Reflexiones sobre #TodosSomosPolitécnico

blogeditor · 15 de octubre de 2014

Lo que comenzó las últimas semanas de septiembre de 2014 en el Instituto Politécnico Nacional sin duda alguna puede ser catalogado como movimiento histórico estudiantil en el marco del Siglo XXI. Es claro que el apoyo por parte de la comunidad estudiantil politécnica existe y para muestra el número de estudiantes que han marchado codo a codo en las manifestaciones del 26 y 30 de septiembre. Sin embargo, al día de hoy cabe preguntarnos si la vigencia del movimiento aún existe.

La vigencia entra a discusión, más que por el tiempo, por las decisiones tomadas como movimiento en general en torno a la creación del pliego petitorio y el diálogo abierto con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Se ha dicho que antes del 30 de septiembre, día en que se entregó el pliego petitorio oficial, Osorio Chong habría charlado con algunos compañeros politécnicos en lo oscurito. Fuera de teorías conspiracionistas, que más que ayudar a entender el origen del movimiento y su dinámica terminan por dificultar la labor, este ejercicio de reflexión intenta aportar en la lucha y objetivos del movimiento.

La respuesta al pliego petitorio por parte del secretario sorprendió a más de uno, tanto dentro como fuera del movimiento. Prácticamente se le dio el sí a todas las demandas pedidas. Las mesas de análisis y discusión sobre la respuesta en las diferentes Escuelas Superiores y Unidades Interdisciplinarias del Instituto se han encargado de encontrar las fallas de dicha respuesta, con el objetivo de continuar la lucha estudiantil emanada. Es aplaudible la actitud crítica con la que los politécnicos tomaron la respuesta y no se dieron por bien servidos tras la afirmativa a sus demandas; sin embargo, preguntémonos, como comunidad politécnica, ¿y si lo que está mal no es sólo la respuesta, sino el pliego petitorio que en primera instancia dio posibilidad a ésta?

En dicho documento se puede observar la misma ambigüedad que se le acusa a la respuesta del gobierno federal, lo que nos lleva a repensar las formas en las que fue redactado y los mecanismos por los cuales quedaron esos puntos como demandas oficiales. Ahora que la contrarrespuesta se entregó, en ella se puede exhibir menos ambigüedad, quizá puntos mucho más claros que en el pliego petitorio, que pueden decirnos de cierta manera que los politécnicos aprendimos de la primera experiencia (y mantengo un grado de incertidumbre en esto, pues la asamblea general politécnica sesionó a puerta cerrada). Sin embargo, creo que se siguió dejando de lado cuestiones primordiales que podrían darle oxígeno al movimiento.

Es por ello que varias voces dentro y fuera del movimiento se han planteado la necesidad de ir a la raíz del problema. Porque el problema no es el Reglamento Interno y sus reformas, o la tecnificación de la educación que el politécnico –póngase énfasis en el sentido técnico del poli-, o el atentado al proyecto fundacional que el Gral. Cárdenas junto con Juan de Dios Bátiz generaron hace ya más de medio siglo. Creo que el problema reside en los procesos antidemocráticos y opacos en los que se generan dichas reformas. Es por ello que las demandas del movimiento deberían ir encaminadas a generar democracia dentro de éstos, que permita que las voces de estudiantes, docentes y personal de apoyo sean escuchadas.

Para ello, se ha propuesto la conformación de un Congreso Politécnico, figura temporal y multisectorial encaminada a pensar y definir la naturaleza y características del Instituto en beneficio de la educación laica, gratuita y científica para la sociedad mexicana. Dicho congreso estaría conformado en paridad, en igualdad de número y circunstancias entre los diferentes sectores. Bien puede ser ponderado, si es que el sentido paritario termina por generar un congreso que, en la realidad, le dé más fuerza a un sector de la comunidad politécnica. En él podríamos ponernos a discutir y a formular el tipo de planes y programas de estudio que rijan la generación de conocimiento dentro y fuera de las aulas; el área de investigación y desarrollo que ponga la técnica al servicio de la patria –definiendo en consenso lo que se entiende por patria-; los procesos y órganos que nos servirán para que los sectores sean representados, así como también el cómo se tomarán las decisiones dentro del Instituto. Quizá, y por qué no, el Congreso Politécnico defina la necesidad y pertinencia de la autonomía y hasta la reconfiguración de la naturaleza de nuestra casa de estudios, es decir, pasar de ser un Instituto a ser una Universidad, con todo lo que ello implica.

En segundo término, y que concierne a la movilización meramente estudiantil, se nos presenta la oportunidad histórica de conformar un Centro de Estudiantes, inspirado en los logros de la movilización estudiantil del cono sur, principalmente Chile y Argentina. La fuerza del movimiento da la oportunidad de organizarnos políticamente en una figura jurídicamente reconocida; el Centro de Estudiantes sería nuestro parlamento, nos permitiría consensar y generar demandas y propuestas que nos representen como comunidad estudiantil. Así, la voz de los estudiantes no sólo sería reconocida, sino también sería organizada y, por lo tanto, tendría un peso mucho mayor que el que se tiene ahora en la toma de decisiones fundamentales en el proceso de aprendizaje.

Por eso creo fervientemente que la discusión debe ir en esos dos sentidos. Quedarnos en demandas inmediatistas, tales como la destitución de una directora o director general, o la simple y llana abrogación (o derogación, o no puesta en vigor, use el término jurídico apropiado) de un Reglamento Interno que, si bien puede ir en detrimento de los sectores ya mencionados, gesta su sentido en la naturaleza opaca, antidemocrática y vertical de nuestro Instituto y, más aún, en la dependencia y subyugación de nuestro devenir a los caprichos y visión de la administración en turno. Y así los demás puntos (como la salida de la PBI y la no sustitución de ésta por “ningún organismo del Estado o privado” (sic)), que no resuelven de raíz el problema y la crisis que el Instituto Politécnico Nacional sufre en nuestros días.

En este sentido, la respuesta de la SEP a la contrapropuesta otorgada el pasado 10 de octubre por parte del movimiento, prácticamente pone el mismo hincapié en la creación del Congreso Politécnico. Más allá de posibles ambigüedades jurídicas o jugarretas de la administración federal, se encuentra la disposición, a través de las mesas de diálogo público propuestas por la dependencia, de crear dicho Congreso.

Es el momento para que el movimiento tome la palabra al gobierno federal, comience a buscar a sus mejores representantes para el diálogo y la generación de condiciones, no olvidando que de la creación de un Congreso Politécnico realmente incluyente y democrático dependerá el futuro y características del Instituto Nacional Politécnico que queremos. Confío en que esta jornada de lucha y activismo político –que no partidista- de la comunidad politécnica sea la antesala de un ejercicio democrático y académico que logre dar un paso hacia el fortalecimiento, por un lado, de la calidad de la educación científica y tecnológica del país, y por otro, a la creación y consolidación de organismos de decisión plurales y multisectoriales de carácter democrático dentro de las universidades públicas, asunto que nosotros los estudiantes de ninguna casa de estudios hemos podido institucionalizar.

Comencemos pues, a organizarnos, a discutir y a llevar a otros oídos nuestra propuesta. Porque el movimiento estudiantil sin la participación de los propios estudiantes, más allá de si existen éstos con militancia política, pertenencia a colectivos, ideología política, etc., tenderá a perder y perecer. Hacer escuchar nuestra voz, pensada y razonada, es la obligación de cada uno de nosotros.

 

* Leví Zabdiel Hernández Avilés es estudiante de la licenciatura en Economía de la Escuela Superior de Economía del IPN y coordinador de lo académico de Plataforma estudiantil: Construyendo Escuela, espacio generado por estudiantes politécnicos, para estudiantes politécnicos.