blogeditor · 4 de enero de 2016
Se acabó, se acabó el 2015, el año en el que me asaltaron dos veces. Ahora solo me falta escribir un libro y plantar un árbol, y a pesar de haber rezado 100 rosarios y sacrificado una gallina, nada sirvió, fui este año víctima no una sino dos veces de lo que tanto se presume en este Distrito Federal: haber sobrevivido al hampa citadino. Pero como buena defeña apliqué el pensamiento de imaginar que otros y otras sufren peores tragedias que la mía y al final de cuentas no sufrí un solo rasguño en dichos eventos.
Y pues heme aquí vivita y coleando pensando en los nuevos propósitos a cumplir este año, y el primero que se me ocurre es el ir de ahora en adelante con los ojos bien abiertos y haciendo uso de mi psicosis recién adquirida, lo que no me encanta mucho, porque andar por la vida con los ojos tan abiertos harán también que me dé cuenta que en este mundo no hay nada que abunde más que la injusticia. En todos lados, en las formas más inimaginables: un ladrón acechando a la vuelta de la esquina, una caja de fotomultas lista para flashearte a cada movimiento mal ejecutado en donde las ganancias van a las arcas de quién sabe qué concesionario amiguín de alguien bien parado en nuestro gobierno. Ya para qué hacemos más olas, total que este año nos traen al Papa y lo mejor que nos puede pasar es tener un año con una sucesión ininterrumpida de eventos que nos distraigan de la realidad de nuestro país, como ejemplo de uno de esos hechos podría estar el encontrar el final del arcoiris y darte cuenta que no hay tal duende verde cuidando un cofre de oro, sino un sicario del Chapo Guzmán.
– ¿Cómo está Sr. Sicario?
– Aquí pasándola, cuidando el oro.
– ¿Mucho movimiento, Sr. Sicario?
– Para nada, todo bien. Por ahí viene uno que otro, pero apenas ven esto (me muestra una ametralladora AK-47) se regresan por dónde vinieron.
– Bueno, adiós. Suerte.
– Bye flaquita, bye.
Ya, bueno, no piensen que estoy divagando, o más bien sí, pero cosas tan poco creíbles vivimos este año que pasó y seguramente el que empieza no estará muy alejado de esta línea editorial.
En fin que me desvié de lo que estaba hablando y es el de los nuevos propósitos para este año y pues sí, tengo algunos cuantos más como el de ganar el Premio Nobel, cambiarme el nombre por el de “Maravillosa Scarlett Jolie Cabello Largo”, seguido de mandar hacer mis tarjetas de presentación con mi nuevo nombre, leer un libro mormón, cortarme una oreja y pintar un cuadro de girasoles que dentro de algunos años me haga famosa y rica, encontrar la cura contra el uso indiscriminado de los leggins y finalmente aceptar casarme con mis nuevos lentes de Prada… unos propósitos más materialistas que otros, pero al final de cuentas cada quien con sus propósitos.
El balance del 2015 nos deja a los mexicanos con cara de ¿what? Entre los desatinos de nuestro Presidente, los escándalos, la súper fuga del Chapo y el retiro de Chabelo, solo nos queda decir que esta cuesta de enero del 2013 se nos está haciendo eterna…
Ya sé que no es tan reconfortante, pero les dejo un abrazo y mis mejores deseos para este año esperando se cumplan sus propósitos y que, como los míos, se apeguen a su realidad o a su locura.
Feliz año y hasta la próxima.