Redacción Animal Político · 18 de junio de 2024
México tiene nueva virtual presidenta electa, la primera mujer que gobernará nuestro país en doscientos años. El pasado 2 de junio Claudia Sheinbaum ganó de manera arrolladora con una diferencia de más de 30 puntos dejando muy atrás a la candidata de la oposición. Casi 36 millones de personas votaron por ella, esto quiere decir que, entre todos los niveles, edades y sectores, su ventaja fue absoluta o en el menor de los casos empató con Xóchitl. Los comicios se vivieron con intensidad, nerviosismo y emoción por ser una elección histórica. La ciudadanía sabía que estaba participando en un proceso único, en un evento de primera vez.
El anuncio del rotundo triunfo de Sheinbaum se dio cercano a la medianoche, así que fue al día siguiente y en los días que le precedieron que las reacciones de algunos sectores de la sociedad empezaron manifestarse en las redes sociales y apps de mensajería. Este texto hace un breve análisis de algunas de las reacciones más virulentas, de aquello que nos deja ver el profundo y arraigado problema de la discriminación y el clasismo que es en mucho el origen de la dolencia o resultado, como cada quién quiera verlo.
En las primeras reacciones pudimos leer a muchas personas verdaderamente en shock por los resultados y la distancia tan grande entre las candidatas. Si bien muchos no conocían todas las encuestas y sus números, las personas afines a la oposición no podían creer que Sheinbaum hubiera resultado vencedora. Esto de lo que nos habla es de que cada quien ve lo que quiere ver, lo que puede ver, e incluso lo que su algoritmo le deja ver. Vivimos en cajones donde solo nos está rebotando la información que nos hace sentido y cuando la realidad fuera de esa caja se presenta, lo que se genera es este asombro acompañado de incredulidad.
La narrativa del fraude emergió a partir de la incredulidad. Muchas personas no podían creer que Sheinbaum hubiera ganado por tanto. Tuits, mensajes y posts mencionaban cosas como “no es posible tanta diferencia”, “esto huele a fraude”, “en mi casilla todos votaron por Xóchitl, yo lo vi” y otras más, usando su realidad o su experiencia personal como referencia para asumir que así fue en todo el país, incluso un tuit de la propia candidata rezaba: “quieren que te vayas a dormir creyendo que te ganaron. Mienten como siempre”. En pocas horas el hashtag #fraudeelectoral creció y se amplificó a tal grado que el ánimo del lado perdedor se descompuso y aún hoy sigue en descomposición.
Temprano llegó el enojo intenso. Cabe señalar que este enojo ya existía desde antes de las elecciones y en los sectores afines a la oposición tiene muchos meses, incluso años alimentándose; en Lexia lo hemos estado monitoreando y estudiando a fondo. En un entorno muy polarizado es garantía que los ánimos se enciendan y cuando esto ocurre se dejan ver o se acentúan rasgos de carácter que son los menos constructivos o positivos, rasgos violentos.
Este enojo, esta furia se arrojó a las redes sociales a través de mensajes ofensivos, mensajes clasistas que denotaron una absoluta falta de empatía, desconocimiento del otro y hasta ignorancia de la realidad nacional.
Mensajes como: “que les aprovechen sus 100 pesos que les dieron para entregar al país, muertos de hambre”, “qué se podía esperar de esa gentuza”, “agachados, ya sabemos cómo es esa gente mediocre que no aspira a nada”, “el país está lleno de morenacos”, “gente que no piensa, ojalá todos se fueran de aquí”. Y los más recalcitrantes y viles: “a ver quién les da propina ahora”, “a ver quién les paga por hacer trabajos para que puedan comer”, “cuando estén buscando a sus muertitos espero se acuerden de por quién votaron”, etc. Todos denotando un sentido de superioridad moral, económica e intelectual, y diseñados para humillar a los que se considera de menor categoría que ellos.
Incluso empezaron a circular instrucciones o manuales de cómo actuar, de cómo castigar a quienes votaron por Sheinbaum. Un ejemplo es el mensaje que puso Sofía Yunes (y que luego borró, por eso pongo imagen), en su cuenta de X y que rápidamente se viralizó entre simpatizantes de su propuesta.

Como podemos ver, en esta imagen que me llegó por algún chat de WhatsApp se incita a dejar de dar propinas a los adultos mayores, a los meseros, al “viene viene”, porque ellos votaron por Morena. Si analizamos esta propuesta que además se llama “Unidos por México”, podemos darnos cuenta de lo absurda que es en diferentes sentidos. Primero, asume que solo este sector poco o nada privilegiado votó por Morena (ya vimos en al menos un par de encuestas de medios no oficialistas que no fue así), segundo, denota ignorancia respecto a las condiciones de vida de dichas personas, es decir, ni siquiera podría yo asegurar que los “viene viene” o limpia parabrisas tengan un domicilio o INE. Tercero, se señala a personas que siempre ha sido ignoradas por el sistema, que ahí están pero que nadie quiere ver o atender, que siempre han llevado las de perder. Lo que se propone en esta imagen es revanchista, clasista y escrito con las manos llenas de privilegios y odio… ¿unidos quiénes? ¿Por cuál México?
Y bueno, qué decir de las numerosas conversaciones de opinólogos y analistas llenando el ambiente de aires de superioridad intelectual, moral y de expresiones clasistas y machistas. Un carnaval.
Ahora imaginen que todo esto no ha ocurrido solo en estos comicios, sino que lleva ocurriendo décadas en nuestro país. Sexenio tras sexenio, los “nacos” de este país, los “indios, los ignorantes, los jodidos” han vivido sistemáticamente maltratados, denigrados, ofendidos, invisibilizados, y oprimidos. Ellos, los que llenan el metro desde las 5 am para ir a trabajar y regresan después de jornadas de más de 10 h., porque si no, no comen al día siguiente; ellos, los que recorren dos o más horas de distancia desde donde viven para poder ganarse la vida, quienes caminan las calles comerciando en sus puestos itinerantes, quienes crean y son innovadores día a día para resolver y salir delante de la eterna crisis que es vivir en México, que viven al día, que no tienen acceso a servicios, los que sueñan y aspiran mejorar las condiciones de vida de sus hijos, los que con total certeza afirman que solo saldrán adelante por su propio esfuerzo porque nunca nadie más ha hecho algo por ellos y han asumido que así es como funciona un país.
Romper este círculo que ocurre desde hace décadas y sexenio tras sexenio es parte de lo que está detrás de este resultado. Hay muchos factores sin duda, pero este, el que nadie cree que es real o nadie ve, es uno de los que más pesa. Y la ironía reside en que todo lo arriba mencionado refuerza y seguirá reforzando ese sentir y por ende lo que se haga para salir de esa espiral. A toda acción corresponde una reacción, es decir, en gran parte el resultado es fruto de ese sector, de esa oposición, de ese tercio que no entiende que no entiende. Y desde el sexenio pasado la decisión del pueblo no es un acto de rencor o revancha, es un acto de supervivencia, pero sobre todo de dignidad, la dignidad que da el poder elegir.
Quienes no están contentos o de acuerdo y se sienten ofendidos y preocupados por los resultados, se están organizando para defender lo que consideran han perdido. Como mexicanos debemos siempre celebrar que haya oposición y contrapesos, en toda democracia debe existir el derecho a disentir. Sin embargo, quiero señalar que la verdadera resistencia ya existe, existe desde hace mucho tiempo. Son esas personas que merecen mi absoluto respeto y que siempre que he tenido la oportunidad de escucharlas, de visitar sus hogares y de compartir tiempo para comprender cómo viven, me han dado y ofrecido hasta lo que no tienen. Esas personas que han resistido y siguen resistiendo los embates del crimen organizado, la escasez, la precarización, la discriminación, la falta de justicia, la burla y el desdén. Ellas sí que son la resistencia y como consejo diría que si desean legitimar una resistencia no será posible sin contemplarles a ellas, sin conocerlas, sin saber cómo sienten y sueñan.
A partir del 3 de junio existe una nueva oportunidad para cambiar las formas y los fondos, para entender por fin que algo ha estado muy mal desde hace tiempo y que terminó de descomponerse con el último de los sexenios priistas que fue sumamente destructor. A partir de ahí se han estado dando tumbos desde una oposición mal articulada, mal orientada y miope. Y dejo la pregunta al aire para poder escribir más delante de ello. ¿Será que esta vez tendrán la capacidad de comprender y de reconfigurarse? Y como mexicanos, ¿será que podremos ir cambiando siglos de clasismo, racismo y discriminación y gestar juntos un cambio de fondo donde no tengamos que denigrar ni pisotear a nadie para poder construir un México que sí sea para todas las personas y donde cada una pueda aspirar a lo que para ella sea su sueño? Yo sí voto por eso.
* Aline Ross Gurrola es socia Directora en LEXIA. Comunicóloga, feminista, teatrera, filósofa de la vida, apasionada por lo social. Con más de 22 años de experiencia en el mundo de la investigación y la consultoría. Experta en opinión pública, evaluación de comunicación política, comunicación social, estrategia electoral y gubernamental, evaluación de programas sociales, Base de la Pirámide, Vivienda social, Diversidad, inclusión y género.