Redacción Animal Político · 11 de julio de 2025
“¿Cuánto más horrendo puede ser?”.
Escuchado por ahí, un día cualquiera en este México que somos.
¿A quién puede uno creerle en la lucha libre? Hemos crecido sabiendo que es maroma y teatro. Que los golpes no son golpes y que el negocio es el verdadero réferi. Al menos, eso nos han dicho. Pienso esto mientras en una de mis pantallas se proyecta un encontronazo ya casi clásico de la política de nuestros días. TikTok me recuerda que la palabra “bellaco” es razón memética para cuestionarnos cómo alguien a quien hoy le recuerdan la progenitora de manera viral terminó siendo presidente del Senado o cómo quien lo llama así logró saltar de la TV a Morena y de ahí al PAN, haciendo de su capacidad para generar atención mediática su principal característica como senadora.
Le creo más a la lucha libre que a los reality shows. Y digo eso porque lo que estoy viendo tiene más elementos de un acto guionado que de un recinto legislativo.
Una escena más: senadora cuyo rostro ha aparecido en vehículos dedicados a atender médicamente a la población de Chihuahua discute airadamente en el espacio de Azucena Uresti con otra senadora. Risas burlonas, descalificaciones, declaraciones que con el paso de los días terminarán siendo una polémica más alimentan la escena. Ambas son senadoras pero en esta sección radial me recuerdan escenas de La Casa de los Famosos o Rica Famosa Latina, virales y accesibles en toda pantalla. Azucena: tú eres la verdadera réferi.
Crestomatía: las innumerables escenas virales que a siete años de su inicio nos han regalado (¿?) las conferencias mañaneras de presidencia. Frases para la historia de nuestra diplomacia como “Fuchi caca” y “Ahí están las masacres” o la tristísima y muy repetida promesa que nos iguala con Dinamarca en cuestiones relacionadas con el sistema de salud. Palabras que siguen y seguirán rondando por ahí ad infinitum.
En medio de esto, regreso al libro “No soy un robot”, de Juan Villoro (Anagrama, 2024), que desde el año pasado ha sido una fuente de madrazos. Al abordar el tema de los reality shows, Juan es contundente. Una frase: “a medida que la realidad se desdibuja surgen espacios que la sustituyen. ¿Cómo convencer de que eso es auténtico?”.
¿Quiero y puedo creer en los personajes que protagonizan este momentum político que se asemeja tanto a un reality show? De nuevo: quiero y sobre todo: ¿puedo? Soy un iluso al pensar que es deseable tener gente en la política que gracias a su trabajo se defienda, que con ello genere respeto. Ya ni pensar en admiración: que solo trabaje y que tal sea su carta de presentación.
Con esta idea en la mente y apenas unos párrafos después viene yet another madrazo cortesía de Villoro, otra vez. Una pregunta suya: ¿es interesante contemplar personas peores que nosotros? Me pregunto eso y luego recuerdo que todos los casos que he visto recientemente en mis pantallas son de personas en la política con miles y hasta millones de seguidores. Aparentemente no hay “Fuchi, caca” para tales casos.
Otro madrazo: “cada vez son más frecuentes las sagas televisivas en las que todos los personajes resultan desagradables”. La lista mental de personajes de la política que caben en esa categoría es larguísima. Qué horrendo que en esta era de la posverdad de este show no se pueda expulsar a los personajes. No, porque acá gobiernan, legislan, quieren gobernar o quieren legislar. En los reality shows cuando se rompen las reglas se sanciona a quienes participan. En cuestiones políticas eso no siempre está en el guión. Y eso impacta horriblemente en la vida de quienes habitamos este otro lugar en el que ellos y ellas son solo figuras en la pantalla.
Termino este texto con una frase (la traducción es mía) de Lindy West en “The Witches are Coming” (Hachette, 2019): “Los reality shows, como todos sabemos ahora, tienen un guión. Este es el vestigio más aterrador de la carrera televisiva del presidente Trump: en su mundo, la realidad no dicta el guión: el guión dicta la realidad”.
Viniendo de un país donde ya fue presidente una fallida figura de la televisión, probado generador de mentiras y musa andante de memes y burla mediática, pienso que es mejor reír. Aunque no puedo. Y no hay scroll down que pueda con ello.