blogeditor · 7 de mayo de 2019
Es difícil entender cómo el mundo no está concentrando su atención en los efectos que ha tenido el cambio climático en los últimos años. Indiscutiblemente, esta problemática no es una prioridad en la agenda nacional; tampoco domina los titulares de los diarios o de las redes sociales, las cuales son un insumo clave para mantenernos actualizados las 24 horas, durante los siete días de la semana.
Es una realidad que nuestra sociedad enfrenta muchos problemas de fondo como la corrupción política, la pobreza extrema y la inseguridad, la inquietante tendencia hacia la extrema derecha en los países europeos, el tráfico de personas, de drogas, de armas, de animales, el crecimiento de los refugiados que huyen de la violencia, de las sequías e inundaciones. La lista no acaba.
Sin embargo, lo que nos falta comprender un poco más, como sociedad, es que el cambio climático no solo va a amplificar y a complejizar las problemáticas anteriormente mencionadas, sino que representará una letal amenaza para la humanidad. Según la Organización Mundial de Meteorología de las Naciones Unidas (UN World Meteorological Organization), 14 de los 15 años más calientes registrados han sido desde el año 2000. Los huracanes son cada vez más intensos y destructivos; la temporada de 2017, ha sido la más costosa en la historia de Estados Unidos, dejando $202.6 miles de millones de dólares en daños materiales. Según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (National Hurricane Center), la energía ciclón acumulada, una medida para calibrar la potencia y duración de las tormentas, rompió un nuevo récord en septiembre del año pasado.
En la última década, la tasa de derretimiento en la Antártida, se ha triplicado; los glaciares están retrocediendo en todo el mundo al doble de la velocidad que hace apenas un siglo; se estima que para el 2030 perderemos el 70% de los corales del planeta, con consecuencias que aún no podemos dimensionar. Así mismo, en 2016, los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera llegaron a 400 PPM (partes por millón), lo cual es preocupante ya que la última vez que estuvieron en esos niveles fue hace más de tres millones de años.
El cambio climático es una crisis real. Sin embargo, no estamos hablando lo suficiente acerca de ello; específicamente, sobre maneras de cómo enfrentarlo. No le estamos creyendo al 97% de los científicos que llevan advirtiéndonos por años que es necesario actuar lo antes posible. La buena noticia es que la solución no está solo en manos de los gobiernos. La forma más efectiva de enfrentar esta amenaza depende de cada uno de nosotros. De nuestra parte, el reto se sustenta en transformar nuestros hábitos y poner en práctica los cambios necesarios para detener este problema que está poniendo en riesgo a nuestra supervivencia.
Algunos de los cambios necesarios son: disminuir o eliminar el consumo de productos animales (la agricultura animal es responsable del 18% del total de todas las emisiones); estar alerta a las empresas que no tengan políticas de reducción de emisiones o que sigan explotando combustibles fósiles, así como exigirle a nuestro gobierno, acciones concretas y reales para enfrentar esta crisis, entre muchos otros.
A pesar de los avances, campañas e iniciativas para darle voz a esta problemática, aún existen voceros, especialmente desde el escenario político, quienes niegan la existencia del cambio climático. Un claro ejemplo es el que se vive en la actual administración de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo. Este tipo de posturas me hace reflexionar en los tiempos en los que el mundo y sus líderes creían que la tierra era plana. A veces imagino a aquellos en el poder, haciendo caso omiso de las evidencias que probaban lo contrario y continuando con sus falsas creencias. La gran diferencia es que las consecuencias de seguir insistiendo en una tierra plana no ponían en riesgo el futuro de nuestra especie. Por el contrario, sí lo hace el hecho de que algunos líderes y empresarios de hoy utilizan sus plataformas para afirmar que no existe el cambio climático. La verdadera tragedia es que la humanidad está ocupada buscando maneras de acumular más riqueza, mientras el barco en el que navegamos, poco a poco y, cada vez más, se está hundiendo.
* Nicolás Ibargüen (@nibarguen) es un ambientalista ganador de dos premios Emmy por su trabajo como productor de documentales e historias en profundidad acerca de problemas ambientales, especies en vía de extinción y el cambio climático. Fue corresponsal y director de la unidad de medioambiente en Univision Miami. Actualmente, produce contenido independientemente y es socio de SmartFilms, el festival de cine que se realiza anualmente en México y en Colombia.