blogeditor · 19 de diciembre de 2020
Es imposible leer “Salvar el Fuego” de Guillermo Arriaga sin sentirse, por lo menos, incómodo. La novela obliga a cuestionarnos ¿qué tan buenos son los buenos y qué tan malos son los malos? ¿Por qué los buenos son buenos y los malos, malos? ¿Quiénes son “ellos”? ¿Quiénes somos “nosotros”? Y, ante el espejo de sus páginas, a reconocernos social y personalmente en nuestras complejidades y contradicciones.
“Este país se divide en dos: en los que tienen miedo y en los que tienen rabia.
Ustedes, burgueses, son los que tienen miedo.
Miedo de perder sus joyas, sus relojes caros, sus celulares.
Miedo a que violen a sus hijas.
Miedo a que secuestren a sus hijos.
Miedo a que los maten.
Viven presos de su miedo.
Encerrados en sus autos blindados, sus restaurantes, sus antros, sus estúpidos centros comerciales.
Atrincherados.
Aterrados.
Nosotros vivimos con rabia.
Siempre con rabia.
Nada poseemos.
Nuestras hijas nacen violadas.
Nuestros hijos, secuestrados.
Nacemos sin vida, sin futuro, sin nada.
Pero somos libres porque no tenemos miedo”.
José Cuauhtémoc Huiztlic
Reo 29846-8
Sentencia: 50 años por homicidio múltiple.
Salvar el fuego es una novela que parte de la soledad de la riqueza y el abandono de la pobreza. La lucha de clases a la que llamamos delincuencia tiene explicaciones y consecuencias mucho más complejas de las que queremos ver: “Nos sobra mundo pero nos falta calle”.
Y este libro nos lleva a la calle, pero sobre todo a la cárcel. Guillermo Arriaga da cuenta de cómo los muros no detienen la violencia, al contrario, la escalan. Tiene la capacidad de narrar la prisión como si él mismo hubiera estado ahí, con sus miserias y sus esperanzas, su corrupción y odios crónicos. “El absurdo sobre el absurdo” de lo que creemos justo.
Nos mete en una celda con el macho que hemos construido socialmente. El que tiene que proveer, ser valiente y no llorar. Al que lo maltrataron y le dieron armas desde niño y le enseñaron a pelear como única forma de defensa, pero que al mismo tiempo es frágil, tiene miedo y se enamora. Que toma el arma con la misma facilidad con la que su mano escribe textos de amor.
Nos (des)coloca en los contrastes: En la rabia pero también en la ternura, la carencia y el orgullo, la pasión y el tedio, pero sobre todo nos acerca a comprender la crueldad y el (sin) sentido de la violencia.
Esta novela trata de los encuentros improbables: de los buenos con los malos, de nosotros con ellos, de la realidad con la ficción y, en la improbabilidad, plantea la coincidencia como salida…como fuga.
Es una narrativa sobre lo humano, lo imperfecto, lo que hemos construido, lo que hay y, en esa misma narrativa, se encuentra la posibilidad de que los otros importen y la confianza en lo que resurja del fuego.
Ojalá que este fin de año se den esta lectura de regalo. Les aseguro que les contagiará de una curiosidad vital de principio a fin. Con esta novela, Guillermo Arriaga ganó el premio Alfaguara 2020, pero estoy convencida de que ganó mucho más: la posibilidad de que cada vez más personas se pregunten ¿qué hay que salvar?