¡Que buenos son los santos!

Redacción Animal Político · 25 de mayo de 2025

¡Que buenos son los santos!

El jesuita vasco Pedro María de Iraolagoitia (1922, Bilbao – 1995, Bilbao) escribe ¡Que buenos son los santos! (Ediciones Mensajero, Bilbao, 1966). El libro inicia con tres advertencias:

Primera advertencia: el autor quiere hacer constar que toda coincidencia entre los santos personajes que aparecen en esta obra y bastantes personas hoy existentes ha sido, efectivamente, pretendida.

Segunda advertencia: el autor espera poder añadir un capítulo que trate de usted, a la próxima edición de este libro.

Tercera advertencia: el autor confiesa que ha incurrido en omisiones lamentables. Aquí faltan santos. Y faltan porque, gracias a Dios, hay santos a barullo. Ya dice el Apocalipsis que son un gentío que nadie podía contar.

El autor sabe que va a recibir cartas llenas de santa indignación, en las que se le increpará por no haber puesto, por ejemplo, a San Emeterio, que es un santo de calibre, si los hay, y además, patrono del pueblo del que escribe la carta. Sepa el amable comunicante que, el autor, al leer su carta, se pondrá colorado hasta la raíz del pelo, le pedirá perdón y luego gritará con todas sus fuerzas: ¡Viva San Emeterio!

Pedro María de Iraolagoitia, que publicó una abundante obra enfocada a promover y fomentar la vida interior de las personas, estructura el libro en 28 “biografías” de santos de la calle. Los títulos de estas dan una idea del contenido de la obra: San Antón, un santo con toda la barba; San Dimas, el buen ladrón; Las tres Verónicas; Si Herodes no hubiera matado a los Inocentes; Todos los santos; San López, patrono del hombre de la calle y Apóstoles, F. C.

Le siguen: Sermón de San Roque; Está entre nosotros el santo Job; María Cleofé; Querido San José;  ¿Qué sabe usted acerca de San Cristóbal?; San Matías, el apóstol “reserva”; El valeroso San José de Arimatea; Las cadenas de San Pedro; Santa “Gente de la calle”; El dragón de San Jorge y otros dragones; Dos epístolas apócrifas de San Pablo; Las hogueras de San Juan;  San Vicente se hace galeote; Vida de San Usted mismo; Santa Rita abogada de los imposibles; Melchor se va al Oeste; San Veintinueve; Más florecillas de San Francisco; San Martín da la mitad de su capa; SanX %; Todos los Santos son muchos santos y Los misterios de la santa vida de Doña Rosario.

Este escritor jesuita, con humor y de una manera muy ágil, como lo hace en todas sus obras -algunas grandes best seller que al día de hoy se siguen publicando- aborda la vida espiritual que se hace presente en la cotidianidad y no en algún momento especial. En su versión las y los santos son personajes de la calle como todos nosotros y como los que están en los altares nosotros también podemos ser santos.

Portada del libro ¡Que buenos son los santos!
de Pedro María de Iraolagoitia

¡Que buenos son los santos!

Pedro María de Iraolagoitia

Ediciones Mensajero

Bilbao, 1966

pp. 234

@RubenAguilar