Redacción Animal Político · 20 de abril de 2025
Hace unos días, mientras scrolleaba en la internet, me topé con el canal de Youtube del pódcast Call Her Daddy, de la presentadora estadounidense Alex Cooper, nombrada por la revista Time como la “mujer más exitosa en el podcasting” tras firmar en 2021 un contrato exclusivo con Spotify con un valor de 60 millones de dólares. En el pódcast, Cooper entrevista a personas con diferentes caminos de vida, desde influencers hasta políticos, artistas y deportistas, lo que generó que la revista Rolling Stone la llamara “la Barbara Walters de la Generación Z”. Su canal de YouTube tiene 1.22 millones de suscriptores y su pódcast fue el segundo más popular de Spotify a nivel global en 2024.
El 25 de febrero de 2025, Cooper entrevistó en Call Her Daddy a Monica Lewinsky. Si bien la intención original era que Lewinsky presentara su nuevo pódcast “Reclaiming Monica Lewinsky” (traducido como “Reclamando a Monica Lewinsky”), era inevitable que hablara de los hechos que la hicieron mundialmente conocida a partir de 1998. Para quien haya vivido debajo de una piedra, o sea muy joven y no sepa o no recuerde quién es Monica Lewinsky, les refresco la memoria: ella fue becaria de la Casa Blanca durante la administración del presidente Bill Clinton y en 1998 se hizo pública la relación sexo-afectiva que sostuvo por dos años con el entonces presidente, casado además con Hillary Clinton, primera mujer nominada a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata en 2016.
Los hechos salieron a la luz como parte de otra investigación en contra del presidente por acoso sexual. Una compañera de Monica entregó al fiscal a cargo de la investigación una grabación en la que ella le contaba los detalles de la relación que tenía con el entonces presidente. Cuando sucedieron los hechos, Monica tenía sólo 23 años.
Si nos remontamos a lo que sucedió mediáticamente, no podemos dejar de recordar las constantes intimidades que se hicieron públicas: la evidencia del famoso vestido azul de Monica manchado con semen del presidente, así como los diversos calificativos degradantes en su contra y que no vale la pena mencionar aquí. Ninguna persona está preparada para vivir semejante vejación a la intimidad a nivel mundial, mucho menos una mujer de 23 años que está abriéndose camino en el mundo.
Escuchando esa entrevista, no pude dejar de pensar: si esos hechos hubieran salido a la luz en 2025 y no en 1998, ¿hubiera sido diferente el juicio mediático contra Monica? ¿Fue justo lo que vivió en ese entonces y sería justo si lo viviera ahora? ¿Fue justo que sólo se hablara de Monica? ¿Fuera del ámbito político y legal, por qué nadie hablaba del comportamiento de Clinton? Si bien la reflexión natural sobre este asunto debería enfocarse hacia la violencia, roles y estereotipos de género, así como la violencia simbólica, mediática e institucional, pienso que la justicia tiene un papel importante en la apreciación de este tema.
En estas reflexiones sobre la justicia, recordé el afamado texto “Teoría de la Justicia” de John Rawls, profesor de filosofía de la Universidad de Harvard. Entre sus diversas teorizaciones sobre la justicia, él señala que una sociedad está bien ordenada no sólo cuando es organizada para promover el bienestar de sus integrantes, sino también cuando hay una concepción pública eficaz de la justicia, en la que cada integrante acepta y sabe que los demás aceptan los mismos principios de la justicia, y las instituciones sociales de dicha sociedad satisfacen y creen en estos principios.
También refiere que una sociedad es una asociación más o menos independiente de personas, que en sus relaciones reconocen ciertas normas de conductas como obligatorias y que, en su mayoría, actúan conforme a ellas. Pues bien, en relación a este caso, no vamos a juzgar sobre si actuaron bien o no, pero sí es importante reflexionar que conforme a los valores de la sociedad, ninguna de las personas involucradas actuó conforme a lo esperado. Sin embargo, a casi 30 años de los hechos, seguimos recordando a Monica Lewinsky como la “amante becaria”, y a Bill Clinton como un presidente demócrata de Estados Unidos. Es raro que a él se le asocie a dichos hechos, mientras que a ella, quien tiene más de 50 años, se le sigue nombrando como se acaba de mencionar.
Rawls también dice que se le impone el calificativo de justo o injusto no sólo a las leyes, instituciones y sistemas, sino también a acciones particulares de muchas clases, incluyendo juicios o imputaciones. Yo agregaría, incluso, opiniones. A casi 30 años de los hechos, es una acción particular seguir reflexionando sobre qué es justo para cada persona, y una invitación para reflexionar cómo se construyen y perpetúan las historias de vida de las personas. ¿Qué tan dispuestos y dispuestas estamos a cuestionar las versiones que heredamos? Sí podemos asumir con responsabilidad el modo en el que hablamos, recordamos, y juzgamos hoy. Rawls nos enseña que la justicia no sólo es una cuestión de normas, sino de principios compartidos y de voluntad colectiva para sostenerlos y actualizarlos.
Espero que en su nuevo pódcast, Monica Lewinsky pueda reclamarse a ella misma.
* Paulina Galicia (@PauGalicia) es abogada y maestrante en Derecho por la UNAM. Es especialista en temas de género y colabora en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.