Que nadie se quede atrás

Redacción Animal Político · 9 de noviembre de 2022

Que nadie se quede atrás

A lo largo de la historia, diversos credos, instituciones y proyectos han reposado sobre una idea prosocial: que nadie se quede atrás. Una idea tan noble desluce cuando se la usa en el contexto de algo tan innecesario como la guerra y reluce cuando acompaña los esfuerzos de rescate en situaciones de emergencia. Ahora, que si de lo que hablamos es la educación pública, que nadie se quede atrás debería estar tallado en piedra en cada escuela de México y del mundo.

Esa reflexión ética no podría ser más oportuna. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), casi 829 mil estudiantes que estaban inscritos en primarias o secundarias públicas del país cuando inició la pandemia y se decidió cerrar todo, no se inscribieron para el ciclo escolar 2020-2021. Esto es catastrófico, pues alrededor de 571 mil son de secundaria, lo que según el CONEVAL y el INEGI representa 9.2 % de esa matrícula. Esto implica un retroceso de casi veinte años en la tasa neta de matriculación de este nivel educativo.

Alguien podría pensar que esta crisis sería resuelta con solo llegar a la nueva normalidad. Sin embargo, si comparamos la matrícula del ciclo escolar 2020-2021 con la del ciclo 2021-2022, observaremos que no sólo no se recuperó, sino que volvimos a perder estudiantes. En este trayecto, otras 216 mil niñas y niños de nivel primaria y casi 89 mil de secundaria quedaron fuera de las escuelas públicas de modalidad escolarizada. Si hacemos la cuenta desde educación inicial hasta educación media superior, el régimen público escolarizado dejó de captar a más de medio millón de estudiantes en el transcurso de un ciclo escolar.

Esta emergencia no sólo debería sumergirnos en la pesadumbre, sino convocarnos a la acción inmediata, eficaz y concertada. Sin embargo, como dimos a conocer en Mexicanos Primero, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2023 –que debe quedar aprobado a más tardar el 15 de noviembre— no contempla un solo centavo para la tarea urgentísima de ubicar a las y los estudiantes que no regresaron a los salones, saber por qué abandonaron la escuela y tenderle la mano a ellas, ellos y sus familias para que vuelvan a las aulas.

Esta miopía no podría ser más dañina. Un estudio comisionado por el Banco Interamericano de Desarrollo señala que, debido a la pérdida de aprendizajes, las niñas y niños latinoamericanos que hoy están en edad escolar –de seis a 18 años— de adultos van a tener ingresos alrededor de 11% más bajos que los que hubiesen tenido si no se hubieran enfrentado al aislamiento ocasionado por la pandemia, o bien, si en este regreso a las aulas, se les ofrece el apoyo y acompañamiento necesarios para la recuperación de aprendizajes. Y esta situación se da si nos referimos a la o el estudiante promedio; si dirigimos nuestra atención a la población estudiantil flotante, que bien podría estar entrando y saliendo del sistema educativo, las consecuencias para su futuro podrían ser, sencillamente, devastadoras.

Todo lo anterior no se ha dicho con el afán de ser pesimistas, sino por el contrario: es una arenga, un llamado a dar una lucha fundamental que comienza en exigir que se destinen recursos para hallar a las y los ausentes. Lo que está en juego en las escuelas del presente es el futuro económico del país, el bienestar de la sociedad mexicana en los próximos cincuenta años pero, sobre todo, el ejercicio del derecho a aprender en las escuelas de quienes hoy están bajo nuestro ciudado. A las niñas, a los niños no podemos fallarles. Por el futuro y por el presente, tenemos que asegurarnos de que nadie se quede atrás.

* Antonio Villalpando (@avillalpandoa) es investigador en Mexicanos Primero (@Mexicanos1o).