Rakus: un ejemplo más de la agencia animal

Redacción Animal Político · 10 de julio de 2024

Rakus: un ejemplo más de la agencia animal

El pasado 2 de mayo en diversos medios de comunicación se dio a conocer la noticia de que, por primera vez, se había captado a un orangután de Sumatra —llamado Rakus— curándose a sí mismo con una planta llamada Akar Kuning, planta que las comunidades de la selva del sudeste asiático han utilizado durante años para curar distintas enfermedades. El caso ha resultado novedoso para los especialistas y público en general, pero ¿realmente tendría que sorprendernos tanto este hecho que resulta parte de la cotidianidad de muchos animales? Lo cierto es que cuando observamos y nos acercamos a los animales, lejos de una mirada sesgada y antropocéntrica, solemos llevarnos muchas sorpresas.

Durante siglos hemos observado la gran diversidad de formas de vida de la biósfera desde una perspectiva antropocéntrica y reduccionista. Esto nos ha llevado, históricamente, a considerar a los animales no humanos como seres carentes de inteligencia y de las capacidades para actuar de manera intencional en el mundo. Los hemos considerado durante mucho tiempo como agentes pasivos que actúan en el mundo de una forma mecánica e instintiva, lo cual está más que demostrado que no es así.

La inteligencia ha sido la principal característica negada a los animales, y al mismo tiempo ha sido uno de los prejuicios y reducciones principales que se ha tenido en la comprensión de éstos. Hemos reducido a una lente muy estrecha la noción de inteligencia, y hemos evaluado las distintas capacidades cognitivas de los animales a partir de la propia inteligencia humana. Como consecuencia de esto, se les ha negado la capacidad de agencia en el mundo; es decir, la capacidad para actuar de manera intencional y con propósitos definidos.

Un sesgo importante, a mi parecer, que existe en el estudio de los animales es que se buscan siempre las semejanzas con “lo humano” como modelo de justificación para otorgarles cierto valor o importancia; es decir, consideramos más “inteligente” a un animal mientras más cercano esté a nuestro modelo de cognición humana: empatizamos más con animales más cercanos a nosotros como los mamíferos o los grandes simios o simplemente nos sorprende una acción o una característica animal mientras más cercana sea a la realidad humana, como es el caso del orangután Rakus. Sin embargo, hemos olvidado que en la diversidad de formas de vida es donde realmente se encuentra la belleza y complejidad de la naturaleza. El hecho de que existan diferencias no implica de ninguna manera que existan jerarquías; ésta es una forma demasiado humana de interpretar y valorar el mundo.

Al evaluar a los animales no humanos a partir de nuestras propias categorías sólo estamos cerrándonos a la diversidad de perspectivas y modos de habitar el mundo. Debemos comprender que no existe una sola inteligencia ni mucho menos una sola forma de interpretar y experimentar el mundo, sino que estamos en un mundo interrelacionado con diferentes perspectivas y experiencias de él. Si logramos romper con las dualidades que se encarnan fuertemente en nuestro pensamiento, podremos comprender que es a partir de las diferencias y la diversidad como encontraremos el verdadero punto de encuentro entre lo humano y lo animal, encuentro que cada vez es más urgente para dejar de violentar a miles de animales y reconocernos como un habitante más de la naturaleza.

El reconocido primatólogo Frans de Waal, en su texto ¿Tenemos suficiente inteligencia para comprender la inteligencia de los animales?, 1 nos ha hecho ver que la inteligencia está ligada a la historia evolutiva de cada especie y por ende es imposible que todos los seres vivos percibamos de la misma forma este mundo. Uno de los principales prejuicios que hemos tenido en torno al mundo animal es que los hemos interpretado y valorado a partir de nuestra óptica humana y nos hemos olvidado de que no somos capaces de percibir como lo hacen ellos. Más allá de nuestro inherente antropocentrismo epistémico, 2 debemos comprender que en cada animal existe una forma única de percibir el mundo, y ahí donde nosotros vemos acciones vanas o extrañas, para ellos guardan todo un entramado relacional e intencional. Esto es lo que el antiguo biólogo y filósofo Jakob Von Uexküll llamó Umwelt. En un sentido amplio, podemos entender el Umwelt como la forma en que se presenta el mundo ante la percepción de los distintos seres vivos.

Hemos comprendido lo que consideramos “inteligencia” mediante parámetros muy estrechos como son los de la razón (estados mentales) y el lenguaje (acciones proposicionales); sin embargo, nos hemos olvidado de que uno de los principales parámetros de la inteligencia conlleva también implicaciones prácticas. Dentro del mundo animal existen diversas y muy complejas formas de percibir y actuar en el mundo. Encontramos por ejemplo la capacidad de ecolocalización de los murciélagos, que les permite entender el mundo a partir del sonido; las capacidades acústicas y olfativas super desarrolladas de los elefantes, con las que pueden percibir tormentas a enormes distancias; la electrorrecepción de los peces, que les permiten utilizar los campos eléctricos para percibir y localizar objetos, o la magnetorrecepción que poseen algunas aves, peces e inclusive hongos y bacterias para detectar la orientación de los campos magnéticos.

Ante este panorama, creo que es evidente que el homo sapiens no es el único ser vivo que usa su cognición para interpretar y actuar en el mundo. Todos los animales son agentes que actúan en el mundo buscando un determinado fin. El caso de Rakus es tan sólo un ejemplo más de la complejidad con la que actúan los animales, pues este caso no sólo nos deja ver la búsqueda de su propio bienestar, sino que nos habla también del amplio conocimiento que tienen los animales de su entorno, incluso mejor que nosotros, como el de conocer ciertas plantas o sustancias naturales con propiedades medicinales. Esto nos habla también de todo un entramado cultural dentro del mundo animal; es decir, saberes que se transmiten durante generaciones, cuestión de la que por mucho tiempo el ser humano se ha jactado: ser el único ser vivo capaz de crear una cultura.

* Xicoténcatl Servin es licenciado en filosofía por la UNAM; actualmente está terminando sus estudios de maestría en Filosofía en la misma institución. Sus principales líneas de investigación son la bioética y la filosofía de la cultura. En los últimos años se ha enfocado en temas que conciernen a la ecoética y el pensar de la ética más allá de lo propiamente humano.

 

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1 Frans de Waal. 2016. ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia animal?, trad. Ambrosio García Leal. España: Tusquets.

2 El antropocentrismo epistemológico se basa principalmente en que no tenemos otra forma de comprender la realidad sino desde nuestras propias características y sentidos humanos; sin embargo, esto no debe resultar una limitante ni un pretexto para intentar ampliar nuestra consciencia y las categorías humanas a la hora de estudiar la naturaleza.