Jardiel Palomec · 29 de julio de 2016
Por: César Galicia (@cesargalicia_) y Delia González Ochoa (@delia8a)
Esta es la tercera y última parte de tres dedicadas a responder, punto por punto, a las 10 razones para no realizar sexting de la campaña “Pensar antes de Sextear”.
Si las cuatro últimas razones para no sextear son:
Nosotrxs respondemos:
La “sextorsión” a la que apela la campaña “Pensar antes de Sextear” se refiere al chantaje a través del cual se exige algo a cambio de no difundir públicamente fotos o videos eróticos privados de una persona (regularmente más contenido sexual o dinero). Existen tres aspectos importantes a tomar en cuenta en este delito:
El primero es el origen social de la “sextorsión“. Si un chantajista puede amenazar a alguien más es únicamente porque existe valor simbólico en la desnudez de las personas (sobre todo, mujeres), debido a que el conservadurismo y machismo de la cultura en la que estamos inmersos, privilegia mantener oculto todo lo que tenga que ver con la sexualidad y el cuerpo. Esto le puede otorgar tanta fuerza al acto de la extorsión que, psicológicamente, el miedo al juicio, crítica social y exhibición pública de la víctima puede hacer que muchas personas realicen cosas indeseables, como satisfacer la demanda del chantaje, aceptando así la invasión a la privacidad. El arma de quien chantajea no es la foto o el video, sino que se descubra el erotismo de una persona.
El segundo aspecto importante a tomar en cuenta es el legal. La extorsión es un delito federal severamente castigado. Como mencionábamos antes, es importante luchar por una cultura de denuncia y solidaridad, para que podamos trabajar nuestro acceso a protección y defensa legal si llegamos a ser víctimas de algún delito relacionado al sexting, así como exigirles mejores respuestas a las autoridades relacionadas al tema.
El tercer aspecto importante es la respuesta que podemos tener como sociedad ante la “sextorsión“. Que el sexting sea visto como lo que en realidad es, una expresión más del erotismo adaptándose a las nuevas tecnologías, ayudaría a romper su peso moral. Al restarle importancia, morbo y miedo a la expresión de la sexualidad, sobre todo en jóvenes, habría cada vez menos espacio para chantajes (el movimiento #FreeTheNipple es un ejemplo de esta lucha). Como sociedad, podemos quitarle sus herramientas a los chantajistas, sobre todo cuando el sexting es una práctica que no vamos a (ni tendríamos por qué) dejar de tener y de la cual podemos obtener tanto placer y bienestar.
El internet, por sí mismo, no supone ningún riesgo de nada. Es la interacción que tenemos a través de él lo que puede transformarlo en una herramienta tanto positiva como destructiva y, como hemos mencionado anteriormente, estas interacciones están fuertemente influenciadas por la cultura. Si nuestra mirada hacia la sexualidad en internet es alarmista y moralista es porque nuestra sociedad la determina así.
A través del programa Estereotipas, Estefanía Vela denunciaba el hecho de que, para ciertos eventos como pornografía infantil o cuestiones de copyright, el desarrollo tecnológico y las jurisdicciones correspondientes reaccionaban inmediatamente, pero que en problemas relacionados a la sexualidad, la opinión común es que no se puede hacer nada. O sea: para ciertos temas existen soluciones, pero para otros, el internet es un monstruo imparable ante el cual no hay poder humano que lo pueda detener.
No sólo tendríamos que ejercer colectivamente mayor presión para que los problemas relacionados al sexting sean resueltos eficientemente, sino que habríamos también que desestigmatizar al internet como algo que por sí mismo es “sin freno, sin límite“, de forma que podamos señalar el verdadero problema en los riesgos del sexting: las personas que invaden la privacidad de otrxs y difunden fotografías o videos sin consentimiento.
De nuevo: la única razón por la que es un problema que alguien cercano encuentre una foto o video con contenido erótico es por la visión común de que lo sexual es algo reprobable. Sin embargo, esta forma de entender la sexualidad de las personas conocidas implica una doble moral. Sería conveniente preguntarnos: ¿Por qué está bien ver cuerpos desnudos y/o sexualizados en los medios de comunicación (por ejemplo, en una serie o película), pero se juzga cuando una persona cercana disfruta de su cuerpo e imagen por placer y/o vinculación afectiva?
La sexualidad, el erotismo incluido, desempeña una función central y beneficiosa en la vida, y no tendría por qué ser vista de otra manera. Sin embargo, ésta es tan sólo una de las dimensiones que nos conforman como seres humanos. Al estigmatizar el sexting y alentar los riesgos que se le atribuyen, en realidad, lo que hacemos es reducir a la persona que lo practica a un solo aspecto de lo que es.
¿Por qué habría de suponer un problema social, laboral o familiar la difusión del cuerpo desnudo de alguien, si esa persona es mucho más que sólo cuerpo? ¿Por qué si por cualquier motivo la imagen del cuerpo desnudo de alguien se encuentra en internet eso tendría que representar un problema para encontrar trabajo/pareja/amigos, si eso no invalida (y ni si quiera influye en) las habilidades y características de la persona? ¿No se tendría, entonces, que centrar la discusión sobre los riesgos del sexting en la invasión a la privacidad y la violencia sexual por falta de consentimiento?
Ningún familiar, conocido, compañero o jefe debería de tomar decisiones o elaborar juicios tras enterarse de detalles de la vida sexual de nadie, porque todxs vivimos nuestra sexualidad de una u otra diversa manera, porque no tiene absolutamente nada de malo, y, porque el sexo y el erotismo son tan sólo un par de las numerosas formas en que podemos expresarnos. Sí, somos cuerpo y deseo, pero eso nunca debería influir negativamente en la forma en que el mundo interactúa con nosotros, pues también somos mucho más que nuestras expresiones sexuales.
En el contexto del sexting, el ciberbullying sucede cuando, además de difundir sin consentimiento una foto o video, se señala, agrede y humilla públicamente a la víctima en internet.
A diferencia de otro tipo de violencias, el ciberbullying no se sostiene únicamente con una víctima y un agresor, sino que necesita de varias personas que lo aprueben y participen colectivamente en las burlas, críticas y humillaciones.
Educar a la sociedad desde una ética de cuidado y respeto para apoyar a sus integrantes y no violentarlos, es una forma de prevenir esta forma de violencia. En el caso del ciberbullying por sexting, sería muchísimo más efectivo que, en vez de reprobar a la víctima por su práctica, como apunta la campaña “Pensar antes de Sextear”, se sostuviera una postura colectiva en contra de esa violencia generando grupos de apoyo para defender a la persona violentada.
Apuntar a una educación sexual, tanto formal e informal, que se dirija con empatía, comprensión y solidaridad a las víctimas de ciberbullying es uno de los primeros pasos a tomar para prevenir y desalentar el abuso que utiliza al sexting como arma.
* César Galicia y Delia Ochoa son psicólogxs egresadxs de la UIA Puebla y el ITESO, respectivamente, y estudiantes de la Maestría en Sexología Clínica por el Instituto Mexicano de Sexología. Actualmente realizan una investigación sobre cuerpo, sexualidad, erotismo e internet. Son autores del blog EstudiosNudes, que nace de la mezcla entre deseo, cuerpo, virtualidad y curiosidad, de las ganas de conocer a fondo los cómos, porqués, cuándos, dóndes de las prácticas sexuales y corporales que nos llenan la vida.