blogeditor · 12 de diciembre de 2020
Podemos definir capacidad de manera amplia como la habilidad de realizar ciertas tareas o actividades apropiadas de manera efectiva, eficiente y sustentable. En el caso del monitoreo y la evaluación (M&E), el Banco Interamericano de Desarrollo ha identificado las siguientes actividades que son clave para consolidar los sistemas de M&E: planificación orientada a resultados, presupuesto por resultados, gestión financiera pública, gestión de programas y proyectos, y sistemas de seguimiento y evaluación.
Esto significa que, como primer aspecto a tomar en cuenta, el desarrollo de capacidades de evaluación debe realizarse con miras al ciclo completo de la planeación-presupuestación-ejecución-seguimiento-evaluación, no de manera asilada a la última etapa. Es decir, se requiere de un enfoque integral que considere, por ejemplo, que en la etapa de planeación o diseño de programas e intervenciones es necesario hacer un análisis de evaluabilidad de las mismas, de manera que, tras su implementación, sea posible identificar sus resultados y efectos a partir de información de calidad y de metodologías robustas. En este sentido, durante la fase mencionada se pueden plantear y resolver preguntas como: ¿se tiene claridad sobre lo que se quiere lograr con la evaluación?; ¿hay acuerdo sobre qué se quiere evaluar?; ¿el programa tiene definidos sus objetivos y resultados esperados (teoría de cambio)?; ¿el programa tiene capacidad de ofrecer los datos necesarios para la evaluación? (ej. informes de avances, bases de datos, padrones de beneficiarios, líneas de base, etc.); ¿los objetivos de la evaluación son compartidos por los responsables del programa?; ¿existen las condiciones políticas, económicas y/o sociales adecuadas para conducir el ejercicio?, y ¿se tienen recursos suficientes asignados para realizar la evaluación?
En segundo lugar, un elemento clave es clarificar, de manera participativa, el uso o usos que se dará a los diferentes ejercicios de evaluación. Esto significa que el desarrollo de capacidades técnicas no llevará a mejores políticas e intervenciones si no se logra que aquellos que tienen la autoridad para introducir cambios no consideran que los productos generados por los evaluadores sean valiosos. Si bien la rendición de cuentas es un elemento fundamental de la función de seguimiento y evaluación, la probabilidad de que los datos aportados contribuyan a una mejor toma de decisiones, a mejores diseños de las intervenciones y a una asignación mejor del gasto, aumentará si se involucra a los responsables de operar dichos programas y si se incluyen sus necesidades de información como parte de las preguntas de evaluación; también debe tomarse en cuenta la forma que se seleccione para presentar los hallazgos de las evaluaciones. Asimismo, es necesario desarrollar capacidades para difundir las lecciones aprendidas, para lograr acuerdos sobre aspectos a mejorar las políticas o programas, y para dar seguimiento al cumplimiento de dichos compromisos.
El tercer aspecto para tomar en cuenta es que el desarrollo de capacidades de evaluación tiene aspectos tanto individuales como organizativos, en la medida en que lo que se busca es crear y sostener los procesos que permiten producir –de manera rutinaria– evaluaciones de calidad que son utilizadas. Es decir, lo que se busca es lograr una práctica evaluativa sostenible. Esto es importante porque los productos de capacitación o sensibilización que se ofrezcan van a encontrarse con normas, regulaciones, rutinas informales, actitudes, etc. que pueden amplificar sus efectos o constituirse en obstáculos para lograr el objetivo mencionado. Por esta razón, es necesario abordar el desarrollo de capacidades de evaluación desde diferentes aproximaciones, a nivel individual, organizativo y programático, de manera que se aumente la probabilidad de que las habilidades y los conocimientos técnicos puedan ser transferidos de manera efectiva al trabajo cotidiano de las y los participantes en las actividades de capacitación.
Finalmente, el diseño de los materiales y las sesiones de desarrollo de capacidades debe considerar los diferentes estilos de aprendizaje que pueden mostrar las personas, de manera que los mensajes y las habilidades sean mejor asimiladas por las y los participantes, aumentando la probabilidad de que las transfieran a su lugar de trabajo. Así, una estrategia de construcción de capacidades que combine la exposición de aspectos teóricos, la presentación de casos o ejemplos, el desarrollo de guías paso a paso, etc. pueden generar mayor interés en un grupo diverso de personas para lograr los resultados esperados.
* Ernesto Velasco Sánchez (@ernestovelasco) es Investigador asociado GIGAPP.