Las protestas que pueden cambiar el mundo

Joel Aguirre · 20 de octubre de 2026

Las protestas que pueden cambiar el mundo

Con cerdos, caballos, cuervos, ovejas y perros, George Orwell escribió, en 1945, una fábula satírica en la que narra la forma en la que estos animales de granja se rebelan contra su dueño humano en busca de libertad e igualdad. La lección final señala que la emancipación no se obtiene definitivamente mediante un único alzamiento; exige una resistencia continua ante cualquier abuso de autoridad, pues la concentración de poder tiende inevitablemente a someter a las masas.

En este 2026 regresaron las protestas. Esta vez al unísono desde las cucarachas de la India hasta los flamingos de Albania, de Mayotte a Bruselas, España y Francia, sin dejar atrás Argentina, Colombia y México. Resulta fascinante observar cómo comunidades alejadas por sus modelos institucionales, económicos y tradiciones sociopolíticas convergen hoy en métodos de protesta similares y exigencias verdaderamente afines. La diferencia de latitudes se ve compensada con la asombrosa coincidencia de las demandas.

Las demandas pueden categorizarse en cuatro ejes rectores: justicia económica y coste de vida; reproducción social y acceso a bienes básicos; futuro juvenil y movilidad social; y territorio, medioambiente y soberanía colectiva. El común divisor en estas manifestaciones son las juventudes sin futuro.

Es imposible desagregar las demandas; por ejemplo, la educación, es simultáneamente un servicio público, un mecanismo de movilidad social y a su vez una expectativa de futuro. La vivienda es un bien básico, pero también un activo patrimonial cuya distribución condiciona la desigualdad entre generaciones.

La movilización social germina en el momento en que los reveses cotidianos trascienden el ámbito privado para revelarse como el resultado directo de determinaciones institucionales y esquemas sistémicos comunes. Lo que lleva a un tema aún más interesante, el de la convergencia estructural, en donde sociedades distintas llegan a problemas parecidos, aunque hayan atravesado por procesos independientes entre sí.

LAS RESPUESTAS GUBERNAMENTALES

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo es la célebre frase con la que Karl Marx y Friedrich Engels iniciaron el Manifiesto del Partido Comunista. A estas alturas de la historia mundial habría que agregar que el fantasma del adelgazamiento del Estado está teniendo, nuevamente, estragos en diversas latitudes al mismo tiempo.  

Otro punto de conexión en estos casos es la similitud en las respuestas de los gobiernos de los países donde ocurren las protestas. Con al menos cuatro afinidades.

En primer lugar, la delimitación entre la movilización legítima y la violencia. Mandatarios como Macron, el presidente colombiano Abelardo de la Espriella o la cúpula belga trazan una frontera analítica entre el legítimo ejercicio de protesta y los brotes de violencia. Tal narrativa procura resguardar la estabilidad del orden público disociándose del compromiso explícito con las peticiones de las calles.

Dos. La apertura al diálogo desprovista de concesiones reales. Edi Rama convoca a la juventud estudiantil a las mesas de negociación mientras descarta categóricamente abandonar su cargo; paralelamente, Sheinbaum apuesta por la vía pacífica e interpela a las autoridades de Jalisco. De este modo, la interlocución formal opera como mero mecanismo institucional que no asegura una rendición ni resolución inmediata.

Tres. La disputa por la narrativa y el trasfondo de las manifestaciones. Mientras en Albania se argumenta que el descontento arriesga la convergencia con Europa, las administraciones de la India y el BJP enmarcan las desobediencias electorales como afrentas a la estabilidad. Simultáneamente, el debate en Madrid desvía su atención hacia la norma y vigencia del espacio público ocupado. Lo cual tiene como resultado el hecho de que la confrontación abandona el terreno exclusivo de las demandas iniciales para convertirse en un pulso decisivo por la representación legítima del sentir colectivo.

Cuatro. El desplazamiento competencial de la responsabilidad pública. En el escenario madrileño, las administraciones central y regional cruzan reproches sobre la emergencia habitacional y los asentamientos de protesta; a su vez, la presidencia mexicana traslada la fiscalización del operativo policial a los poderes estatales de Jalisco. Estas dinámicas evidencian fisuras entre estamentos de gobierno enfocadas en esquivar el desgaste político.

DERECHOS HUMANOS PRÉMIUM

El derecho al agua, la vivienda digna y la educación integran el mismo debate esencial: la problemática que emerge cuando los derechos fundamentales quedan supeditados al poder adquisitivo. Las causas de las inconformidades sociales tienen un par de décadas de ser estudiadas: la brecha de la desigualdad social, la corrupción y en estos casos, la acelerada mercantilización de la vida.

Sin embargo, a estos padecimientos endémicos del sistema habría que agregarle la uberización de la economía mundial que ha logrado desdibujar la figura del empleador, la regulación del Estado y que al mismo tiempo ha generado una forma de explotación autónoma, así como el empobrecimiento de muchas personas trabajadoras. 

Entender un derecho humano como si fuera una suscripción a una plataforma digital nos ha llevado, internacionalmente, al nacimiento de la clase social del precariado, que es de donde los jóvenes protestantes quieren escapar.

Por ello, en este contexto, la defensa de un derecho humano amplia, o al menos abre, la posibilidad de luchar por el resto. En otras palabras, exigirle al Estado que garantice que los derechos, ligados a los servicios públicos, se cumplan es en sí mismo la defensa y a su vez un ejercicio que fortalece la democracia.

¿La generación Z tendrá éxito en la defensa de sus demandas o serán cooptadas por la contrarrevolución institucional como pasó en las primaveras árabes?♦ 

Más sobre este blog