blogeditor · 3 de marzo de 2013
No me refiero al cantante español.
Fuimos compañeros en la universidad. Era uno de los alumnos más brillantes de su generación: políglota, excéntrico; intenso hasta la obstinación, pero a la vez entrañable.
Obtuvo su licenciatura en Oberlin College, antigua estación del ferrocarril subterráneo (underground railroad) que servía como centros de recepción y traslado de esclavos que escapaban del sur de los Estados Unidos hacia tierras libres y la primera universidad norteamericana en permitir alumnado mixto o co-ed. Se doctoró más tarde en Literatura Comparada en Harvard. Después estudió leyes en la Universidad de Nueva York y ejercía como abogado especializado en bienes raíces en un despacho de Greenwich Village.
Era oriundo de Chicago. Su padre, Norman Golb, es especialista en los Rollos del Mar Muerto; en ese entonces daba clases en la Universidad de Chicago y a sus ochentaitantos años de edad sigue haciéndolo.
La memoria lo recuerda defendiendo con insistencia las tesis heterodoxas de su padre de contrincantes imaginarios. Postuló el origen de los célebres y controvertidos Rollos, manuscritos bíblicos descubiertos a mediados del siglo veinte, en comunidades religiosas cercanas a Jerusalén que luego los llevaron a las cuevas de Qumran (hipótesis que no comparte la inmensa mayoría de los especialistas en el tema). Durante años vivió en Europa. Quería ser escritor: vivir de la literatura. Habla cuando menos seis o siete idiomas con fluidez. Es todo un experto en lenguas romances, literatura alemana de entreguerras, Samuel Beckett.
Llamaba la atención que un tema tan esotérico ocupara tanto tiempo y atención de su parte. Nadie en ese pueblito estudiantil cerca de Cleveland se hubiera atrevido a refutarlo, porque de esa materia –como de todas- se sabía poco y sus implicaciones académicas eran, en los hechos, desconocidas para nosotros.
En la mente de Raphael, empero, existía una vasta conspiración para negarle validez a las ideas de su padre, quien a sus ojos era y es un verdadero iconoclasta.
Alguna vez coincidí con él después de graduarnos. Ya no abordaba tanto estas preocupaciones, pero me recomendó ampliamente el libro de su padre: ¿Quién escribió los Rollos del Mar Muerto?

Le perdí por completo la pista durante varios años, hasta que un día por casualidad –casi por accidente- me encontré con una muy mala noticia. Raphael había sido arrestado por la policía neoyorquina, y enfrentaba cargos serios que podrían conducirlo a prisión. Fue hace cuatro años, en marzo de 2009.
Tal parece que Raphael actuó en coordinación con su padre y uno de sus hermanos para expresar su desacuerdo en foros, chats, correos y cartas a editores de publicaciones de todo tipo. Inventó decenas de alias: defensores a ultranza de la interpretación vertida en el libro que cuestionaba la narrativa más aceptada por los conocedores en el mundo.
El concepto de identidad falsa encarnada por los sock puppets cibernéticos no es nuevo, pero Raphael lo llevó a extremos delirantes: obsesión digna de un caso de libro de texto.

¿Quién es Charles Gadda? compilada por el Dr. Robert Cargill (maestro en la Universidad de Iowa, uno de los principales blancos contra los que arremetió Raphael en su ofensiva a favor de las ideas de su padre), es el mapa más completo de esta guerra en Internet. También, un homenaje indirecto a la figura de Carlo Emilio Gadda (1893-1973), autor italiano de obras de vanguardia.
Ahí puede verse con claridad cómo el hijo de Norman Golb se tornó en una suerte de titiritero cibernético, o ventrílocuo virtual. Sus monigotes heterónimos buscaban colarse en distintas plataformas de discusión, para defender a ultranza la obra de su padre. En cada ciudad en la que se montaba la exposición itinerante de los Rollos, reclamaba en medios que no se había incluido su particular interpretación.
Raphael se comunicó vía correo electrónico con alumnos de Lawrence Schiffman, académico de NYU que representa la ortodoxia en los estudios de los Rollos, usando direcciones creadas por él que utilizaban el nombre del profesor para desacreditarlo. Utilizó para tal efecto las computadoras de la biblioteca universitaria. Fue fácil determinar que sus bots provenían del mismo lugar. Análisis de estilo confirmaban lo evidente. Raphael se había vuelto intercesor absoluto de la causa de su padre, multiplicado infinidad de veces. Un juego de espejos que, agotándose las vías y conductos de apelación, lo llevará a la cárcel muy pronto. Ya no ejerce la abogacía. Le quitaron su licencia.
El desdoblamiento de personalidades es bastante común en las redes. Un típico ejemplo son las reseñas literarias a modo, o las hordas cibernéticas en Twitter alquiladas ex profeso para apoyar artificialmente a candidatos o productos. Acarreados y porristas, de uso común por parte de escritores –algunos muy respetables, debidamente identificados- que buscan aumentar las ventas y penetración de sus obras.
Me pregunto qué interpretación le daría Borges a la saga que protagoniza Raphael Golb.
Y finalmente: acá un enlace para consultar versiones digitales de Los Rollos del Mar Muerto.