Reconstruirse, para volver a vivir

blogeditor · 12 de junio de 2022

Reconstruirse, para volver a vivir

La última novela del escritor israelí David Grossman (Jerusalén, 1954), La vida juega conmigo (Lumen, 2021), se basa en acontecimientos de la vida real. En el centro del relato está la vida de Eva Panic-Nahir (Vera en la novela), que muere en 2015.

Ella, que entonces vivía en Israel, había leído al escritor y un día se decidió llamarlo, para contarle su historia. Se encontraron. Grossman dice que “nunca había conocido a una personalidad como la suya. Era alguien sin filtros, rigurosa y casi una fanática, pero al mismo tiempo cálida y cariñosa”.

Y añade que la suya “era una época en la que los valores eran más importantes que las personas. Espero que los lectores no la juzguen negativamente de forma categórica. Creo que para eso sirve la literatura, es como un tribunal de primera instancia al que se puede apelar”.

Eva es una judía que nace en Croacia y el régimen que encabeza el mariscal Tito la obliga a tomar una terrible y desgarradora elección. Se le pide que delate a su marido, acusado falsamente de espionaje a favor de la URSS, o de otra manera tendrá que ir al campo de concentración en la isla de Goli Otok.

Negarse implica dejar a su hija de seis años. Por conciencia y amor a su pareja se niega a traicionarlo y es enviada al campo de concentración. El escritor después conoció a la hija de Eva, Nina en la novela, la niña abandonada, que tiene que aprender a perdonar a su madre por haber elegido no denunciar a su marido, sabiendo que la dejaría sola. Crece entre familiares, pero no con su madre.

En la estructura de la historia están presente tres mujeres; Vera, la madre encarcelada; Nuria, su hija abandonada, y Guili, la nieta y la hija de esta última. En la novela nos encontramos con disyuntivas personales, debates éticos y la vida de personas en las circunstancias complejas que les ha tocado vivir producto de la guerra, la persecución y los campos de concentración del socialismo real.

Para Grossman tiene un profundo sentido una frase de Stalin, el dictador ruso, que alguna vez con un cinismo aterrador dijo: “Una sola muerte es una tragedia, un millón de muertes son estadística”. El novelista hace presente la tragedia. Individualiza el drama de una vida en concreto y los efectos que tuvieron sus decisiones.

El novelista ha dicho: “Escribo sobre gente que ha experimentado grandes pérdidas o fueron traicionadas por sus familias y sufrieron un trauma profundo. Elaborar esas historias, no dejar que se fosilicen, contarlo con palabras, analizar el porqué de una forma más madura es liberador. Se trata de añadir capas de humanidad en el relato y establecer una suerte de arqueología humana”.

En la historia que se narra se plasman acontecimientos que no deben olvidarse como los que vive Eva, la violencia de la dictadura socialista y campos de concentración como los de Goli Otok, para castigar a supuestos enemigos del régimen o a quienes no se someten a sus designios. Es tomar conciencia de la situación límite donde los seres humanos son puestos a pruebas terribles.

Para Grossman el relato de Eva fue un descubrimiento porque “no sabía nada de Goli Otok, este centro de castigo y exterminio. Oír las brutalidades que se cometieron allí es como hacerlo de Auschwitz. Por lo menos allí sabías quienes eran los malos”. A partir de esa historia el mariscal Tito dejó de ser un héroe de la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra el nacismo, para ubicarse como un déspota torturador.

Uri, el hijo menor de Grossman, murió cuando cumplía el servicio militar durante la guerra del Líbano. Esa pérdida ha estado presente en todas sus novelas. El escritor ha sido un defensor de la creación de dos estados, porque la fórmula dos naciones un estado, siendo realista, puede parecer “una buena idea” pero por desgracia no es nada “factible”, como lo ha señalado en repetidas ocasiones.

El autor construye personajes, a partir de la realidad, de una gran densidad humana. Mujeres y hombres que se enfrentan no solo a momentos excepcionales sino a la cotidianidad. Que son capaces de sobrevivir y recrearse. De volver a empezar. De reponerse de las pérdidas más terribles. La vida sigue y hay que vivirla con intensidad, pero también en la búsqueda de la felicidad.

La vida juega conmigo

David Grossman

Editorial Lumen

España, 2021

pp. 336

Versión original: La Traducción el hebreo al español es de Ana María Bejarano.

@RubenAguilar