Gire · 19 de abril de 2012
Por: Dunia Campos, Comunicadora.
El desconocimiento de los métodos anticonceptivos, la poca información sobre la sexualidad, la baja escolaridad, la inadecuada comunicación familiar y el contexto cultural son algunos factores que intervienen en el crecimiento del número de embarazos no planeados entre las jóvenes.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año 16 millones de niñas en el mundo, entre los 15 y 19 años de edad, tienen embarazos y partos. En México, de acuerdo con información del Consejo Nacional de Población, uno de cada seis nacimientos ocurre en mujeres menores de 19 años. El Diario de Quintana Roo señala que dicho estado ocupa el primer lugar en adolescentes embarazadas.
Adriana Leona Rosales, especialista del Colegio de México, explica en entrevista con ese diario que la problemática tiene relación con que Quintana Roo es una zona turística, con una gran cantidad de población flotante, fenómeno que se liga a la falta de educación sexual.
Datos arrojados por la Encuesta Nacional de la Juventud 2010 señalan que en Querétaro, estado en el que se registra el menor número de embarazos adolescentes, la mayoría de los jóvenes dice conocer los métodos anticonceptivos pero no usarlos. Algo similar sucede en San Luis Potosí, entidad en la que han aumentado los embarazos a pesar de que a las menores se les habla de una sexualidad responsable. El año pasado se registraron 10 niñas embarazadas y de enero a la fecha se tienen contabilizadas 14, situación preocupante porque 25% de ellas ha reincidido: “ya tienen un bebé en brazos y ya viene en camino el segundo, y en la mayoría de los casos el padre no se hace responsable”, señala Bernardo Guerrero Zamarrón, funcionario del DIF estatal en entrevista con el diario Pulso de San Luis Potosí.
Tamaulipas es otra de las entidades donde se puede constatar el crecimiento en el número de embarazos no planeados: de cada 10 jóvenes menores de 18 años, cuatro se convierten en madres entre los 14 y los 16 años, según datos revelados por el doctor Jaime Emilio Gutiérrez, jefe de la jurisdicción sanitaria, al corresponsal del periódico Excélsior en el estado.
Para hacer frente a la situación y como una alternativa de apoyo a las adolescentes embarazadas que se ven obligadas a interrumpir sus estudios, en el estado de Durango se busca que una vez concluido el embarazo las jóvenes retomen su vida y vuelvan a la escuela. Hacia finales de marzo, el DIF estatal atendía en sus programas a 26 adolescentes embarazadas, señaló en entrevista con El Siglo de Durango Lucero González Hermosillo, procuradora de la Defensa del Menor y la Mujer.
¿Qué está haciendo el gobierno federal para cumplir con las Metas del Milenio, entre las que se encuentran la disminución del índice de embarazos adolescentes, el empoderamiento de la mujer, el combate del VIH-SIDA y el mejoramiento de la salud materna?
Los datos de entidades como Querétaro, Quintana Roo, Tamaulipas y Durango hacen que las declaraciones del presidente Felipe Calderón pierdan resonancia: “Puedo decir con claridad que, sin dejar de reconocer que tenemos problemas y muchos pendientes, en lo que toca a los indicadores del Desarrollo del Milenio, que son verdaderamente indicadores de desarrollo, México está mejor que hace once años que asumimos estos compromisos, punto por punto, indicador por indicador, combate a la pobreza, salud, medio ambiente, equidad de género, en muchas cosas, México está mejor que hace once años” (W Radio/ Septiembre 13, 2011).
No es posible compartir la apreciación del presidente Calderón ante la realidad que enfrentan las adolescentes embarazadas: la maternidad precoz disminuye las oportunidades de educación y trabajo, además de truncar su proyecto de vida. Por otra parte, el embarazo a temprana edad se asocia con mayor fecundidad; el Consejo Nacional de Población ha reportado que las mujeres que tuvieron su primer hijo antes de los 18 años, alcanzaron una descendencia de 4.8 hijos 12 años después del nacimiento del primogénito. Mientras que aquellas que tuvieron su primer hijo a partir de los 23 años presentaron una fecundidad de 3.2 hijos.
Cuando las mujeres se convierten en madres su vida se transforma: los tiempos y las rutinas se alteran. ¿Cómo esperar que una adolescente vuelva a su vida normal después de tener un hijo? Si para las mujeres adultas a veces resulta complicado adaptarse, ¿cuán difícil será para las menores de edad enfrentar una situación para la cual no están preparadas? Y no sólo tienen frente a sí un reto en el ámbito personal y familiar, también su vida corre peligro: la Organización Mundial de la Salud señala que el riesgo de morir por causas relacionadas con el embarazo es mayor en las adolescentes. Por la inmadurez de su organismo pueden presentar problemas de salud como anemia, hipertensión, diabetes y partos prematuros. La Dra. Raffaela Shiavon, directora de Ipas México, ONG internacional dedicada a servicios de salud reproductiva, ha señalado que las adolescentes corren un 60% de riesgo adicional, respecto a las embarazadas en edad adulta, de sufrir una muerte materna. Incluso ésta es considerada la cuarta causa de muerte adolescente después de accidentes de tránsito, homicidios o suicidios.
Los riesgos de salud que enfrentan las adolescentes embarazadas hacen patente la necesidad de acciones eficaces por parte del Estado, es necesario que los gobiernos locales y federal impulsen programas de educación sexual en todos los niveles. El problema no se remite únicamente al ámbito de lo privado, tiene repercusiones en la construcción de la sociedad en su conjunto y eso lo convierte en un tema de salud pública.