"Quehaceres y desasosiegos", un libro

Joel Aguirre · 17 de julio de 2026

"Quehaceres y desasosiegos", un libro

Por América Pacheco

Quehaceres y desasosiegos  (Editorial Gato Blanco), de la escritora, editora, bailarina y encuadernadora Bibiana Camacho, es un libro de horror doméstico, corporal y psicológico construido alrededor de mujeres y niñas que descubren que aquello que debía protegerlas es capaz de devorarlas.

La apuesta de ocho cuentos de Bibiana consiste en introducir lo fantástico dentro de escenarios completamente reconocibles: una vecindad, una casa de interés social, una oficina, una escuela pública, un departamento, el metro, un tianguis o una cocina familiar. El horror irrumpe desde los hábitos cotidianos, los objetos heredados, las obligaciones domésticas y los silencios familiares.

El título resume con elocuencia el proyecto del volumen. Los quehaceres pueden traducirse como las tareas materiales: cocinar, limpiar, empacar, cuidar niños, recoger una casa, reparar enchufes, ordenar ropa, y también aquello que las mujeres “debemos hacer” según los mandatos familiares y sociales. Los desasosiegos huelen a todo lo que esas tareas contienen y ocultan muy mal.

En estos cuentos, lo sobrenatural coadyuva con la violencia real y le proporciona un cuerpo doloroso y reconocible. Los monstruos que construye Bibiana Camacho llegan desde una fuente familiar, casi heredados, criados, reprimidos y alojados dentro de la casa. A veces adoptan la forma de una reliquia familiar; otras, de una madre, un hijo, un animal, un trabajador, un cuarto cerrado o una comunidad que promete refugio.

En casi todos los cuentos, la casa representa ese lugar donde se heredan secretos, se disciplinan cuerpos y se normalizan agresiones. La simpleza permea, porque no hay castillos góticos ni escenarios remotos. Encontramos habitaciones húmedas, cocinas, pasillos, tendederos, lavaderos comunitarios, departamentos de interés social y casas familiares. Esa proximidad —a mi criterio— vuelve más efectivo el horror.

Camacho trabaja con una forma de gótico doméstico mexicano. Lo siniestro aparece bajo aquello que resulta demasiado anecdótico y familiar.

Editorial Gato Blanco

Madres, hijas y abuelas constituyen el principal sistema de relaciones del libro

Los quehaceres de las ocho protagonistas simbolizan una forma de sometimiento. Las mujeres cuidan, vigilan, ordenan, cocinan o transforman vidas ajenas. Sus tareas nunca son neutrales. Sus deberes organizan jerarquías y determinan quién sirve, quién obedece, quién cuida y quién dispone del tiempo de los demás.

Madres, hijas y abuelas constituyen el principal sistema de relaciones del libro. Los hombres suelen estar ausentes, ser violentos o aparecer como presencias periféricas; sin embargo, las mujeres también participan en la conservación de los secretos familiares.

Es muy efectivo que el libro no idealice automáticamente la solidaridad femenina. Hay abuelas que protegen y entregan, madres que aman y niegan, comunidades que salvan y sacrifican. La autora entiende que las víctimas reproducen los mecanismos que las dañaron.

Embarazos suspendidos, menstruaciones sincronizadas, metamorfosis animales, envejecimientos súbitos, cicatrices, cuerpos mutilados y maternidades espectrales atraviesan el volumen.

Los cuentos hablan de horror social sin estructura de denuncia convencional y no adoptan la forma de relatos testimoniales ni de denuncia directa. El riesgo de este tipo de literatura consiste en utilizar la violencia real como simple decoración siniestra, pero Bibiana evita en buena medida ese problema porque la dimensión fantástica nace de la experiencia social de los personajes y evita colocarse encima como un efecto ornamental.

Uno de los mayores atributos del libro es la ambigüedad de los finales. Considero un acierto que evite cerrar por completo sus historias, colocando a elección del lector el final que mejor se ajuste a su trauma interno.

Editorial Gato Blanco

Un libro pensado alrededor de una misma pregunta

Esta indeterminación es una virtud que aprecio cada vez más en la literatura oscura. El lector no puede refugiarse en una explicación racional, pero tampoco puede entregar completamente el relato a lo sobrenatural.

El volumen tiene una unidad conceptual muy sólida, es un libro pensado alrededor de una misma pregunta: qué ocurre cuando los espacios y vínculos destinados al cuidado se convierten en sistemas de control.

La prosa es directa, contenida y visual. Bibiana trabaja con detalles concretos —olores, alimentos, ropa, humedad, heridas, objetos baratos, transportes públicos— y con diálogos de una oralidad mexicana reconocible. Su horror es más eficaz cuando permanece sobrio y deja que la escena cotidiana revele por sí misma su crueldad.

También vale la pena mencionar el diseño material de la edición. Las ilustraciones de Antora funcionan como umbrales visuales: anticipan cuerpos alterados, objetos amenazantes y relaciones de acecho sin explicar los relatos.

Lo más singular del libro es la delicadeza con la que se habla del miedo de nosotras las mujeres y la manera en la que muestra cómo el miedo organiza nuestra vida diaria. Determina qué puertas cerramos, a quienes cuidamos, qué recuerdos negamos, qué objetos decidimos conservar y qué precio pagamos por sentirnos un poco a salvo.

En los cuentos de Bibiana, las mujeres cocinan, limpian, empacan, reparan, cuidan y ordenan mientras, debajo de cada tarea, la oscuridad subyace. A veces es un recuerdo, a veces una criatura. El verdadero horror de Quehaceres y desasosiegos consiste en las maneras cotidianas en las que lo imposible es capaz de invadir nuestro interior con una tenaza imposible de desarmar.