blogeditor · 20 de febrero de 2015
Einstein confesó que vestía austeramente para no ocupar su atención en el penoso ejercicio diario de elegir la ropa, ¿pero cuánto tiempo pasaba al día pensando en tetas? No se sabe, nadie le preguntó. Porque Einstein es el referente venerable de la mejor inteligencia científica. Si alguna vez se ha preguntado cómo lo estereotipos logran una dominancia cultural, revise esto: para la cultura general el estereotipo de la inteligencia elevada es un intelecto masculino, científico de botón al cuello y bragueta cerrada develando los misterios del universo. Sin embargo, la vida sexual de Einstein era animada y nunca faltó el melodrama doméstico. Se le conocen unas diez amantes y dos esposas, además de una misoginia delicadamente artificiosa que recuerda la neurastenia melosa de amor-odio del fin de siècle europeo. Las mujeres estaban ahí, ocupando espacio en su cabeza, más que las camisas o los calcetines de rombos, casi como en cualquier hombre sexualmente activo. ¿Pensar en sexo nos hace menos inteligentes?
La densidad sináptica del hipotálamo ventromedial -asociada al impulso sexual- es mayor en el cerebro de los hombres que en las mujeres. De acuerdo a los trabajos de la Dra. Terri Fisher, el hombre promedio heterosexual piensa en sexo cerca de 388 veces en un día, 16 veces cada hora. En contraste, una mujer promedio heterosexual piensa en sexo cerca de 140 veces al día, unas 6 veces cada hora, menos de la mitad que en el hombre. Esto sugiere una diferencia de la cognición sexual entre los dos géneros tradicionales, influenciada por el dimorfismo sexual y el rol de género. La cognición sexual es moldeada por la bioquímica de la reproducción y la adaptación entre los géneros. Ha evolucionado por presiones ambientales asociadas a la reproducción y también por cambios culturales, adecuándose a sobresaltos bajo límites sociales. Por ejemplo, hay pocos datos sobre la cognición sexual en identidades distintas a la heterosexual. Pero ¿cuánto afecta nuestra cognición sexual los procesos mentales?
El dimorfismo sexual incluye diferencias entre mujeres y hombres en el tamaño promedio del cerebro, la simetría de los hemisferios izquierdo y derecho, el radio de materia blanca/gris, la densidad sináptica del hipotálamo ventromedial, las estructuras que gestionan las emociones, el cuerpo calloso, entre otros. Históricamente, se ha utilizado el dimorfismo sexual y la variación evolutiva en el cerebro de mujeres y hombres para establecer una desigualdad entre los géneros, cuyo tema presenta interpretaciones engañosas e implicaciones socioculturales inmediatas. Los datos de la neurociencia son usados para establecer jerarquías culturales arbitrarias.
[contextly_sidebar id=”qU8YoI9cOtbWHE7z9s8Ze7eK8QSMaN8j”]Recientemente, en un nuevo estudio publicado en enero por la Universidad de Cornell se analizó el patrón de las conexiones en las redes neuronales en mujeres y hombres aplicando algoritmos de la teoría de grafos. Los datos analizados provienen de los mapeos neuronales colectados por el consorcio científico The Human Connectome Project, el cual realiza y almacena masivamente mapas de las redes neuronales en el cerebro humano. Los resultados sugieren que las redes neuronales en el cerebro de las mujeres están más eficientemente conectadas que en los hombres. La teoría de grafos es una herramienta matemática que estudia las propiedades de los vértices (nodos) y aristas (líneas) presentes en las conexiones de una red o sistema, lo cual puede proporcionar datos sobre la dinámica, flujo y patrones de las conexiones. Los algoritmos de la teoría de grafos se aplican actualmente en el tráfico de información de la World Web Net con sistemas complejos de conexiones múltiples. Nuestro cerebro es uno de esos sistemas, tiene cerca de mil millones de neuronas con un promedio de siete mil conexiones sinápticas por neurona.
No se sabe si hay una correlación entre la cognición sexual y el tráfico de información en las redes neuronales. No parece una pregunta válida preliminarmente. Tampoco se sabe cuál será el nuevo estereotipo de inteligencia elevada para la cultura del siglo XXI, si éste será un intelecto masculino o femenino, pero muy posiblemente seguirá siendo asexual, de botón al cuello y alma grave. Platón en su caverna.
* Francisco Riquelme es (@FCO_RIQ) Paleontólogo y Doctor en Ciencias por la UNAM.