Redacción Animal Político · 8 de octubre de 2022
Este año, la marcha del 2 de octubre, aniversario de la masacre de Tlatelolco ocurrida en 1968, tuvo una particularidad. El contexto que se vive en el país hizo que dos luchas se abrazaran en las calles en un solo grito contra la impunidad militar y la creciente militarización. Esta vez, juntas marcharon las madres de personas desaparecidas en el contexto de la llamada “Guerra contra el Narco”, les estudiantes, organizaciones de la sociedad civil y sobrevivientes de la masacre del 2 de octubre.
Las exigencias eran verdad, justicia y no repetición, tan vigentes en 2022 como hace cinco décadas. Durante décadas las Doñas del Comité Eureka marchaban junto al Comité 68 exigiendo la presentación con vida de sus seres queridos desaparecidos por el Estado, hermanando sus luchas. Este domingo, volvieron las madres de personas desaparecidas a marchar junto al Comité 68. Las madres del colectivo Hasta Encontrarte llevaron la manta que días antes habían colgado de la Estela de Luz denunciando la impunidad militar de los últimos 16 años y los riesgos de la profundización de esta estrategia. El Comité 68 encabezó la marcha con una manta con la leyenda “¡JUSTICIA, YA! NO a la militarización, NO a la impunidad”. Dos colectivos en lucha, un mismo mensaje: no a la militarización.

La demanda se hace urgente cuando se está dictando el paso de la Guardia Nacional al Ejército y la permanencia de este en tareas de seguridad hasta 2028, contrario a las recomendaciones de personas expertas, grupos de trabajo y comités internacionales, organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales.

Con este panorama de fondo, vemos la conferencia matutina del presidente López Obrador del pasado 4 de octubre con suma preocupación. Ante lo revelado por #EjércitoEspía la mañanera se volvió una oda al Ejército, que ignora totalmente la experiencia de quienes han sufrido violaciones a sus derechos a manos de esta institución. El presidente, desde la máxima tribuna, dijo que el Ejército es bueno, nos ayuda, es pueblo uniformado. No solo eso, el ejército no espía (aunque use de manera ilegal malware para intervenir teléfonos), solo realiza “labores de inteligencia”.
Aún más grave, y algo en lo vale la pena detenerse, es la insistencia oficial de que el Ejército ha cometido violaciones a derechos humanos por el cumplimiento de una orden civil. Esta narrativa en Argentina se constituyó en la Ley de Obediencia Debida. Dicha ley dictaba que sólo quien había dado la orden de cometer violaciones a derechos humanos sería juzgado o castigado; mientras todas las personas que ejecutaron dicha instrucción serían eximidas de responsabilidad, pues estaban obligadas a obedecer. En Argentina, esta ley llevó a la impunidad a cientos de personas culpables de cometer violaciones a derechos humanos, pero garantizó que al menos las cúpulas militares que habían ordenado la represión fueran castigadas.
En el México de la supuesta 4ta Transformación, el Ejército a todos sus niveles es eximido a través del discurso presidencial que pretende cargar la responsabilidad a personas civiles, es decir, a los expresidentes que supuestamente dieron las órdenes y las fuerzas armadas se limitaron a ejecutar. Ello es, en los hechos, un cheque en blanco para que la opacidad y la impunidad militar sigan siendo la regla.
Fuente: UNAM.
Mientras el presidente siga “decretando” mediante su palabra que no hay masacres, que no hay violaciones a derechos humanos, que el Ejército no espía sino que “realiza labores de inteligencia”, la crisis de derechos humanos en la que está sumergida el país seguirá profundizándose. Como nos recuerda esta imagen de la gráfica del 68, no dejemos que nos gobiernen con tanques y discursos.
* María De Vecchi Gerli (@maria_devecchi) es Oficiala de Verdad y Memoria en ARTICLE 19, oficina para México y Centroamérica.