bloggeralfonsotames · 12 de abril de 2011
Siendo peatón, sabes que eres el eslabón más insignificante de la cadena alimenticia urbana en el momento que al cruzar la calle con una carriola, un taxista te pasa zumbando a toda velocidad mientras te grita “¡quítate huevón!”.
En Polanco, en la Ciudad de México, cuando los automóviles no están completamente parados por el tráfico, cruzan la colonia como si estuvieran en el periférico (por supuesto más rápido que en el 2º piso donde la velocidad está controlada por radar). Para esto tienen dos avenidas primarias (Reforma y Ejército Nacional) y tres secundarias (Mazaryk, Horacio y Homero) que a menudo sirven de vías rápidas para cruzar la colonia.
A mi vecino Jonathan Berner (27 años) lo mató una mujer que en 2010 circulaba a exceso de velocidad en la lateral de Ejército Nacional y Alejandro Dumas. En 2007, un auto que invadió el parque-vía de Horacio mató a mi vecina Gloria Contreras (50 años) y a dos de sus amigas mientras hacían ejercicio. El conductor -un estudiante de medicina de la Universidad Anáhuac- se apuraba para llegar a clases cuando un camión le salió al paso.
Es común ver atropellados en Polanco, hace dos o tres meses me tope con esta escena en Julio Verne y Luis G Urbina, junto al parque Lincoln. El paso peatonal, despintado, sirvió de poco para evitar que lo embistiera un coche:

Según números del Centro Nacional de Prevención de Accidentes, del 2000 al 2010 murieron en México ni más ni menos que 50,000 personas atropelladas de las cuales 8 mil 500 eran niños. Del total, 6 mil 500 ocurrieron en la Ciudad de México.
No se requiere de mucha velocidad para matar. A 60km/h la probabilidad de que un peatón sobreviva un accidente de tránsito es menor a 5%. En cambio, el 95% de los atropellados a 30km/h sobrevive.

Además de matar peatones, la velocidad también mata las comunidades. Donald Appleyard -el célebre profesor de Diseño Urbano de la universidad de Berkeley y que paradójicamente muriera atropellado- lo explica brillantemente en su libro Livable Streets. Appleyard encontró que la velocidad en las calles que atraviesan barrios y zonas habitacionales puede inhibir la generación de comunidad. A más velocidad en la calle, menos interacción social de los habitantes y menor dominio del espacio urbano:
Revisiting Donald Appleyard’s Livable Streets from Streetfilms on Vimeo.
Regular la velocidad en las calles va más allá de proteger al transeúnte, se trata de proveer los requerimientos mínimos para generar comunidad y seguridad. Un espacio urbano habitado es un espacio seguro.
Después de 10 años de gobiernos de izquierda, la Ciudad de México ha visto que se haga poco o nada por la causa del peatón. Quizá lo más destacado fue la invitación que hiciera Andrés Manuel López Obrador a caminar por los segundos pisos del periférico para celebrar su apertura. Esta mala broma pasará a la historia como una de las burlas más crueles en la historia del urbanismo. El gobierno de “primero los pobres” los invitó a ver por primera y última vez su elefante blanco.
La desigualdad urbana de la Ciudad de México es intolerable. No hay continuidad peatonal en la ciudad, los centros de barrio están aislados entre sí, las banquetas están invadidas por el comercio informal o de plano no existen.
Si seguimos haciendo de la vida peatonal una vida miserable, menos atractivo será vivir en la ciudad y habrá más incentivos para escapar a los suburbios y depender más del coche.
Alfonso Tamés
Twitter: @alfonsotames
Huevo de Pascua. Juegue un poco de Frogger para sensibilizarse con el peatón: