blogeditor · 30 de abril de 2021
Nadie es tan valiente como para que no le moleste algo inesperado.
Julio César
La cosa empezó como si yo estuviera dentro de una caricatura de la Pantera Rosa. El día abrió con la paz habitual con la que, salvo por el constante mugir del celular —amordazado en modo vibración— suelen iniciar los días en el confinamiento rarísimo. El desayuno preparado se encontraba justo junto a la televisión, para mirar las noticias en tanto sorbía el primer café y le arrancaba mordiscos al pan tostado. Me había tomado unos pocos minutos preparar el baño del día y disponerme a disfrutarlo: un poco del concierto número dos de Brandenburgo saliendo por la bocina que dirige el sonido al baño, la temperatura lista, el ambiente ideal, ah, qué jueves espléndido estamos a punto de iniciar.
El sonido del taladro mientras vuelve añicos el concreto es quizá el más representativo de todos los que identifican a la especie humana como la más odiosa del planeta. Se puede intuir lo que habrá sentido Antonio Meucci desde su estudio al escuchar la voz de su esposa quien, semiparalizada por la artritis, le anunciaba sonriendo al otro lado de la línea (conectada en su habitación) que el telettrofono que había creado funcionaba, cualquiera puede imaginar a John Pemberton, el inventor del jarabe que posteriormente se transformaría en la Coca Cola, aguzando el oído para que sus sistemas capturaran por primera vez las pequeñas explosiones de las burbujas, crepitando al interior del vaso que contuvo su invención vuelta ya gaseosa, pero nadie sabe cómo habrán recibido los humanos el sonido del taladro ni cómo los habitantes del Paleolítico —a quienes se atribuye su invención, en miniatura y versión mecánica—, reunidos en círculo alrededor del artesano que comenzó a usarlo para perforar grandes conchas de caracoles y ostras, necesarias para hacer collares, habrán murmurado entre ellos luego de escuchar su golpeteo “yo creo que en el futuro, el ruido de esa madre va ser un problema”.
Hoy es el futuro y efectivamente, el ruido de esa madre es un problema. Un taladro o “martillo percutor” profesional, como el que emplean justo este día del siglo XXI los sujetos a quienes mis vecinos contrataron para destruir la entrada de su cochera antes de construir una rampa, puede alcanzar una magnitud de sonido semejante a la de una especie de gigantesco pájaro carpintero que sencillamente no se calla. Un pájaro carpintero, mecánico y enorme, parado justo frente a tu hogar, haciendo lo suyo, que es percutir, golpear, martillar, incesantemente.
In(ratatatata)ce(raarrarrattatat)san(rrrrrrttttattta)te(tatatatatat)men(rrrrraattatataratara)te(tetetetete). El sonido del taladro tiene dos particularidades: no puede cubrirse ni poniendo a todo volumen el Metal Machine Music de Lou Reed y es capaz de evaporar cualquier noción de felicidad, pase lo que pase. Te puedes enterar que te sacaste la lotería, pero si al fondo se escucha el sonido de un taladro la noticia no te va emocionar. Puedes contactar con vida extraterrestre, pero si a la hora de bajar los tripulantes del ovni perciben que por ahí se oye que taladran, se van a ir y no volveremos a saber más de ellos.
Esta colaboración hoy quería hablar de un libro importante, analizar los entresijos de la novela que están leyendo todos, pero esta mañana estuvieron taladrando y esta tarde también. Los vecinos valorábamos ya dinamitar nuestra buena relación con los dueños de la casa de enfrente cuando súbitamente los trabajos concluyeron y la cuadrilla de trabajadores se alejó de nuestras vidas llevándose dentro de una especie de estuche de tela ahulada el taladro que estelarizó nuestros minutos todo el día.
Me disponía a escribir, pero como si yo fuera personaje de alguna caricatura de la Pantera Rosa, doy un paso y vibro desordenadamente, tecleo cualquier cosa y me interrumpe un ratatatatatata incesante dentro de mi cabeza. Yo quería escribir hoy sobre un libro importaratatatatatante, pero se las voy a quedaratatata a deber para la semana entratatatatatantetetetete, cuando finalmentetete haya logrado olvidar el sonido del tatatatataladro.