Reconocer el poder de las mujeres en la fuerza laboral

blogeditor · 11 de marzo de 2021

Reconocer el poder de las mujeres en la fuerza laboral

Ceder y abrir espacios a más y más mujeres extraordinarias en el país es indispensable para construir en colectivo una sociedad más igualitaria e incluyente. Esta semana cedo este espacio a Bita Aranda, una mujer inspiradora que he tenido la fortuna de cruzar en mi camino.

Luis F. Fernández

 

 

Las niñas en México, hoy, crecen llenas de mensajes y restricciones que las recluyen de ciertos espacios. Desde niñas se nos ha limitado la libertad y autonomía al desarrollo de nuestra personalidad, nuestras habilidades y nuestra planeación de vida. Desde el juego, crecemos creyendo que la mejor forma de contribuir en nuestra sociedad es a partir del servicio y la atención y, en muchas ocasiones, se nos plantea que esa contribución tiene que ser desde el espacio privado, en la crianza de una familia.

Esto ha generado lo que hoy se conoce como segregación ocupacional, un fenómeno que lleva a que las mujeres, cuando ingresamos a la fuerza laboral, seamos mayoría en labores de cuidados, servicios o apoyo. Las mismas limitaciones que nos llevan a la segregación ocupacional nos llevan al desarrollo o aplicación de habilidades de gestión, organización y liderazgo —mismas que todas las personas, en nuestra naturaleza humana y sin distinción de género, somos capaces de desarrollar y ejercer—.

Al crecer, nos enfrentamos a la necesidad de aplicar nuestras habilidades de una u otra forma para obtener un ingreso económico que nos permita solventar gastos que no podemos eliminar como la alimentación, la vivienda, la salud y la educación que, aun cuando gratuita, genera costos de inversión en cosas como materiales o uniformes escolares. La necesidad de ingresar a la fuerza laboral parece ineludible.

Formal o informal, la fuerza laboral es ese grupo poblacional que ingresa al mundo donde se desarrollan productos, servicios, medios de comunicación y políticas públicas que mantienen a las sociedades económicamente activas y productivas, pero que están lejos de ser sociedades de igualdades y garantes de derechos. Es en la fuerza laboral donde están la mayoría de las decisiones que pueden afectar o beneficiar a las masas.

Por ejemplo, en las clínicas, hospitales, laboratorios y farmacéuticas hay un número amplio de personas que trabajan para que el complejo sistema de salud se comporte como hoy lo hace, aun cuando sea un sistema centrado en la atención inmediata y muchas veces inhumana a padecimientos crónicos y no en la prevención de enfermedades y atención digna a los pacientes. En esta fuerza laboral en particular, la limitación por los estereotipos de género nos lleva a que las mujeres seamos mayoría en tareas relacionadas con el cuidado y el servicio, como ser encargadas de las tareas administrativas, ser enfermeras, cajeras en farmacias, etc.

Por otro lado, los chicos crecen con mensajes de convertirse en el proveedor y el sustento económico de los hogares; por lo tanto, son impulsados a desarrollar habilidades técnicas y de impacto que les permitirán ingresar y escalar en la fuerza laboral de manera mucho más natural que a nosotras. El estereotipo de género que dicta que los hombres deben ser proveedores los lleva a salir en búsqueda de oportunidades laborales que constantemente incrementen la posibilidad de remuneración e ingreso. Mientras tanto, las mujeres que cuidan pueden no ser el sustento principal de un hogar o no serlo en absoluto y no tener libertad financiera.

¿Y dónde están los mejores salarios? En los espacios de liderazgo. Ahí donde se toman las decisiones que han construido la realidad en la que hoy sobrevivimos. Sí, la fuerza laboral mantiene las sociedades económicamente activas y productivas, pero también es donde se podrían crear las soluciones a los grandes dolores sociales que nos ha traído la concentración de una vida en torno al capital.

Diversos estudios demuestran que la representación en el espacio de toma de decisión lleva al desarrollo de productos, servicios, mensajes de comunicación y políticas públicas más incluyentes, más efectivas y menos sesgadas. Un reciente estudio del Center for Applied Biomechanics de la Universidad de Virginia demuestra que si bien los automóviles son cada vez más seguros, las mujeres aún tienen 73% más probabilidades de sufrir lesiones en las coaliciones. Hace no muchos años, los choques automovilísticos eran 40% más mortales para las mujeres que para los hombres porque, en su construcción y pruebas de choque, se utilizaban solo muñecos o dummies con una corporalidad muy específica: la de un hombre. Y no la de cualquier hombre: un hombre en sus treintas, con una altura y peso determinados. Esto no solo dejó fuera a otras corporalidades masculinas, sino que las diferencias biológicas con las que nacemos algunas mujeres no fueron consideradas en lo absoluto en el desarrollo de los protocolos de seguridad de los vehículos, entre otras cosas, porque no estuvimos ahí para decir “oye, ese muñeco no solo no me representa a mí y a mi corporalidad, sino que no representa a la mayoría de la población”. Esto es el resultado de que a las mujeres no se nos impulse a continuar carreras en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas, donde todavía somos solo el 25% de la fuerza laboral.

Si bien las mujeres siempre hemos existido y resistido, nuestra invisibilización o participación limitada en espacios predominantemente masculinos nos había mantenido resistiendo desde el margen, atrás de una valla que amuralla las mesas donde se están tomando las decisiones que atraviesan nuestras vidas y donde se desarrollan soluciones y servicios para la población en general.

La exclusión y el silenciamiento de las mujeres y las niñas crearon sistemas patriarcales, violentos y desiguales para nosotras, pero además limitaron que nuestras habilidades e intereses estuvieran presentes en los planteamientos de soluciones. Nosotras no solo creamos para mujeres. Al contrario: en nuestro potencial humano pueden estar las soluciones para los distintos males globales. O, explicado de forma más sencilla, “en una mujer puede estar la cura contra el cáncer”.

El 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y me gustaría que conmemoráramos a todas las mujeres que, desde su lucha y resistencia, han abierto grietas de oportunidad de esa histórica valla amurallada, que han permitido que cada vez más de nosotras podamos ingresar a la fuerza laboral y participar activamente en la toma de decisiones más espacios.

Las mujeres no solamente somos la mayor fuerza de oposición del país, además somos la fuerza que puede ayudar a construir una sociedad más justa. Las que salimos a marchar y fuimos gaseadas por las fuerzas policiacas somos las mismas que estamos en las empresas, las ONGs, las escuelas, los medios de comunicación, los hospitales, los congresos y los partidos políticos, promoviendo y postulando agendas y acciones que garantizan condiciones más igualitarias para todas las personas. Y es hora de que nos lo reconozcan.

* Bita Aranda (@BitaAranda) es feminista transincluyente. Integrante de @AunaMexico. La autora agradece la edición de Sylvia Rodriguez.