Redacción Animal Político · 4 de septiembre de 2025
Hablar de racismo no solo es hacer mención de las más grandes coyunturas históricas alrededor de este fenómeno, sus alcances se manifiestan también en la vida cotidiana de las personas. Espacios educativos, laborales y de entretenimiento son esferas en las que el racismo ha permeado a través de narrativas fundamentadas en ideas estereotipadas, que tienen como consecuencia la reproducción de la violencia simbólica hacia grupos históricamente discriminados.
De acuerdo con Racismo Mx, asociación civil, el racismo es un sistema de opresión que distribuye el poder de manera desigual con base en la idea de raza, manifestada a través de la supremacía racial, prejuicios y estereotipos hacia poblaciones históricamente oprimidas, que deriva en conductas que reproducen la desigualdad y la violencia.
En 1947, Jackie Robinson se convirtió en la primera persona afrodescendiente en jugar en las Ligas Mayores de Beisbol para los Dodgers de Brooklyn, acontecimiento que marcó un antes y un después para el deporte. La integración se dio en dichos espacios tras décadas de racismo estructural vivido por beisbolistas afrodescendientes a través de su participación en una competición que les aislaría.
La Liga Negra de Beisbol fue creada a finales del siglo XIX y disuelta a mediados del XX, esta competición apelaba a la segregación y armonizaba con la legislación profundamente racista que operaba en Estado Unidos. Se puede entender el desarrollo de este formato de competición como una manifestación de la discriminación estructural a través de la instauración de prácticas institucionales que reproducen el trato desigual hacia cierto grupo.
Entender al deporte como pieza de un entramado social y político permite dar cuenta de que su desarrollo no es fortuito y responde a dinámicas que no pocas veces están relacionadas con los sistemas de opresión y narrativas discriminatorias. Norbert Elias, teórico de la modernidad, se refería al deporte como un mecanismo en el que la violencia y la estrategia se encarrilaban en favor del ocio y entretenimiento.
Ir más allá del desarrollo técnico implica complejizar sus alcances sociales e identificar que la práctica se lleva a cabo en un contexto histórico específico expreso en su desenvolvimiento.
En 2024, Vinicius Jr. sufrió discriminación racial durante un encuentro de la Liga Española de futbol varonil por parte de la afición del Valencia. La hinchada valenciana le gritaría comentarios racistas desde la grada, causando conmoción y opiniones divididas para distintos sectores.
Ninguna de estas prácticas racistas es nueva en el futbol español. A lo largo de la historia de La liga se han registrado casos de discriminación y exclusión sistemática hacia ciertos jugadores provenientes de América y África, manifestada a través de cánticos, insultos y hostigamiento.
Durante la última edición de los juegos olímpicos de verano, llevados a cabo en París, la boxeadora argelina Imane Khelif recibió insultos transfóbicos y racistas, después de haber ganado la medalla de oro. Estos comentarios se fundamentaban en raíces socioculturales de la discriminación como lo son los estereotipos de género, los cuales demandan una forma específica de ser mujer y por tanto de participar en estas competiciones. Este entramado narrativo fue punto de partida para menospreciar el proceso de preparación.
Ambos fenómenos anteriormente mencionados no son aislados. Estas expresiones racistas responden a la reproducción de narrativas que apuntan al menosprecio de identidades que han sido rechazadas de manera histórica por parte de ciertos grupos de personas.
Estas prácticas discriminatorias tienen como consecuencia la reproducción de la desigualdad y la negación de derechos fundamentales en espacios deportivos a personas racializadas.
El encuentro deportivo es un ejercicio narrativo en el que la confrontación técnica se torna simbólica y el ejercicio de nombrar al oponente no está exento de la presencia de estereotipos o prejuicios. Tal es el caso de algunos equipos deportivos que representan a cierto grupo de personas a través del nombre, la indumentaria o el espacio geográfico al que pertenecen.
En otras palabras, el ejercicio narrativo de la lucha, el encuentro o el partido invoca la participación de una identidad específica. Claro ejemplo es el de la práctica del tenis. El llamado deporte blanco desde sus orígenes fue practicado por personas que pertenecían a la realeza. Valdría la pena relacionar la narrativa de pulcritud y pureza (no fue hasta la década de los 70 que los uniformes para practicar tenis dejaron de ser color blanco) con el poder político y económico, así como las expectativas alrededor de quienes lo practican.
En este sentido, los estereotipos reforzaban la idea de que en los espacios donde se practicaba el tenis las personas debían tener ciertas características y pertenecer a una clase social en particular.
Algunas narrativas manifiestas en el deporte están fundamentadas en el racismo; en ese sentido, existe una suerte de perfilamiento que coloca en ventaja o desventaja a cuerpos con ciertas características en distintas competiciones deportivas, es por ello que existen estereotipos alrededor de identidades y su relación con el triunfo o la derrota en el desarrollo de las disciplinas.
Trasladar la lectura de la violencia histórica y racial al espacio del deporte nos puede otorgar herramientas de reflexión y crítica que permita comprender el porqué de la implementación de protocolos contra el racismo.
Es importante identificar el papel reproductor de narrativas, de aprendizaje, organización y crítica que tiene el deporte. Ello debe implicar poner sobre la mesa temas como el racismo, las lgbtfobias, el clasismo, la discriminación, la violencia, entre otros.
En otras palabras, la construcción de un mundo donde la diversidad, la igualdad y la justicia estén presentes, debe ir acompañado con un ejercicio de construcción de narrativas en las que el deporte sea reconocido como parte del cambio en pro de la igualdad y la no discriminación.
Da la impresión que cuando se habla de deporte, se suele apelar a estadísticas de los equipos más ganadores o atletas que más condecoraciones tienen. Que la desigualdad no existe dentro de él y que lo político y lo social no debe ser nombrado en sus espacios. No obstante, reconocer la dimensión identitaria, solidaria y colectiva es imprescindible para construir un entorno de respeto, igualdad y antirracismo.
El valor del deporte va más allá de la relación que exista entre el desempeño y triunfo, y se relaciona con su capacidad de generación de redes y de crítica hacia narrativas discriminatorias.
* Raúl M. Castillo es asesor educativo en la subdirección de educación del @COPRED_CDMX.