blogeditor · 12 de agosto de 2013
Por: Carlos Alejandro Ibarra Cisneros (@carlosibci)
La reforma educativa es una reforma constitucional presentada por el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, dentro del marco de los acuerdos y compromisos establecidos en el Pacto por México. Fue aprobada por la Cámara de Diputados el 20 de diciembre de 2012 y por el Senado de la República el 21 de diciembre del mismo año. En febrero de 2013 la reforma fue declarada constitucional por el Poder Legislativo Federal, promulgada por el Ejecutivo el 25 de febrero de 2013 y publicada al día siguiente en el Diario Oficial de la Federación (DOF). Esta reforma contempla diferentes disposiciones como la creación del Sistema Profesional Docente, el cual implica que haya concursos de ingresos para los nuevos profesores así como para la promoción a cargos directivos y de supervisión para el nivel básico y superior.
También dispone la instauración del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), cuyas funciones serán evaluar el desempeño y resultados del Sistema Educativo Nacional. En este sentido, la evaluación magisterial no será voluntaria sino obligatoria para todos los maestros; además no será negociable, y por último, tendrá consecuencias jurídicas.
Otra novedad será la creación del Sistema de Información y Gestión Educativa, cuya intención es conocer el número de escuelas, profesores y alumnos, debido a que desafortunadamente hoy en día aún no tenemos un dato exacto de cuántos docentes tenemos en nuestro país. En este orden de ideas, se contempla el fortalecimiento de la autonomía de gestión de las escuelas para resolver los problemas de operación básicos, con el fin de mejorar su infraestructura y comprar materiales educativos.
Por otra parte se contempla el suministro de alimentos nutritivos y se prohibirá la comida chatarra dentro de los centros educativos. Y finalmente, se establecerán las escuelas de tiempo completo para que la jornada educativa sea entre seis y ocho horas y las instalaciones sean aprovechadas para el desarrollo académico, cultural y deportivo.
Por lo que se puede apreciar en estricto sentido, la reforma no cuenta con un proyecto que establezca hacia donde deberá ir encaminada la educación en el terreno pedagógico ni tampoco marca la pauta de cómo resolver los problemas primordiales del sector, como por ejemplo la desigualdad y el rezago educativo en el que se encuentran 32 millones de personas en el país, de las cuales 8.8 millones de mexicanos son analfabetas, sin duda una deuda social muy grande.
De igual forma, el nuevo Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación tendrá un gran reto para calificar de una manera justa a un docente de la Sierra de Guerrero o a uno de la colonia del Valle en la Ciudad de México. Y esto es un tema por demás delicado pues los maestros ya tendrán consecuencias jurídicas, es decir podrán perder su empleo por no tener una buena evaluación.
El Gobierno cuenta con los mecanismos para tener un control al interior del magisterio, sin embargo ahora tenemos el segundo problema en la escala de dificultades educativas: “Hay un rechazo de nuestros jóvenes por la historia, ha aumentado la reprobación de esta materia, comparable al alto índice de reprobación con las matemáticas”, como comenta Patricia Galeana, Directora del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). Es decir, hay una falta de interés generalizada en nuestros niños y jóvenes, por lo que hay otro gran punto de mejora en el sentido de brindar mejores herramientas pedagógicas que atrapen a los educandos y sientan el deseo de aprender.
No queda duda que aún tenemos un largo camino que recorrer para ir escalando del último lugar en educación que ocupa México en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Es un proyecto de nación que requiere un esfuerzo de todos porque como decía el abogado austriaco Peter Drucker “La educación ya no puede ser de propiedad exclusiva del estado”.
Escríbeme a [email protected]