco tantos ingresos provenientes de PEMEX, pero se piensa ampliar el gasto público, sobre todo en infraestructura (que reactiva la economía) o en programas sociales, ¿de dónde demonios va a salir el dinero?

Recapitulando. Aumentará el ISR a personas físicas que ganen más de medio millón de pesos al año (afecta a la clase media), se establecería un impuesto a las bebidas azucaradas (que es políticamente correcto, dado que México ocupa el segundo lugar en el Mundo con el mayor número de personas obesas, lo que genera costos altísimos a las finanzas públicas), se cobrará el IVA a colegiaturas (lo que afectaría a la clase media que manda a sus hijos a escuelas particulares), impuesto a chicles (ese está cotorro, pero nadie puede decir que es de la canasta básica de alimentos, porque no es un alimento), IVA a hipotecas y renta de casas (que también afectará sobre todo, a la clase media), IVA a alimentos de mascotas (que sobre todo, me afecta a mí, que soy padre de tres hambrientos gatos), la creación de un impuesto ambiental a combustibles fósiles importados (que no es más que volver a realizar el cobro del IEPS que se había dejado de hacer, que conocemos como subsidio a la gasolina y que tan sólo en el 2012 fue de 222 mil millones de pesos), se eliminará la posibilidad de hacer consolidación fiscal (que afecta al sector empresarial), se eliminarán los regímenes especiales, como por ejemplo, los famosísimos REPECOS (que afectará a Pepe, a Toño y a las grandes empresas)

En suma, el sector de menores ingresos tiene un beneficio moderado con la reforma, sobre todo por los programas sociales de los que podrá ser beneficiario; la clase media se ve afectada principalmente por los mayores impuestos a la renta y el pago de IVA a hipotecas, renta de casas y colegiaturas; y el sector empresarial, se verá afectado por la imposibilidad de consolidar sus finanzas y al desaparecer la mayoría de los regímenes especiales.

Como todo, siempre habrá ganadores y perdedores en cualquier decisión pública. Lo complicado es determinar quién será quién y en qué grado se verán o beneficiados o perjudicados. Es probable que el sector empresarial no esté muy contento, sobre todo, porque la propuesta de reforma energética no salió tal como esperaban (con las concesiones de largo plazo para la explotación de hidrocarburos), pero también han tenido algunos beneficios, como la reforma laboral. En una democracia es complicado tomar decisiones de este tipo, porque hay que negociar, y mucho. Decía la jefa de asuntos internos (contralora) de la Ciudad de Los Ángeles en California que la democracia era un método muy ineficiente para tomar decisiones y para ejercer la función pública, porque se tiene que tomar muchos puntos de vista y hay que negociar y en eso, se va la vida y el mandato.

Sin embargo, algo muy importante. Si las autoridades están pidiéndonos un esfuerzo mayor a los ciudadanos, sobre todo, a la población de ingresos medios y al sector empresarial para aportar más dinero al gasto público, será obligación de la autoridad decirnos en qué lo van a gastar y qué se logrará con cada peso de nuestros impuestos. No sólo en términos de que cada peso gastado sea reportado, sino en términos de calidad del gasto. No debemos olvidar que México es el país de la OCDE que más gasta por alumno en educación, pero ocupa el último lugar en calidad de la educación que éstos reciben. Parafraseando al gran filósofo norteamericano Bill Clinton: “es la calidad del gasto”.

A nosotros los ciudadanos nos toca aportar, pero también exigir y usar todos los instrumentos que estén a nuestro alcance para hacer que la autoridad gaste bien nuestros impuestos, como el recién publicado Programa de Gobierno Cercano y Moderno (PGCM), en el que para su diseño, participaron distintas organizaciones de la sociedad civil, como IMCO, GESOC, Fundar, México Evalúa, Inteligencia Pública y centros académicos como el CIDE. También tenemos los ciudadanos mucho por hacer.