Quino

blogeditor · 2 de octubre de 2020

“…Y que nunca, nunca, seamos el jamón del sándwich internacional”.

Mafalda, rezando antes de dormir.

 

Pese a que dejó de publicarla a inicios de los años setenta del siglo pasado, la tira de Mafalda, el entrañable personaje de raigambre estrictamente latinoamericana y personalidad universal que creó el grande Quino, luce hoy tan fresca e ingeniosa como el día de su aparición en 1964. Gracias a ella, su creador consiguió pasar a la historia del humor gráfico y a la vez convertir cada uno de los personajes que creó en patrimonio absoluto del subconsciente regional y símbolos de una realidad política y social que, pese haber cambiado, en el fondo no ha cambiado nada.

Recién el año pasado durante la FILIJ llevada a cabo en el Centro Nacional de las Artes, Daniel Divinsky —dueño de la mítica Ediciones de la Flor y editor de Mafalda, al frente de los volúmenes de formato apaisado que llevaron las tiras a venderse por millones en todo el continente e incluso Europa— confesaba a un reducido grupo de quienes lo escuchábamos informalmente antes de la charla que dirigió a un grupo de editores mexicanos, que el fenómeno Mafalda lo avasallaba y a menudo le hacía sentir inscrito de rebote en algo muy, muy grande. Divinsky sonreía cada vez que alguien le acercaba cualquier libro de Quino para que lo firmara y en repetidas ocasiones se manifestó divertido de que la gente lo tomara en cuenta como parte indisoluble de la exitosa carrera editorial de Mafalda que, al final, el legendario editor atribuía no a otra cosa que al genio máximo de Quino, garante de la articulación ideológica y profundamente humana de su protagonista y de la cauda de espléndidos personajes que la acompañaron durante una década de publicaciones en su editorial, independientemente de los volúmenes publicados por la Flor para dar salida a las desternillantes ideas de Quino más allá de su creación principal. No olvidar los libros que el autor produjo, por decirlo de alguna manera, off-Mafalda: “A mí no me grite”, “Hombres de bolsillo”, “Quinoterapia”, “Potentes, prepotentes e impotentes”, “¡Qué mala es la gente!” y un larguísimo y brillante etcétera.

Con la lamentable muerte de Quino, llorada por millones (millones, en verdad), su trabajo más célebre se convierte ahora en un cúmulo de tiras legendarias que harán lo suyo en las décadas por venir, enfrentadas a nuevos lectores que seguramente las hallarán idénticamente graciosas y sabias. En época de redes sociales, es una pena constatar que los dibujos de Mafalda son ahora, en innumerables ocasiones, acompañados por chistes facilones o frases de filosofía barata que alguien pega en cualquier computadora y que nada tienen que ver con el ingenio de la historia original. Pero afortunadamente quedan ahí los libros: doce tomos que describen el mundo entero en clave Mafalda, la más grande filósofa y la más adorable activista social.

Quino se fue, pero queda para el largo futuro concedido a las obras maestras, el ingenio inmortal de Mafalda.

@elimonpartido