blogeditor · 6 de diciembre de 2013
Por: Mexicanos Primero (@Mexicanos1o)
El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) tiene como base un examen que ayuda a identificar si los estudiantes de 15 años cuentan con conocimientos y habilidades relevantes para participar activa y plenamente en su mundo y su tiempo en las áreas de matemáticas, comprensión lectora y pensamiento científico.
Los resultados en la ronda de PISA 2012 revelan que México se ubica en el lugar 34 de 34 países de la OCDE y en el 53 de las 65 naciones participantes. Dan cuenta que no sólo no avanzamos más o al mismo ritmo que el mundo, sino que incluso dimos pasos para atrás respecto de 2009. Reflejan que 8 de cada 10 jóvenes mexicanos no cuentan con las habilidades mínimas elementales en matemáticas: están reprobados o pasan de panzazo; que únicamente el 0.1% de los estudiantes mexicanos tiene nivel de excelencia en ciencias y que, al paso que vamos, nos llevaría 64 años alcanzar al mejor sistema educativo en matemáticas y 149 años al mejor en ciencias.
Los datos de la prueba no sólo ofrecen una comparación entre diferentes países o dan un diagnóstico sobre el nivel que tienen nuestros jóvenes para aplicar sus conocimientos a problemas de la vida cotidiana. PISA también revela las actitudes de los adultos acerca del proceso educativo; plantea qué tan relevante es la experiencia escolar; favorece el reajuste e innovación de políticas públicas, y ayuda a centrar la conversación en los resultados de aprendizaje de los estudiantes para que, a partir de ello, se revisen las prácticas para mejorarlos.
[contextly_sidebar id=”3c674f41975a977a738a6dc6168e6940″]PISA también puede ser usada por la ciudadanía como una herramienta para exigir rendición de cuentas. Es muy poderosa porque en cierto sentido su presentación es simple: permite comunicar si vamos avanzando o retrocediendo, si estamos mejor o peor que otros países. Es información al alcance de públicos no especializados que permite a la ciudadanía exigir que se establezcan responsabilidades ante estos resultados. También permite reflexionar sobre lo que se hizo y no funcionó y de lo que falta por hacer. Así la difusión de los resultados de la prueba es una buena oportunidad para ampliar la discusión sobre lo educativo en la esfera pública y para que las autoridades públicas responsables de dirigir e implementar la política educativa rindan cuentas sobre el estado de la educación.
Por ello, es inaceptable que los responsables de la educación minimicen la caída en la tendencia de los resultados; que no reaccionen con urgencia y que no haya compromisos de meta concretas. Peor que intenten explicar los resultados que tuvo México con descalificaciones como decir que la prueba no considera los contextos regionales, socioeconómicos o especiales de nuestro país. De hecho, los resultados de otros países nos muestran que sí hay movilidad educativa, que pueden tenerse mejoras sustantivas en el corto plazo, que nadie tiene que dejar su identidad ni cambiar de padres o haber crecimiento económico para tener un mejor aprendizaje. Todo ello no son fuerzas fatales que condicionen resultados. Tal es el caso de Vietnam que, con una octava parte de los ingresos promedio de los mexicanos, está 36 lugares arriba que nuestro país en matemáticas. O Kazajistán que en 2009 tenía un puntaje menor que México (405 vs 419) y tres años después ellos avanzaron 27 puntos y nosotros retrocedimos 5.
A su vez, PISA refuerza una vez más lo que ya sabíamos: privatizar la educación no es solución. Actualmente el 9 por ciento de los alumnos mexicanos asiste a escuelas privadas y, de acuerdo con el estudio, “después de tomar en cuenta las diferencias en el nivel socio-económico de los alumnos y las escuelas, los alumnos en escuelas privadas no obtienen mejores puntajes en PISA que sus pares que están en escuelas públicas”. Así que a las evidencias de diversos estudios que muestran que privatizar la educación favorece la segregación y aumentan la desigualdad (cosa que no necesitamos en México), se suma el hecho de que en estas escuelas tampoco se aprende más.
Entonces, ¿qué hacer con los resultados? PISA ofrece una oportunidad para impulsar la implementación y las siguientes fases de una reforma que ponga en el centro el aprendizaje de los niños. Al final del día, el derecho a la educación es el derecho a aprender, saber aprender, aprender a pensar. No podemos resignarnos a que a nuestros hijos les toque maravillarse de los avances y oportunidades de este siglo XXI, sabiendo que sólo pueden contemplar sus efectos en forma pasiva, y no que luchemos para que sean los protagonistas y los beneficiarios de lo que tiene para ofrecer el mundo contemporáneo. El mundo no nos va a esperar. Por ello debemos acelerar el paso y los gobernantes deben tener valor y congruencia para remover obstáculos que impiden poner a los niños primero. Se requiere innovación y audacia en las soluciones.
Debe empezarse por la implementación de una reforma que reconozca las capacidades profesionales de los maestros para su ingreso, promoción y permanencia en lugar de su trabajo electoral o sindical. Debemos avanzar en el concurso de plazas para maestros, directores y supervisores y en la evaluación universal obligatoria de docentes bajo criterios académicos y profesionales. Es indispensable iniciar una cruzada nacional para mejorar la formación inicial y continua de los maestros y dar certeza en los esquemas de su promoción horizontal. En suma, contar con un auténtico Servicio Profesional Docente.
Por su parte debemos exigir y conseguir que el gasto educativo sea más eficaz, equitativo, eficiente, transparente participativo y honesto. Entre 2006 y 2011 la Auditoría Superior de la Federación encontró irregularidades en el manejo del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica por 67 mil 715 millones de pesos. De esta cantidad sólo se ha devuelto al erario público el 15 por ciento. Tenemos que acabar con el mal gasto e invertir en la presencia e idoneidad de los maestros, en regenerar las relaciones y procesos de la comunidad educativa, en la mejora de las instalaciones y de la red de apoyo.
También debe mejorar el modelo pedagógico, otorgarle mayor autonomía a las escuelas y alentar la participación de los padres de familia. Debemos perseverar en la transparencia de los datos educativos y, especialmente, de los resultados de aprendizaje al no perder la continuidad de ENLACE, herramienta de los mexicanos que nos permite conocer información escuela por escuela, que ayuda a identificar tendencias para mejorar y corregir y que permite a la ciudadanía replicar en el nivel local el ejercicio de exigencia de rendición de cuentas que se hace al nivel país con PISA. Finalmente, es indispensable avanzar en la implementación de la reforma con un cumplimiento de la ley sin concesiones, sin simulaciones y sin excepciones.
Una educación de calidad no es un asunto exclusivo de competitividad y productividad, es uno de elemental justicia. México tendrá mejores posibilidades de tener justicia, igualdad y prosperidad el día que logre darle, con equidad, una educación de calidad a sus jóvenes. Ni un día antes, ni un día después. En tanto el mundo no nos va a esperar. Tenemos que acelerar el paso y hacer de lo educativo un asunto verdaderamente público, de todas y todos.