¡Qué (falta de) cool…tura!

blogeditor · 12 de marzo de 2012


Por: Diego Gómez Pickering*

 

“Qué cultura, qué cultura va a tener, un indio chumeca como Lorenzo Morales. Qué cultura va a tener si nació en los cardenales” reza una famosa canción de vallenato de nombre La gota fría compuesta en 1938 por Emiliano Zuleta, uno de los pilares de esa pegajosa y condimentada música folclórica colombiana, y catapultada al oído mundial por el cantante Carlos Vives en los años noventa del siglo pasado. La canción hace referencia a la añeja rivalidad que Zuleta siempre sostuvo con el Morales del coro, derivada de la maestría de ambos con el acordeón y las notas de la citada corriente musical. Al componer la canción, Zuleta pretendió minimizar las credenciales de su rival atañéndole adjetivos que ponían en entredicho la validez de su poder creativo frente a los ojos (y los oídos) de la sociedad de la Guajira colombiana de la época. La canción trascendió su competencia melódica y sus tiempos, sin dejar en claro quién era mejor cuando de vallenato se trataba pero fijando en el inconsciente colectivo un equivocado concepto de la valía de la cultura y de la creación.

En el México de hoy, tan lejano geográficamente de Colombia (más de tres mil kilómetros separan a los dos países) pero tan cercano emocional y quizá coyunturalmente (la sangrienta lucha contra el crimen organizado repunta incluso en los temas que menos se le vinculan), la canción de Zuleta es más vigente que nunca antes. Y no habrá que malinterpretar semejante aseveración, cierto es que Carlos Vives lleva años sin pisar tierras aztecas (por no decir, de pegar con un éxito en la radio) pero no por ello el significado de la letra de su Gota fría deja de resonar en nuestros oídos y no necesariamente por la cadencia de sus estrofas. En el México de hoy, como en el de hace ya muchas décadas, el concepto y la percepción del término cultura, tal cual se entiende en la no por ello poco meritoria melodía de Zuleta, la cultura, contrario a lo que debería ser, se sufre mucho más de lo que se goza, sobre todo cuando se trata desde una perspectiva de política pública.

México no sólo es el país más grande e importante de habla hispana, sino también punta de lanza en la creación y la producción cultural de Iberoamérica; además se encuentra entre los primeros 20 países exportadores de productos culturales en el mundo. Nuestro país cuenta con 31 sitios inscritos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, 27 culturales y 4 naturales. Es el país del continente americano con mayor número de sitios inscritos en la citada lista y uno de los primeros diez a nivel mundial. Además, el país cuenta con siete tradiciones culturales inscritas en la lista del Patrimonio Oral e Inmaterial decretada por dicho organismo, entre las que destacan la música del mariachi, la cocina mexicana y las festividades indígenas del Día de Muertos. México es una nación pluricultural y multiétnica que posee una vasta y milenaria herencia cultural, un patrimonio material e inmaterial envidiable y un enorme potencial creativo.

En México la cultura representa el 6% del PIB; emplea directa e indirectamente a cerca de 3 millones de personas y es medio de sustento para 34 mil artistas y creadores y alrededor de 22 mil promotores y gestores de arte. Lo que es más, de acuerdo con el artículo 4° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, todos los mexicanos tenemos el derecho de libre acceso a bienes y servicios culturales. En resumidas cuentas, México es un referente cultural en todo el mundo y sin embargo,  a pesar de su indudable riqueza, historia y potencial, el país carece lastimosamente de una política cultural de Estado que se corresponda con dicha realidad. Una política que proteja no sólo su invaluable patrimonio sino también a sus ciudadanos; artistas, creadores y de a pie, en cuanto a su derecho a crear y a disfrutar de lo creado. Sin mayor dilación, México debe diseñar una política de largo plazo que  no responda a intereses partidistas y que permita la continuidad por encima de los programas de trabajo sexenales. Una política que reconozca a la cultura y al arte como ejes de acción tan necesarios para el desarrollo como la economía, la competitividad, la salud y el combate a la pobreza.

En México, la cultura, al igual que la política, la educación, las oportunidades y una larga lista de insostenibles etcéteras, sigue siendo una cuestión de élites. La acuciante necesidad de un acercamiento universal, ciudadano e integral a la cultura y a la creación se ha tornado en fecha reciente y como consecuencia de la lamentable situación por la que atraviesa el país y su cada vez más roto tejido social, en una cuestión primordial. Es indispensable dejar de lado la ceguera, la sordera y el mutismo frente a un panorama que se desborda de las manos.

El calendario maya señala al 2012 como una fecha de inflexión, los resultados arrojados de las urnas el primero de julio son, incluso antes de conocerse, señal irredimible de ese futuro adelantado. Muchas cosas han de definirse en este país que todo lo tiene pero hasta la fecha de nada se ha hecho, una de las primordiales, si queremos que eso cambie, será sin duda la cultura. En México tenemos que redefinir nuestra valoración y percepción de la cultura y de la creación como puntos fundamentales para construir un país más habitable. Tenemos que percibir e impulsar a la cultura como motor de desarrollo económico; como elemento de cohesión social, desarrollo humano y combate a la violencia; y como una herramienta indispensable de política exterior.

En México tenemos que reconocer que seamos indios chumecas o Morales todos, indistintamente, formamos parte de ese rico e incomparable, aunque poco valorado, universo cultural.

 

*Diego Gómez Pickering es maestro en Desarrollo Cultural por la Universidad de Columbia en Nueva York y tiene una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana y la Organización de Estados Iberoamericanos.