Que la audacia cambie de lado: alianzas PRD y PAN

blogeditor · 7 de enero de 2016

Que la audacia cambie de lado: alianzas PRD y PAN

En 1989 Ernesto Ruffo Appel se convirtió en el primer ciudadano mexicano distinto del PRI en ganar una gubernatura. Once años tuvieron que pasar desde el primer triunfo de la oposición en una entidad para que en México se lograra la alternancia en la presidencia de la República en el año 2000, después de 71 años de sistema de partido único.

En julio del 2000 el triunfo de la oposición atentó contra la legitimidad del sistema de partido único: su promesa de prosperidad y de democracia. El PRI se sentó en el banquillo de los acusados repetidas veces pero nunca fue derrotado.

Es un hecho, el PRI sigue dominando la escena política. Al día de hoy el Partido Revolucionario Institucional gobierna a 71 millones de mexicanos y mexicanas en lo extenso de 21 gubernaturas (1). Parafraseando la frase de campaña de Bill Clinton sobre la causa estructural del estancamiento de las naciones: ¡es en las entidades, estúpido! de donde el priismo se nutre. Un “caldo de cultivo” idóneo para el corporativismo, el clientelismo, la opacidad, la corrupción y los negocios al cobijo del poder, la persecución y la impunidad. Y es que, mientras existan mexicanas y mexicanos dispuestos a tolerar en sus más próximas formas de organización político administrativas las plagas del viejo régimen, muy difícilmente se generará una oposición que castigue la permanencia de sus jinetes en el gobierno federal.

Después de 16 años de alternancia, en suma, el sistema se mantiene firme y en piloto automático; peor aún, el PRI anuncia el regreso en más de un sexenio que nos podría llevar al peor invierno político desde julio del año 2000. Esto no habla muy bien de sus adversarios: ¿qué pasó? y ¿qué se podría hacer?

Cierto es que hay voluntades políticas que favorecen la pervivencia de esta situación. En 1930, no fue necesaria una alianza formal del partido comunista alemán (KPD) y el partido nacional socialista obrero alemán (NSDAP) para favorecer el ascenso de este último como segunda fuerza política en la República de Weimar.

Fue suficiente la consigna de I. Stalin a los comunistas alemanes de no hacer alianza alguna entre izquierdas, principalmente con el partido socialdemócrata alemán (SPD), para que cada uno, en su valor electoral específico, compitiera y diera al NSDAP la victoria electoral necesaria; aún y con la amenaza en puerta del terror del nazismo. El resto del devenir termina en uno de los peores horrores de la historia moderna.

El ejemplo alemán muestra que la historia es un gran pedagoga de fuerzas centrífugas que al dispersarse ante una amenaza antidemocrática posibilitan su arribo, pero que al juntarse pueden interrumpir el ocaso de sus democracias, como el referéndum en Chile en 1988.

[contextly_sidebar id=”5lD38rgWXSlrcGWIS1sxm3bGhMH3lCfU”]El año pasado inició el llamado electoral a 2018, y bajo el modelo convencional de hacer política estamos en franca desventaja. Dos escenarios se vaticinan. El primero de ellos: si las fuerzas de oposición se dividen seguramente el PRI mantendrá sus 21 gubernaturas y recuperará varias más, lo cual será el anuncio de un largo invierno al que nadie está preparado. El segundo: el reto de generar alianzas tan amplias como sean posibles en las trece entidades con proceso electoral en 2016 (y tres en 2017), polarizar y acabar con la medusa de 21 cabezas. El PRI quedaría reducido rumbo 2018 a siete entidades de la República.

Desafortunadamente en el camino Morena y Movimiento Ciudadano, atentos a la consigna de Andrés Manuel López Obrador, procrastinarán; porque más importante que evitar el regreso del sistema de partido único es el aniquilamiento de otras fuerzas de izquierda y los réditos electorales en vísperas de una candidatura personal.

El llamado es a que la audacia cambie de lado: una derecha liberal (PAN) y una izquierda progresista (PRD) nos unamos al llamado de detener el regreso silencioso del viejo régimen.

Grandes causas nos motivan a hacerlo: quién no quisiera dar por terminado al priista gobernador en Chihuahua, César Duarte, que presuntamente rescata bancos propios a costa del dinero de todas y todos; el señalamiento de vínculos con el crimen organizado de ex funcionarios priistas en Tamaulipas; de 86 años de ininterrumpidos gobiernos priistas en Hidalgo, Durango y Veracruz y, en este último, la peor persecución pública a periodistas y ciudadanía en general propia de un régimen totalitario; al igual que al gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, a quien la ONU ha pedido se disculpe e indemnice por presuntamente torturar y tener 9 meses en prisión a un periodista, junto a una centena de razones más.

No sólo derrotemos electoralmente, pongamos insumos que no están dentro de la semántica priista. Propuestas que jamás se atreverían a realizar, una agenda de causas por delante: desnudemos el aparato de corrupción a través de mayor transparencia y rendición de cuentas; redireccionemos el presupuesto de todas y todos a combatir la desigualdad, lograr cero rechazados de las universidades públicas y acceso libre a internet, por ejemplo; transitar a democracias más participativas a través de consultas populares, revocación de mandato y presupuestos participativos.

El régimen no es obsequioso: propios y extraños tratarán de dinamitar cualquier posibilidad de realizar las alianzas. Prestemos atención: que se “descareten” quienes por interés particular quieren revivir un largo camino ominoso antes de ver la llegada de otro gobierno de oposición, y unámonos quienes de la historia podemos retomar el ejemplo de ceder un interés particular a la idea de construir mayorías que beneficien a la población.

Que más me gustaría escribir que es probable que cada partido político de oposición en desigualdad de condiciones pueda derrotar por sus propios medios la amenaza del regreso autoritario; ese no es el caso mexicano y, ante un estado de excepción, medidas excepcionales.

 

* Sergio Leyva Ramírez (@LeyvaSergio) es Secretario Nacional de Jóvenes del PRD.

 

 

(1) Aguascalientes, Campeche, Chihuahua, Chiapas, Coahuila, Colima, Durango, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas.