Reeducar para combatir la discriminación

blogeditor · 4 de enero de 2016

Reeducar para combatir la discriminación

La Ciudad de México se enfrenta a la persistencia de viejas conductas discriminatorias y al reto de construir nuevas normas donde la tónica de las relaciones sociales sea el respeto a la diversidad. Visibilizar lo que antes no se quería ver ha permitido que grupos de población que eran fuertemente discriminados, como las personas trans, salten a la plaza pública para exigir el reconocimiento y respeto de sus derechos y con esto modificar leyes y comportamientos sociales.

Ante ello, las y los dueños de establecimientos mercantiles, plazas comerciales, escuelas y otras fuentes de trabajo no saben cómo comportarse. Por un lado, temen discriminar por las consecuencias jurídicas que les puede acarrear; por otro, temen que las personas heterosexuales les recriminen su conducta “complaciente”.

[contextly_sidebar id=”8L2M01y6unU4vy0N2SP9kiPjSgwbJhFQ”]La apariencia ha sido motivo de discriminación hacia las personas trans, hemos construido estereotipos alrededor de cómo debe ser la apariencia de un hombre y de una mujer, sin embargo las personas trans nos están obligando a que repensemos el género binario. Negarles el acceso a los sanitarios a las mujeres trans es un motivo constante de discriminación en su contra, lo cual me hace recordar una problemática similar que vivimos las mujeres en el siglo XIX cuando irrumpimos en las fuentes de trabajo y solo había sanitarios para hombres. El cómo dirigirse a ellas y ellos es también un conflicto constante, pues muchas personas no saben si hablarles por el nombre registrado en su acta de nacimiento o por aquél con el que se sienten más identificadas o identificados, y aún más si están en proceso de transición; en este último son las niñas y los niños y personas jóvenes los más vulnerables.

En la Ciudad de México nos enfrentamos a nuevas normas sociales que en otras ciudades y entidades federativas de nuestro país no afrontan por una razón muy simple y a la vez muy grave: no reconocen los derechos de las personas trans, las invisibilizan.

La sociedad es un ente vivo y la cultura se va transformando, pero muchas veces el cambio legislativo y de política pública es más rápido que el cambio del comportamiento social. Por eso, el objetivo es reeducar a quienes viven o transitan por la Ciudad de México, brindándoles la información necesaria en torno a las causas de la discriminación y sus nefastas consecuencias, la simple criminalización no garantiza que no se incurra en conductas discriminatorias. Esta es una tarea que no se puede postergar porque puede ocasionar problemas graves de relación entre las personas. Debemos garantizar la inclusión, el trato igualitario y la equidad modificando la cultura.

Una prueba de que podemos lograrlo es que las denuncias por discriminación a personas gays y lesbianas en los espacios públicos han disminuido, y en las que se han registrado se ha logrado la reparación del daño. Por desgracia no ha ocurrido lo mismo en los espacios laborales, pero lo cierto es que las fuentes empleadoras que se resisten a ser incluyentes cada vez son más señaladas y saben que su comportamiento homofóbico o lesbofóbico puede atraerles sanciones.

Hoy, al cierre del 2015, las denuncias presentadas por la comunidad LGBTTTI por presuntas conductas discriminatorias representan el 9.31% del total recibido por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), un porcentaje similar al de las personas con discapacidad, quienes enfrentan una discriminación sistemática. La condición de salud es el segundo motivo por el cual se presentan denuncias en el Consejo, alcanzando un porcentaje del 12.42%.

En el imaginario social se ha construido la falsa idea de que se incluye a las personas con discapacidad cuando se hacen rampas o baños accesibles. Si bien es cierto que estas herramientas de accesibilidad son fundamentales, debe decirse que sólo resuelven una parte. Y en este punto me gustaría hacer una precisión: los elevadores de carga no suplen la necesidad de elevadores para personas con discapacidad, pues los de carga tienen una función distinta, además que la mayoría de las veces se encuentran en lugares alejados o escondidos, con lo que al obligar a las personas con discapacidad a usarlos como única opción de accesibilidad pareciera como si se les quisiera esconder, como si se les segregara.

El campo laboral para las personas con discapacidad sigue siendo inaccesible, pues no sólo se les niega el trabajo, sino que las fuentes empleadoras no cuentan con espacios ni equipos de trabajo que les permitan desempeñarse profesionalmente. Y aunque el Gobierno de la Ciudad de México ha desarrollado ferias del empleo y políticas públicas para facilitar que las fuentes empleadoras les contraten, es necesario abrirnos a la posibilidad de ser una ciudad incluyente y no sólo accesible.

A la par, es imperativo que se reconozcan los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad; y a quienes tienen una discapacidad intelectual se les debe garantizar en su caso, el derecho a tomar decisiones y a construirse una vida independiente.

El 72.67% de las personas que denuncian conductas discriminatorias en la Ciudad de México son mujeres, teniendo como motivo principal su embarazo (con un 41.62 %) que tiene como consecuencia en muchas ocasiones que las despidan. Las mujeres embarazadas son desechables en los trabajos, lo que se refleja en el hecho de que en incontables ocasiones no se les liquida o se negocia darles una liquidación mínima. El Gobierno de la Ciudad de México, por su parte, ha realizado esfuerzos para protegerlas en este momento tan importante de sus vidas brindándoles el seguro de desempleo, médico en su casa y protección para su hijo o hija desde la edad cero. Pero no se trata de que el gobierno cubra la responsabilidad de la fuente empleadora; son ellas y ellos los que deben asumir su responsabilidad y no jugar una doble moral y el camino es la sanción.

No debemos ver a los grupos de población en situación de vulnerabilidad como ajenos uno de otro o contrapuestos. Lo cierto es que los factores se suman y se potencializan. Debemos enfocarnos en que es la pérdida de trabajo el derecho más vulnerado cuando se discrimina por lo que hay que concientizar a las fuentes empleadoras y exigirles cumplas con brindar trato igualitario con equidad y sin discriminación. Avanzar en esta rama debe ser prioridad para el 2016.

Otro de los avances debe estar en los nuevos ordenamientos de normas sociales ya que los actuales ponen a grupos en situación de vulnerabilidad. Por ejemplo, habrá que ir rompiendo principalmente la perspectiva actual de género y roles sociales, al reconocer que su expresión es diversa y que no es necesariamente una relación directa con las preferencias u orientaciones sexuales.

Hay otras constantes recurrentes y transversales: la pobreza es la primera causa que detona la discriminación y ser de tez morena se coloca como la segunda causa de estar en una situación de mayor discriminación, afectando principalmente a las personas indígenas, quienes además muchas de ellas viven en pobreza, afectando también a otros grupos de población como las trabajadoras del hogar y personas en situación de calle. Dicho de otra forma, el racismo y el clasismo son los viejos motivos de discriminación que enfrenta la Ciudad de México sobre lo habrá que focalizarse y combatir este 2016.

 

* Jacqueline L’Hoist (@Jacquie_LHoist) es Presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (@COPRED_CDMX)