blogeditor · 26 de abril de 2017
Por: Irma López López
Habremos avanzado un poco más en términos morales cuando nuestra compasión se haya extendido hacia otras formas de vida, o toda la vida en general.
Charles Darwin
El título de este texto –que es además el inicio de una canción de Chava Flores (La Taquiza)- alude a uno de mis gustos gastronómicos: los tacos; sin embargo, al pensar en tacos invariablemente entra a escena la carne.
Comemos carne -sin pensar demasiado en su origen– como lo hacen en muchos otros países, a excepción de algunas regiones donde no lo hacen por motivos religiosos; yo aprendí a comer carne desde niña y la disfruté ampliamente antes de empezar a tener un atisbo de la grotesca manera en que se realiza la crianza, transporte y muerte de los animales.
Pidiendo prestadas algunas líneas a Fernando del Paso de su Palinuro de México, en el que se refiere al acto de hacer el amor, diré que yo he comido carne –como muchos otros-,
“compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente. Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, (comíamos carne) diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, (comíamos carne) invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, (comíamos carne) igualmente. Por últimos los domingos (comíamos carne) religiosamente… de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso… O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido[1].
Y dado que he comido carne con la conciencia sucia y con remordimientos y sin sentido, aquí expondré algunos argumentos éticos que me han llevado a cuestionarme hasta dónde pueden llegar mi gusto y tradición gastronómicas y más recientemente, mi deseo de no alimentarme de animales.
Se pregunta Peter Singer, un filósofo utilitarista australiano y autor de un emblemático libro, La liberación animal: “en términos morales ¿es perfectamente correcto, matar animales no humanos”?[2] Y me siento interpelada fuertemente.
El utilitarismo es una teoría ética que se fundamenta en el principio de utilidad mediante el cual se busca lograr el mayor bienestar posible para la mayor cantidad de individuos. Expresa ese principio como la intención no sólo de no causar dolor o sufrimiento, sino como la búsqueda consciente de su bienestar.
Se ha reconocido formalmente la condición de sintiencia (capacidad de sentir placer y dolor) en los animales que poseen un sistema nervioso central al igual que nosotros. Se les ha reconocido también como pacientes morales, ante los cuales nosotros tenemos obligaciones, pues nosotros somos agentes morales y podemos responder por nuestros actos y, por lo tanto, nos corresponde brindarles o procurar su bienestar.
Y si pensamos ahora en el imperativo categórico kantiano, me parece prácticamente ineludible dar un salto cuántico para ampliarlo hacia los animales: “el hombre, y en general todo ser racional, existe como un fin en sí mismo, no solo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad”[3]. Esta es “la condición suprema limitativa de la libertad de las acciones”[4] para Kant, y lo que nos permite entonces regular nuestra conducta hacia los animales, como seres valiosos y como fines en sí mismos.
Tom Regan, filósofo estadounidense recientemente fallecido, apoyó la ampliación del imperativo categórico kantiano a los animales y en función de ese valor inherente planteó la existencia de derechos animales. Él decía que este derecho moral es atribuible a los animales porque “son sujetos de una vida, que es mejor o peor, pero con independencia lógica de si son valorados por alguien más o los encuentra útiles”.[5] Hoy en día podemos constatar que muchos humanos no son valorados simplemente por tener una vida. Pensamos por ejemplo en los migrantes que mueren diariamente en condiciones de desprecio y abandono en muchas partes del mundo.
Finalmente, por si todos estos argumentos no pesaran ya lo suficiente, tenemos a los exponentes en las teorías biocentristas, que con una visión más amplia hacia todo lo vivo, llámese individuo o ecosistema, defienden también su bien propio.
He querido esbozar algunas premisas básicas de las teorías bioéticas desde las cuales vale la pena reflexionar sobre la pertinencia de alimentarme de carne. Yo lo he hecho por largos periodos de mi vida (aunque no todos), solamente porque es más fácil no saber y no pensar…
Respondiendo al cuestionamiento básico de Peter Singer, concluyo que soy responsable moralmente frente a los que no se pueden defender; los animales, en este caso. Soy responsable de decidir qué hacer cuando los animales son usados como meros medios para satisfacer mi preferencias –que no necesidades-, alimenticias. Soy responsable no solo de buscar su máximo bienestar sino de evitar su estrés, dolor y sufrimiento innecesarios. Soy responsable de elegir y moderar mis alimentos y mis acciones para buscar el mayor bien y el menor dolor de los individuos y de sus comunidades naturales, para finalmente poder decir con muchos otros -espero- que ya no comemos…
…con el cuerpo limpio y la conciencia sucia…, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido.
Y si llevamos un paso más allá el afecto y simpatía a todo nuestro entorno, como una moral de la empatía[6], podría incluso decir, a la manera del poeta Enrique González Martínez, que…
…quitaría piadosa mis sandalias por no herir las piedras del camino.
* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.
Bibliografía
[1] Fernando Del Paso, Palinuro de México 2013.
[2] Peter Singer, Los caminos de la ética ambiental, 1998
[3] Kant, citado por Paulina Rivero Weber. 2015
[4] Ídem
[5] Tom Reagan. Los caminos de la ética ambiental, 1998
[6] Alejandro Herrera. Dilemas de bioética. 2007