Joel Aguirre · 29 de julio de 2026
Por Lucía Domínguez Miranda*
La derrota de la Selección de Argentina en la final de la Copa del Mundo 2026 alzó una oleada de acusaciones sobre “ser el país más racista del mundo” en contra de su población, especialmente en redes sociales.
Argentina no es homogénea ni unívoca. Sin embargo, el uso de políticas identitarias de los proyectos de gobernanza del siglo XXI, como las implementadas por la compañía transhumana Palantir, invisibiliza a las minorías raciales, de lengua, género o clase social.
En un contexto donde confluyen el avance de las ultraderechas en el continente, las polémicas del gobierno argentino y la reciente llegada de Peter Thiel a aquel país, el psicoanálisis es interpelado a cuestionar quién dice qué en esta narrativa.
Además de ser ampliamente reconocido en Argentina, es considerado una praxis que asume tareas de cuidado como alojar los sufrimientos psíquicos de una época o tratar aquello que el psicoanalista marroquí Thamy Ayouch, autor del libro La raza en el diván, describe como la función fundamental de la diferencia.
Los pueblos amerindios de Argentina ocupan, en el trumpismo latinoamericano de Javier Milei, la primera línea de las violencias simbólicas y reales. Acometidas al filo del colapso ante una de las crisis sociales más agudas que hayan tenido lugar, quizá se encuentren solo por debajo del horror de los centros clandestinos de detención de la última dictadura que recibió el Mundial de 1978.
En el apartado clínico, la práctica de un psicoanálisis emancipado asumiría la minuciosa labor de escuchar y dar cabida a la gama de opresiones y violencias encarnadas en aquellos cuerpos de la diversidad, que reactualizan la premisa freudiana del malestar en la cultura.
Thamy Ayouch recuerda en el libro Psicoanálisis e hibridez, que “la posición de minorización cultural o racial, si bien no produce sistemáticamente sufrimiento, articula un modo particular de relacionalidad dentro de relaciones de poder” de las que está advertida la escucha psicoanalítica.
Por otro lado, con frecuencia se olvida que la historia del futbol es rica en elaboraciones sobre su trascendencia política. A la cancha sale un jugador y su relato: desde Lamine Yamal hasta Lionel Messi.
A la par de la eliminación de las selecciones latinoamericanas, se contaba otra narración que llegaría a la final del mundial. Era la crónica de una alineación geopolítica que necesita afianzar el discurso de la argentinidad, más que nunca, en esa tendencia a lo homogéneo.
La reivindicación de afirmarse argentino hace consistir una identidad por interrogarse en psicoanálisis. Apunta a un imperativo que permite diluir otros temas concretos en agenda, como la polémica por la situación patrimonial del exjefe de gabinete Manuel Adorni o el Criptogate, también conocido como el caso $LIBRA: la promoción de una criptomoneda libertaria de la que Javier Milei se benefició como presidente.
El psicoanálisis sostiene la premisa de leer aquello que antecede al sujeto para situar su lugar en la cadena significante. Es decir, descifrar qué acontecimientos marcan la vida cotidiana de un “Yo” cuya agencia no gobierna en su propia casa.
En ese sentido, un posible cuestionamiento sobre el lugar de Argentina en los señalamientos de racismo permitiría trazar el largo recorrido de la normalización del discurso supremacista y colonial en su territorio. En otras aristas, permitiría ubicar la simpatía de Javier Milei por Benjamín Netanyahu, o sus recientes declaraciones como el presidente más sionista.
La albiceleste avanzó a la final del Mundial impune en algunas jugadas. Escudriñó, salió a matar, como dice el refrán. Ese modo popularizado de lo argentino que engloba mostrarse superior o infalible subraya la valía del discurso psicoanalítico, que siempre se opuso a la idea de un Amo, cernido al menos a dos movimientos particulares: saber perder y permitir que algo falte.
El psicoanálisis permitiría distinguir entre las acusaciones de racismo y el lugar que este ocupa en la legitimación de las líneas discursivas de la ultraderecha; lo mismo que diferenciar si los señalamientos van dirigidos al pueblo argentino heredero de la afición futbolística o a quienes afirman un supremacismo racial.♦
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*Lucía Domínguez Miranda (Hidalgo, 1987) es licenciada en Comunicación y maestra en Teoría Psicoanalítica e investigadora y practicante de psicoanálisis en Ciudad de México. Ha colaborado en diversas publicaciones colectivas y festivales de cine; se interesa por la escritura decolonial, el posthumanismo crítico y los estudios del cuerpo. Redes: @xitlalium