Redacción Animal Político · 2 de mayo de 2025
A partir de la primera implementación de la prueba educativa PISA (Programme for International Student Assessment) por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en el año 2000, una de las grandes revelaciones fue el buen resultado alcanzado por Finlandia. Ese año, el país nórdico obtuvo el primer lugar en el rubro de lectura, el área principal entre otras dos, matemáticas y ciencias. Posteriormente, en los años 2003, 2006 y 2009, obtendría el segundo, primero y tercer lugar en las correspondientes áreas principales, es decir, matemáticas, ciencias y lectura.
Sin embargo, en el año 2012 se presentaría un declive sorpresivo, en tanto desaparecería de los diez primeros lugares, descenso del que habría de recuperarse sólo provisionalmente para 2015 y 2018, con un quinto y séptimo lugar en ciencias y lectura, las dos áreas principales, respectivamente. Finalmente, para el año 2022 habría un nuevo descenso y salida de la élite de clasificados.

Como puede observarse en la gráfica superior, el cambio en el ranking de Finlandia en el área principal de PISA desde 2000, cuando se implementó la primera prueba, hasta 2022, la última prueba realizada, muestra un descenso notorio. Si bien en algunos años la posición lograda en el área principal fue menor a la conseguida en las otras dos áreas, el promedio y el puntaje total obtenido muestra la misma tendencia, pasando de hacerse con más de 550 puntos en 2006, a menos de 500 en 2022, siendo que la media de los países participantes es de 500 con una desviación estándar de 100 puntos; es decir, para la última prueba realizada, Finlandia se posicionó por debajo del promedio, como puede observarse en la siguiente gráfica.

Fueron los buenos resultados alcanzados en PISA de 2000 a 2009 los que le valieron a Finlandia una reputación que puso la mirada internacional sobre los esfuerzos que hasta ese momento había realizado en política educativa. Con la fama obtenida por esta nueva prueba, la presión no tardó en impulsar a los demás países a emular lo hecho por su homólogo nórdico, ya que las recompensas por dar con una buena clasificación, aunque indirectas, van desde la reputación internacional y el turismo educativo, hasta acuerdos de cooperación educativa con otros gobiernos e inversión de capital extranjero. Algunos de los más entusiastas que optaron no solo por tener al modelo finlandés como referente en la retórica, sino por adoptarlo estructuralmente, ya sea a nivel nacional o regional, fueron Chile, Canadá, Estados Unidos, Estonia, Escocia, Singapur y China, entre otros.
En 2019 México y Finlandia firmaron un acuerdo de cooperación educativa que incluyó intercambios de experiencias y talleres sobre metodologías finlandesas. El entonces secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, se reunió con el director de la Agencia Nacional de Educación de Finlandia, Olli-Pekka Heinonen, para acordar acciones como talleres en educación básica, diseño curricular y aprendizaje basado en proyectos. No es posible asegurar que esta cooperación haya ido más allá del carácter diplomático, no obstante que a partir de ese mismo año se han implementado algunas metodologías en la Nueva Escuela Mexicana (NEM) que tienen resonancias en el modelo finlandés. Entre éstas hallamos el aprendizaje situacional e integral de proyectos, abordado con un enfoque interdisciplinario, el cual tiene como referente al phenomenon-based-learning, que toma como punto de partida casos reales para el aprendizaje y la integración de saberes.
Este tipo de innovaciones son más comunes en el ámbito privado de la educación, ya que en la medida en que intentan diferenciarse de sus competidores en el mercado educativo, las escuelas privadas son más susceptibles a implementar mejoras basadas en modelos extranjeros para mejorar su calidad educativa y así captar más alumnos. Sin embargo, en términos generales, tanto en el caso de la educación pública como privada, no parece existir una tendencia homogénea y decidida a adoptar en sentido general el modelo finlandés, esto a pesar de figurar en el imaginario discursivo como el referente de un nuevo paradigma a seguir desde hace dos décadas.
A lo dicho por Moctezuma se encuentran, más cercanas en el tiempo, las declaraciones de la actual presidenta Claudia Sheinbaum, en ese entonces candidata a la primera magistratura del país: “[…] está demostrado, por ejemplo, que en Finlandia, con sistemas educativos distintos, tienen un nivel muy alto en la prueba PISA, pero no preparan a los jóvenes para la prueba PISA, que es distinto. Espero que se entienda la diferencia.”
En efecto, lo dicho por Sheinbaum Pardo aborda un punto que no hay que perder de vista: el hecho de que el núcleo formativo de los estudiantes finlandeses no pasa por la preparación de la prueba PISA, es decir, no es el objetivo al que se supedita su metodología para una consecuente rendición de cuentas cada tres años. A esto se suma otra cuestión de carácter central: el modelo finlandés es imitado por las razones equivocadas, esto es, según el mito extensamente difundido de que los buenos resultados de Finlandia en la prueba PISA de la década 2000-2010 se deben a su modelo educativo más reciente.
En su libro Real Finnish Lessons, y más detalladamente en una entrevista de 2018, el economista sueco Gabriel Heller Sahlgren, director del Center of Education Economics londinense, explica que el éxito en las pruebas no fue una consecuencia de las últimas reformas educativas, que empezaron a implementarse en la década de 1970, sino que se dio a pesar de ellas. Por el contrario, menciona, los tres factores que contribuyeron a ese éxito fueron las “[…] costumbres que cimentaron la importancia de la educación, un rápido crecimiento económico (tras la Segunda Guerra Mundial, dejando de ser una sociedad mayoritariamente agraria) que facilitó que los padres estuviesen mejor formados (lo que influye positivamente en los niños) y la retención de este método tradicional de educación, que no está muy de moda, son los tres ingredientes que produjeron sus buenos resultados a principios del siglo XXI”.
En realidad, continúa el investigador sueco, el descenso en los puntajes no se produjo a partir de 2009, sino mucho antes. La prueba TIMSS (Trends in International Mathematics and Science Study) muestra que, desde 1990, una década antes de que se implementara PISA, y hasta 2011 “[…] los alumnos de séptimo grado (13 años) bajaron 38 puntos, que equivalen a más de un año entero de escolarización”. De modo que los buenos resultados que eran avistados con optimismo a principios de la primera década del presente siglo, eran realmente la muestra de una transición educativa anterior con resultados a la baja. En concreto, la evidencia muestra que “la educación tradicional desaparece en Finlandia al mismo tiempo que bajan las notas”.
Paradójicamente, aquellas medidas que son elogiadas como las causantes del éxito del modelo nórdico en realidad son las responsables de producir lo contrario, el descenso en las pruebas. Un ejemplo de esto es la reducción de la jornada escolar, cambio al que se le atribuye una lógica de mejora del tipo “la calidad educativa mejora si los alumnos estudian y trabajan menos”. No obstante, lo cierto es que esto ha reducido el tiempo de lectura y, por lo tanto, la capacidad para comprender los textos, algo que el declive en los resultados de PISA a lo largo de dos décadas deja fuera de discusión.
Asimismo, la importancia de las pruebas estandarizadas, que han sido eliminadas tanto en Finlandia como en México, 1 radica en la posibilidad de tener indicadores educativos que, a su vez, puedan ser indicios de otras fortalezas y debilidades del estudiantado y del régimen educativo, así como de otros factores extraescolares que no siempre quedan de manifiesto, como la desigualdad social y cambios sustanciales en los hábitos de las familias que impactan en la recepción y adaptación de las escuelas. 2
En el panorama mexicano, la eliminación de estas pruebas no augura nada bueno para el año 2027, cuando se publiquen los resultados de la prueba PISA 2025, aplicada el pasado mes de abril, en la medida en que desde hace casi seis años no se tienen controles internos que permitan medir y diagnosticar el impacto de las reformas y las políticas educativas, principalmente la Nueva Escuela Mexicana. A la par, la adopción de las recomendaciones genéricas de la OCDE, las cuales no parten de las necesidades y de las problemáticas locales de cada país, sino de la adopción de competencias que permitan una incorporación eficiente a la demanda de mano de obra del mercado global, no parece ser el contrapeso indicado para suplir la falta de pruebas y mecanismos internos de medición.
En este sentido, buscar recetas milagrosas en otros países tras la impronta dejada por cada prueba PISA puede ser, como indican Gabriel Heller y Anna Paula Herrera Kivinen, el camino a la perdición, en tanto existen rasgos de cada país que son la consecuencia de un entramado de variables no extrapolables. Por lo pronto, habrá que limitar la observación de las buenas prácticas educativas a eso, a aprender de ellas, cuando no a imitarlas ciegamente por los despuntes que arrojan nuevos países cada tres años en las pruebas internacionales. Desde luego, estos puntajes muestran esfuerzos que, lejos de emprenderse unidireccional y tendenciosamente para sobresalir en el plano internacional publicitario de la OCDE, han vuelto la mirada hacia cuestiones estructurales que exceden el plano educativo y que, a la larga, podría decirse que, de manera casi accidental, se cosechan en resultados de este tipo.
Si algo podemos aprender del caso finlandés es precisamente que una prueba trianual muestra procesos sociales de una temporalidad mucho más extensa, que tarda décadas y hasta siglos en consolidarse o desmoronarse. Acudir al momento culminante de estos procesos para cantar victoria puede ser un error que cueste igual o más tiempo remediar y entender, en tanto implica renunciar al amor que se tiene por ese error, que hoy más que nunca se antepone a la verdad.
* Mauricio Aguilar Madrueño es maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM.
1 Este fue el caso de PLANEA, que sustituyó en 2015 a ENLACE, y que desapareció en 2019, al mismo tiempo que el Instituto Nacional de Evaluación para la Educación (INEE). Mientras que en el caso finlandés, a partir de la reforma de 1968 y en las décadas posteriores, hasta 1990, se fueron eliminando las pruebas de selección para el ingreso a secundaria, así como las pruebas locales que se aplicaban anualmente. La reforma provocó un giró centrado en la libertad del profesor para ajustar el contenido y el formato de las evaluaciones según el nivel, intereses, o antecedentes culturales de los estudiantes, de modo que su regulación no está centralizada y su impacto no tiene como implicación directa una clasificación o una sanción.
2 Así lo constata, por ejemplo, el efecto que tuvo la pandemia en la salud de los niños y adolescentes, así como en el uso de la tecnología.