Que viva Mójique

blogeditor · 2 de septiembre de 2013

Que viva Mójique

Shakespeare sienta sus reales en México, como Kafka, Swift o Lewis Carroll, quienes también hubiesen sido –dicen algunos- escritores costumbristas.

Dos de sus personajes centrales podrían definir la época posrevolucionaria que culmina con el salinismo y sus secuelas. El inglés Ricardo III, el rey inescrupuloso y deforme que no deja que ningún obstáculo se interponga en su camino, y el escocés Macbeth, protagonista de la célebre tragedia del mismo nombre.

Richard III, producido por la BBC

Now is the Winter of our Discontent, Made glorious Summer by the Son of York… Ahora es el invierno de nuestro descontento…

 

Macbeth, de Orson Welles

Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow, creeps in this petty pace from day to day / To the last Syllable or recorded Time… Mañana y mañana y mañana…

Son creaciones que no se detienen ante nada, hasta satisfacer sus patológicas ambiciones a cualquier costo. Hombres que recurren a todas las medidas a su alcance para alcanzar la Meta Final, y que no están fuera de lugar en nuestros tiempos.

Entramos, en la realidad del arte, a la lógica enrevesada de Alicia en el País de las Maravillas, donde derecha es izquierda y arriba, abajo; sólo que aquí es en vivo y a todo color, cortesía del Canal de las Estrellas y sus compañeras de viaje.

 

México, una Alicia colectiva detrás del espejo de la televisión. Cualquier semejanza con nuestra realidad no es mera coincidencia
México, una Alicia colectiva detrás del espejo de la televisión. Cualquier semejanza con nuestra realidad no es mera coincidencia

Versiones autóctonas abundan, y permanecen en el imaginario colectivo. Herederos de los caciques de horca y cuchillo como Gonzalo N. Santos (1897-1978), inmortalizado por su receta para imponer el orden en San Luis Potosí contra los enemigos políticos: Los  tres ‘ierros’: encierro, destierro o entierro; o bien por el dicho acuñado por él, de que la moral es un árbol que da moras, todo lo demás no sirve para una ch… Si bien es cierto que los tiempos han cambiado, las ansias de poder son las mismas.

Portada de las Memorias del ‘Alazán Tostado’. Aquí Santos con Plutarco Elías Calles, fundador de la Revolución Institucionalizada
Portada de las Memorias del ‘Alazán Tostado’. Aquí Santos con Plutarco Elías Calles, fundador de la Revolución Institucionalizada

Virreyes que heredaron las atribuciones de las Presidencias Imperiales de antaño y que replican en sus señoríos los peores excesos. Un regreso al pre-callismo: fuerza originaria centrípeta que pudo unir todos los elementos dispersos de la Revolución triunfante, para institucionalizarse. Pintorescos, perniciosos protagonistas de esta ópera bufa mezclada con filme gore autóctono en el que se ha convertido la vida en varios lugares de México. Los Duartes: Javier en Veracruz y César en Chihuahua; Roberto Borge en Quintana Roo. Tricolores de corazón al estilo Moreno Valle en Puebla, que se ostentan como opositores con la venia de las cúpulas de los otros partidos, pero que son en realidad demasiado fieles a sus orígenes. Una interminable lista de sátrapas que ostenta los nombres de Granier, Morera, Sabines, Ulises Ruiz, Fidel Herrera, Mario Marín. Políticos que propenden, sobre todo ahora que ser príista se ha puesto una vez más de moda, al santismo: sin llegar a los extremos del Rey del Gargaleote, pero con afán de obtener idénticos resultados.

Personajes reales, que dominan todos los ámbitos bajo su encargo: Poder Judicial, Derechos Humanos, elecciones, presupuestos… Funcionarios públicos que son empresarios lastrados por afanes excluyentes, que buscan abarcar todos los espacios disponibles y lo logran. Oligarcas que son polecías convertidos en gobernantes de facto.

Para vernos en el espejo y aquilatar la pérdida va otro ejemplo de regresión y brújula moral perdida, esta vez en Sudáfrica con la matanza de mineros el 16 de agosto del año pasado en Marikana: masacre alentada por el magnate Cyril Ramaphosa, uno de los principales arquitectos de la transición a la democracia electoral en ese país junto con Nelson Mandela y en la actualidad cuadro importantísimo del Congreso Nacional Africano o ANC. Sus correos previos al operativo policíaco demandaban acciones contundentes por parte del gobierno (él fue hasta hace poco accionista en Lonmin, dueña de la mina donde se llevaba a cabo la huelga que derivó en los trágicos acontecimientos). Señal evidente -como en Túnez y Egipto- de que los nuevos paradigmas ceden ante la restitución de modos, formas y protocolos profundamente autoritarios. Una masacre como en las peores épocas del Apartheid: Sharpeville (1960), o Soweto (1976).

SAFRICA-ANC-RAMAPHOSA

En el plano de la dramaturgia, este apetito desmedido por la destrucción se refleja también en otros personajes como Tamerlán o el protagonista de la Historia Trágica del Doctor Fausto, ideados por el dramaturgo y poeta Christopher Marlowe (1564-93): ilustre contemporáneo -en muchos sentidos antecesor de Shakespeare- a quienes el mundo, literalmente, les queda demasiado chico.

La Trágica Historia de la Vida y Muerte del Doctor Faustus
La Trágica Historia de la Vida y Muerte del Doctor Faustus

Se abusa, allá como aquí, de la doctrina del equivocation anglosajón: evasivas y falacias mencionadas en el texto de Macbeth y que explican, para el público de esa época, los motivos que llevaron al atentado contra el Parlamento en el Conspiración de la Pólvora o de Guy Fawkes en 1605. El doble discurso que resignifica cualquier cosa (democracia, solidaridad, la grandeza de nuestras instituciones) y que es utilizado por los políticos sin ética ni llenadera hasta la saciedad es, como antes, tema de todos los días.

¿Qué tienen que ver estos equívocos, prevaricatos, salidas falsas y teratologías con nuestro país? Que delatan a un México enfermo que no debería seguir estándolo. Nación facsímil, democracia sui generis; híbrido que merece mejor futuro. Desde la sociedad, no hay que dejar de buscarlo.

Colofón

En la Entropista de la semana pasada, identifiqué erróneamente al Héroe de la estación Balderas del Metro Esteban Cervantes como soldador. En realidad este gran ser humano se desempeñó como laminero, hasta el día de su muerte. Una disculpa por eso.