Rubén Aguilar · 22 de febrero de 2011
La lucha contra Sendero Luminoso se dio por terminada oficialmente en 2000. Dejó un saldo de 70 mil muertos en una guerra que se extendió por más de diez años y alcanzó niveles de violencia brutales entre la guerrilla y el Ejército peruano. Lo que se pensó que había terminado para siempre, ha vuelto a renacer.
Después de la captura de Abimael Guzmán, el legendario y mesiánico líder histórico senderista, en 1992, lo que quedó de la guerrilla se refugia en la jungla de Vizcatán, una región de 650 kilómetros cuadrados en el valle de los ríos Apurímac y Ene, que se conoce como la VRAE y que es hoy la mayor zona productora de hoja de coca en ese país. Ahí se han hecho fuertes y desde ese lugar expanden su campo de acción.
La reaparición de la guerrilla senderista coincide -es parte de ella- con el desarrollo de la producción de cocaína en el Perú. En 2007, cuando ésta se hace de nuevo notar, los narcotraficantes peruanos produjeron 290 toneladas de cocaína: la cifra más alta de los últimos diez años según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La producción bajo su control tiende a crecer.
Los senderistas mantuvieron un muy bajo perfil por cerca de quince años, pero empiezan a incrementar su fuerza y capacidad operativa en la medida que asumen el modelo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que combina la producción y venta de la cocaína con las actividades político-militar propias de la guerrilla.
Los servicios de inteligencia peruanos ubican a Víctor Quispe Palomino, “compañero José”, que estudió antropología, a su hermano Jorge, “compañero Raúl” y Leonardo Humán Zúñiga, “compañero Alipio”, como la dirección del actual movimiento. La fuerza de tarea es todavía pequeña, pero día a día se incrementa.
Quienes estudian el tema estiman que la guerrilla para inicios del 2010 contaba con unos 350 efectivos armados viviendo en la selva y empleaban a unas 500 personas que trabajan para ellos en la producción y la venta de la cocaína. El aumento de la producción de la coca en Perú no se explica sin el nuevo desarrollo de Sendero Luminoso como una organización narcoguerrillera.