Maricela Rosales · 19 de septiembre de 2011
Realmente creo que algo esta mal en la mente de las mujeres, y voy a empezar por un escueto resumen: mi amiga se separó por decisión propia y ahora se arrepiente -o no sabe bien- pero llora desconsoladamente como si se hubiese arrepentido, pero no sabe bien, ella cree que fue lo mejor, pero no sabe bien por qué… no sabe bien. (¡¡¿?!!).
No sé como funciona, pero hay un lapso, un segundo, una milésima en la que nos sentimos Thelma y Louise y nos vamos directito al barranco y a la goma todo y ¡Viva La Adelita!. Todo sin ver el precipicio venidero, porque después de la caída, del golpe y porrazo, nos levantamos, nos limpiamos las lágrimas, y ahí esta, resplandeciente nuestra compasión, nuestra desolación, nuestro arrepentimiento.
Después de tomar la decisión más certera en toda la relación, separarnos, nos da la angustia, la nostalgia…ahora, yo me pregunto ¿por qué?. Y el por qué puede atribuirse -según yo- a varias cuestiones: porque no lo pensamos bien antes, porque somos tan impulsivas y no nos callamos a tiempo, porque no valoramos lo que teníamos al lado, porque extrañamos la cucharita, porque estamos pisando los 30 y el reloj biológico hace tic, tac…tic, tac.
Y acá empieza el inigualable momento de lo patético, el momento que nos sentimos estúpidamente confundidas: ¿ahora que voy a hacer sin él?, no creo que pueda volver a enamorarme, no voy a volver a enamorarme, no voy a tener hijos, siento que era el hombre de mi vida, es el hombre de mi vida, ¿hice bien?, jamás me van a hacer sentir lo que él me hacia sentir, nadie sabe lo que estoy sufriendo, creo que me voy a morir, es el hombre más bueno que conozco, ¿vamos a volver?, *jajájaja*, ok, no quiero reírme porque a mí me pasó, pero ¿qué esperamos, realmente, qué es lo que esperamos?.
Lo sacaste a empujones de tu vida, le dijiste que no entendía nada, que jamás tuvo la mas mínima intención de hacer crecer la pareja, que estabas harta de la rutina, que no soportabas sus convicciones acerca de no casarse, que nunca decía lo que le pasaba o que se pasaba de decirte las cosas, que no bajaba la taza del baño *sí, no se rían, pasa*.
Y según datos totalmente ciertos y “escalofriantes”…las relaciones se acaban *de parte de la mujer* porque: el 60% de las mujeres se engancharon con otro tipo o no saben bien bien si están enganchadas pero están, el 20% estaba confundida porque no sabe bien, el 10% estaba realmente podrida, harta, reventada del idiota que tenían al lado, y el otro 10% son bien bien abandonadas rotundamente de un momento a otro.
El grupo del sesenta por ciento es el que me gusta, porque estas mujeres una vez desplazadas de la obnubilación nueva (y tras haberse deshecho del macho que estaba casado/recién separado/o era mujeriego o tremendamente idiota y no lo sabíamos para nada), rápidamente se creen, nuevamente y a profundidad, ilusionadas de sus amorcitos, de su ositos, de su gordos, de sus pupis, de sus mumis, de su chuchis, etc.
Y bueno, no faltan las amigas, las adorables amigas que -este tema ya lo platiqué en otro post- tejen una complicadísima red de alianzas para hacernos desistir, y aconsejan diversión extrema, sexo ocasional, vacaciones insólitas, no pensar, y de verdad no pensar absolutamente nada, mientras te hablan pestes de tu ex, te dicen que era un absoluto idiota, que hiciste bien porque con esa cara su máxima aspiración y logro fuiste tú y se le acabó la fiesta, que ni se imagina lo que perdió, estás mujeres no se imaginan que la verdad hay un lapso un pequeñísimo lapso en que damos una lástima absoluta y creemos que esa lástima va a traer de vuelta a nuestros ex’s.
¡Ey! jamás volverá, lo dejaste, heriste su orgullo -que es lo peor que les puedes hacer- ellos no son dejados, dejan. O no volverán por que se engancharon con otra mujer que tiene 22 años y es de esa nueva generación de jovencitas -¡sí! ésas de las que tanto se habla en los cafés de las amigas- y a la cual no le haces sombra, pues tú ya no te coces al primer hervor…
Tú mientras estás sumergida en la mayor de tus desolaciones, y entonces comienzas a salir con cuanto mono se te pone por delante y al cual, desde la primera cita, le cuentas todo lo que te hizo sufrir ese méndigo de tu ex, un tip: no le expliques tanto de tantas cosas, no busques el hombre perfecto para después patearlo de tu vida arrepentida porque no lo es.
El verdadero amor, viene solo, no se va cuando lo echan ni viene cuando lloramos arrepentidas.
Es como si hicieras una venta de garaje y después quisieras de nuevo comprar tus cosas en otra venta de garaje.
Y ánimo, que para eso está la grandiosa frase “Que la chancla que yo tiro, no la vuelvo a levantar”.
Aquí les dejó este video del maestro Sabina, “Ruido” dedicada para todas aquellas que a veces con tanto ruido no escuchamos el final. Hasta la próxima…