Redacción Animal Político · 5 de mayo de 2023
“Abuelita, soy yo, la nieta que usted trajo al mundo hace 15 años, quiero agradecerle por haberme salvado la vida, mi madre me dice que nací casi muerta y usted me revivió dándome unas palmadas para sacar todo lo que me había tragado al momento del nacer”. 1
Es el agradecimiento que hizo una adolescente a Victoriana Gutiérrez Vásquez, comunera de Tlahuitoltepec, quien lleva cerca de 45 años siendo partera, al igual que otras 15 mil mujeres 2 en México, a las que el sistema de salud ha apellidado “tradicionales”. Ellas, que desde tiempos milenarios han apoyado a otras mujeres y a las infancias a preservar la vida, ayudando a reducir las desigualdades en el acceso a la salud.
En 2016, el Instituto Nacional de Salud Pública llevó a cabo un evento sobre partería en México, donde Rafael Lozano, entonces director del Centro de Investigación en Sistemas de Salud, señaló “en un país como México, donde el 96 % de los nacimientos ocurren en áreas hospitalarias, es indispensable buscar alternativas para aliviar la carga que la atención al parto imprime al sistema de salud, como la partería, uno de los oficios más antiguos”. 3
Esta declaración generó esperanzas en las parteras porque parecía una intención de afrontar la violencia y el racismo que el sistema de salud ejerce sobre ellas, lo que las orilla a renunciar a su labor, perder confianza en su sabiduría y quedarse en el rol de asistentes de salud que sólo canalizan a las parturientas a los hospitales, donde, por cierto, tampoco se brinda un buen trato a las mujeres indígenas.
La Organización Mundial de la Salud designó el 2020 como año de las parteras para reconocer la labor nodal que realizan para reducir las tasas de morbilidad y mortalidad relacionadas a embarazo, parto y puerperio; y para garantizar el bienestar de las mujeres, niñez y comunidad.
Sin embargo, el debilitamiento del trabajo de las parteras es claro en los números, como refirió la organización Kinal Atzetik en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas en 2019: de 43 % de partos atendidos por parteras en México en 1987, pasamos a sólo 1.9 % en 2018. Ese ha sido el efecto más claro del racismo donde se impone un sistema de conocimiento occidental a lo indígena.
Ante esto, la partera Amalia de Chiapas preguntó en el Encuentro de la Agenda Nacional de Partería, 4 celebrado en noviembre de 2022 en la Ciudad de México ¿para qué nos llevan a los hospitales?, ¿para qué quieren que se atiendan ahí nuestras hermanas indígenas? Si de todos modos nos tratan mal por cómo nos vestimos, por cómo hablamos, porque venimos de comunidad. Que dejen de estar persiguiéndonos, ¿acaso quieren controlar quienes tienen derecho a nacer?
En ese evento, las parteras hicieron tres peticiones fundamentales: relación de respeto y colaboración del sistema de salud para ejercer su labor en libertad, garantizar el derecho de las mujeres a decidir si quieren parir con partera o en un hospital y que se respete el derecho de la niñez a la identidad, garantizando la emisión de certificados de nacimiento sin condicionar si el parto fue atendido por una partera o por un médico o médica.
Otras formas de reconocimiento que las parteras consideran importantes es que en las actas de nacimiento aparezca el nombre de la partera que recibió al bebé, del mismo modo que aparece el nombre del juez del registro civil; que se les garantice el acceso a servicios básicos de salud para las parteras, sobre todo en la enfermedad o vejez. Apolonia de Guerrero dijo: hoy que estoy joven y fuerte puedo acompañar a mujeres y defenderlas para que las atiendan bien, pero qué pasará si yo me enfermo, quién vendrá a cuidarme a mí y quién va a dar el dinero para mis gastos médicos. La demanda concreta fue que se brinde seguridad social a las parteras como se hace con las personas trabajadoras del gobierno, dado que ellas también trabajan por el acceso a la salud.
Las parteras expresan que la pandemia por COVID-19 dejó al descubierto las desigualdades, los hospitales restringieron sus servicios y, además, muchas mujeres se atendieron con parteras en vez de ir a los hospitales por temor al contagio. La pregunta es ¿por qué en el momento de la pandemia el sector salud lo permitió y por qué ahora que se regresa a “la normalidad” ya no permite? Con esto se deja claro que no es porque no sabemos, sino porque ellos no quieren perder el control.
Hablando en datos, el INEGI reportó que en 2021 se atendieron 91,336 partos en domicilio particular, la mayoría por parteras, lo que representa el 4.8% de todos los partos atendidos en el año (1 912 178). 5
El Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB) y la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas (ANPMI) trabajan en alianza para fortalecer la articulación de la red de parteras Nich Ixim con la intención de que sus exigencias resuenen a nivel nacional con otras articulaciones. También acompañan a la Red Koolel de Campeche, que propicia espacios de encuentro de las parteras con las nuevas generaciones para reivindicar su rol clave en el acceso a la salud de las mujeres y la niñez.
Por las 15 000 parteras registradas, por las que aún no están registradas, por Victoriana, Amalia, Apolonia y Ofelia; desde el ILSB reconocemos a las parteras y este 5 de mayo hacemos eco de sus exigencias que no implican más que voluntad política, garantía y reconocimiento a sus conocimientos y trabajo.
* Zenaida Pérez es coordinadora del Programa de Mujeres Indígenas PROMUI del ILSB.
1 Adolescente que visitó a Victoriana Gutiérrez, en la farmacia Comunitaria Oprosamix, donde ella atendió hasta el 2022 junto a una serie de médicas tradicionales que curan con herbolaria.
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