blogeditor · 10 de diciembre de 2015
En múltiples felicitaciones decembrinas se intercambian todo tipo de parabienes y buenos deseos. Entre ellos, uno de los más frecuentes es “¡que haya salud!”, muy asociado al anhelo de “un mejor año”. Conforme avanza la edad de quienes se felicitan así, la referencia a la salud se hace más frecuente.
La salud constituye un bien invaluable. Es la sustancia de la vida. En ocasiones extremas, perder la salud es perder la vida misma. Los problemas de salud siempre afectan la calidad de vida.
Con la transición demográfica que vivimos crece el número de personas en edades avanzadas en cantidad y proporción. En 2016 hay 12.3 millones de personas de 60 años y más. Para 2050 se estima habrá casi el triple: 32.1 millones. Sólo este dato revela la importancia que tendrá contar con buenos servicios de salud durante las próximas décadas.
Con los hábitos alimenticios, de consumo, de trabajo y ocio con poca actividad física, se vive una transición epidemiológica en la que se multiplican las “enfermedades no transmisibles” también conocidas como “crónico-degenerativas”, las más frecuentes y “famosas” son la Diabetes Mellitus (DM) y la Hipertensión Arterial (HTA), que constituyen dos de las principales causas de muerte entre población adulta.
Indicadores de la transición epidemiológica. OMENT
Estas son las enfermedades más comunes y crecientes que van a afectar la vida de millones de personas. Son las amenazas al buen deseo “que haya salud” y a un “feliz año nuevo”.
La Salud es un derecho humano esencial. Y por eso garantizar el acceso a servicios de salud de calidad es una de las principales obligaciones del Estado.
Y pese a mejoras y logros del pasado, todos los indicadores muestran el deterioro de la calidad de atención de los servicios de salud. Sólo los enlistamos de manera sintética, para retomar los más notorios. Se han presentado y explicado más en el Comunicado de anuncio de la Campaña Cero Listas de Espera y en el Primer Reporte Ciudadano sobre Calidad y Acceso Efectivo a la Salud:
Se requiere corregir este rumbo. No habrá “mejor año” 2016 ni en los años próximos, si no se logra una transformación de fondo en la calidad de atención del sistema público de salud.
Las autoridades no están tomando las medidas necesarias. De hecho, con el incremento sustancial de recursos, se ha transformado sustancialmente el perfil de las autoridades de salud.
Especialmente a nivel estatal, que maneja los recursos y tiene la responsabilidad de la prestación de los servicios, en los últimos 5 años, está dejando de ser un sistema de profesionales de la salud, con cuadros bien formados en salud pública, para convertirse cada vez más en una burocracia política y una red de influencias y complicidades, con fuertes tendencias al desarrollo de carreras políticas y claras señales de corrupción. Esto es muy grave.
Es el momento de la exigencia ciudadana. Se requiere un gran movimiento ciudadano, centrado en impulsar, exigir y apoyar la mejora sustancial y constante del sistema público de salud.
La relevancia del sistema público de salud obliga a unir a un conjunto amplio de organizaciones de la sociedad civil y plantear una agenda compartida. Se requiere ir más allá de la exigencia específica de cada organización de pacientes. También es necesario que las organizaciones de base, comunitarias, sociales, dedicadas a otras actividades, incorporen esta agenda en su quehacer. Esta es la ocasión propicia para articular esfuerzos de las organizaciones de mujeres, las que trabajan con infancia y las de adultos mayores. Y por supuesto, las organizaciones especializadas en salud y con enfoque académico deben aportar la evidencia y las propuestas para avanzar.
Al final del día, como bien dice la campaña de la AMIIF: Todos somos pacientes. Está en el interés personal y familiar lograr un sistema público de salud que sí funcione.
El sistema público de salud nos cuesta a todos y sus fallas generan costo económico, sufrimiento y dolor, enfermedad y muerte. Literalmente. No podemos aceptar que se convierta en botín político y fuente de corrupción.
Con plena conciencia de lo que implica, deseamos a todas las personas y especialmente a nuestros colegas de las organizaciones civiles: Feliz Año y ¡Que haya salud!
Esta será una de las agendas prioritarias de la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza los próximos años.